Cantar desde el guajiro

Conchita Torres_Foto del autor

El 5 de marzo es un día especial para la Diva de la música campesina en Matanzas porque en esa fecha arriba a otro aniversario de su natalicio Blanca Concepción Torres Delgado (Conchita Torres)…Nació en la ciudad, pero por las venas le corre un río de tonadas; en su voz uno escucha el canto del monte; el rumor del amanecer en la sabana. Nunca le ha interesado hacer otra cosa; y lo dice como una confesión de fe. Tuvimos el placer de conversar con ella en su casa, donde ha vivido toda la vida, donde aprendió a cantar la poesía del campo cubano.

Un buen café es el prólogo para una charla reveladora. Sus vivencias, su carrera internacional poco conocida en predios locales, nos confirman una verdad demasiado sabida, pero no siempre atendida: el arte asumido con autenticidad siempre tiende su camino hacia el alma de otros pueblos.

¿Cómo llegas a la música campesina?

Siempre estuvo en mí; desde que abrí los ojos. En mi casa siempre hubo música guajira. Mi padre, Alberto Torres, tocaba laúd y era poeta también. Venían sus amigos y se formaba un guateque enseguida. Luciano Monet siempre estaba en mi casa; él fue padrino de mi hermano Barbarito y fue la persona que le puso el primer laúd en las manos. Mi madre también cantaba y mis tíos. Eso estaba en la sangre, porque si no lo llevas por dentro no te nace. Por eso yo digo que yo canto desde el guajiro. Esto hay que sentirlo.

Pero tú no naciste en el campo…

No; yo nací aquí en Matanzas; en la parte más alta de la ciudad. En el antiguo hospital de maternidad que existía cerca del parque René Fraga. Mi padre era de un lugar llamado Benavides; él si era del campo, y vino a trabajar para la planta Rayonera. Él fue fundador de esa fábrica. Por eso hemos vivido siempre en este barrio, que está cerca de la fábrica. Es que el ambiente de vida es el que te marca, y en mi casa yo aprendí una cantidad tremenda de tonadas bellísimas que mi padre me enseñó.           

¿Cuándo comenzaste a cantar en público?                                                                

A lo siete años yo estaba cantando en la radio. Así empecé. En Radio 26 había un programa que se llamaba Guardarraya Libertaria y era también el nombre del grupo, que fue el primero que se creó para hacer música campesina en la ciudad. Lo fundó Antonio Artiles junto con varios músicos y seguidores de la música guajira. Ahora bien, yo debuté en público en el Teatro Sauto en un espectáculo dedicado a la zafra del pueblo de ese año. Eso seria en 1961. De ahí seguí con mi papá que siempre estaba conmigo en todos los eventos.

¿Cómo recuerdas esa etapa inicial de los años 60? ¿Sentías que el género campesino tenía el apoyo necesario en una época marcada por una gran renovación musical?

Lo más importante es que existía un gran respeto por el género campesino. Cuando surgió el grupo Cuba Nueva, por ejemplo, hubo interés en que se hicieran grabaciones en la radio; de forma oficial existía un apoyo para hacer el trabajo.

Yo tuve la posibilidad de cantar en el programa Palmas y Cañas cuando estaban allí los grandes del género. Tengo esa satisfacción; pude hacer realidad esos sueños, porque yo siempre tuve grandes sueños de hacer cosas en la televisión, espectáculos, de llevar el canto guajiro a todas partes.

Yo soñaba con cantar junto a Celina (González) y lo hice varias veces; canté con Radeunda Lima. De ellas aprendí mucho; fueron mis guías en el género. Trabajé con Hildelisa Pérez; con Coralia y Ramón, con el Jilguero de Cienfuegos, con tantos.

