Andanzas de la Fantasía en Cuba

...los cubanos somos muy dados a la fantasía, los Juan Candela están a la orden del día, en el campo y en la ciudad. Pero como él, siguen considerando todavía que para que algo sea valorado debemos llamarlo realidad.
“…Yo quiero ir hasta el cielo en un frijol sembrado, y ya.”
Silvio Rodríguez.
Por: José Martín Díaz Díaz
Aun cuando el prejuicio hacia la fantasía puede darse en muchos países, en el nuestro tiene particulares razones para hacerlo. El marxismo debió ser simplificado para su fácil comprensión popular y así mi maestra de tercer grado, digamos, inspirada en el principio básico esencial de que la materia es lo primario, me advirtió que no debía estar leyendo “El Gato con Botas”, por ser un cuento idealista. “Ni los gatos hablan ni los ogros existen, además los reyes y princesas representan a la monarquía, un sistema más explotador incluso que el capitalismo, contra los cuales no valen gatos parlantes sino revoluciones sociales” Tal vez mi maestra era exagerada pero ilustra un modo de pensar, y además debo disculparla porque le asistía la más noble de las intenciones: Salvarme del oscurantismo del pasado y convertirme en un hombre nuevo.
Los niños no protestábamos, agradecíamos que “no nos mintieran”, como a los ingenuos de antes, con esos cuentos de reyes magos trayendo juguetes y cigüeñas trayendo bebés. Dos muy bien elegidos ejemplos con los cuales nuestros padres nos hacían sentir favorecidos por la verdad. Pero al mismo saco de la cigüeñas fueron a parar duendes y hadas, Andersen retirado de bibliotecas, y la bruja de la escoba era “un engaño que a los chiquilines hace mucho, mucho daño”.
Esta cruzada contra la fantasía sobrevivió hasta los setenta y más acá, todo tren tiene su inercia. Hoy tal vez no se ha detenido del todo, parece estar claro que la fantasía es incluso positiva en la formación del niño, pero se le sigue considerando ingenua.
Hace poco leí una entrevista a una autora para adultos. Ella mencionaba que también escribe literatura infantil, pero sus historias nunca serían de paticos porque los niños a los cuales ella se dirige cantan y bailan reguetón. “A ese niño no le puedes hacer un cuento sobre paticos” dice ella “porque su realidad