Y puedo decir que había una gran exigencia y un respeto por el trabajo de cada cual. Tú aprendías con aquellos músicos que tenían una experiencia, una vida consagrada en el género y eran personas excelentes, te ayudaban y te daban lecciones con una gran calidez, con mucho respeto también. Esa fue mi escuela. Imagínate que yo trabajé con Cheo Belén Puig, que era una cátedra. Y no me siento consagrada, yo sigo aprendiendo todos los días.

¿Qué comentario nos puedes hacer sobre el presente del género campesino en Matanzas?

Pienso que es importante promover más los mejores instrumentistas, los mejores cantantes que trabajen el género campesino. Hay mucha fuerza en el repentismo, pero la música no va al mismo nivel. La calidad no la garantiza una imagen, o si haces dos programas de televisión eso no significa que llegaste a la cima.

Tienes que trabajar cada día como si empezaras de cero, y hacer un esfuerzo constante para superarte. Por eso yo digo que no me siento consagrada. Pero tampoco acepto que me traten como si yo hubiera llegado ayer a esta carrera. En eso soy muy exigente. He tenido en algunos momentos que ser firme, hasta que actuar con cierta soberbia para exigir un respeto para mi trabajo. 

Deducimos que tus compromisos internacionales te han limitado para hacer más cosas en Matanzas...

Yo siempre regreso a Matanzas porque aquí vivo. Nunca se me ha ocurrido quedarme en otro lugar. Salgo de viaje o me paso días en La Habana para grabar o ensayar, pero vuelvo a mi casa del Reparto Dubroq, donde he vivido toda la vida.  Estoy en la mejor disposición de hacer un trabajo con mis compañeros que trabajan el género en la provincia. Si no canto más en la radio de esta ciudad no es porque yo no esté dispuesta.

¿En qué momento de tu carrera estás? ¿Sientes que has alcanzado esos sueños que tenías cuando empezaste a cantar en la radio con siete años?

A mí me queda hacer un disco mío. Quiero hacerlo con temas bien elegidos, con arreglos bien pensados. Ahora estamos poniendo las voces del tercer disco de Barbarito y el Piquete Cubano. No han sido muchos discos, pero tuvimos una nominación al Grammy en el 2003; y también un premio Cubadisco con “Soy la décima guajira”.

Todo lo que podamos hacer por el género bienvenido sea, pero cosas que valgan la pena. En televisión se puede hacer más promoción y poner de verdad lo mejor. Esta música pega en la gente. El que piense que es solo para un tipo de público está equivocado. Es más internacional de lo que pueda pensarse.

Nosotros hemos tenido un número pegado en la Discoteca Popular de Radio Progreso; en otro momento se ha pegado otro número en Radio Rebelde. Eso quiere decir que son temas que gustan. Además, en el año 2003 en el circuito de radio latina de Los Ángeles estuvo un número del disco nominado al Grammy varias semanas en lista. 

De todo esto hay que sacar una enseñanza para el trabajo de ahora y es lo que yo les digo a los muchachos. Yo no hablo porque me crea que lo se todo, pero es la experiencia  y de ver trabajar a los grandes dentro y fuera de Cuba. Mi carrera ha sido como yo la soñé. Logré   hacer  lo que  quería sin  hacer ningún tipo de concesión profesional. Ahora no me detengo. No me siento a ver lo que hice antes.

Yo digo soy la música guajira porque es un sentimiento que me acompaña todo el tiempo, no es vestirte de guayabera y ponerte un sombrero. Pienso en todos los grandes cantantes y poetas que conocí, en como hacían lo suyo con gran humildad. Eso me inspira a trabajar por nuestra tradición, porque aquí en Matanzas hay una historia de la música guajira muy grande y muy bonita. 

Les digo otro sueño que tengo y es poder hacer algo con la Orquesta Sinfónica de Matanzas, montar algo como Soy el punto cubano; quiero hacerlo con el Coro y la orquesta. Un día se lo comenté a José Antonio Méndez y le encantó la idea. Esa sería una oportunidad para que Barbarito pueda venir y tocar también. Yo lo único que pido es tener salud para seguir adelante...

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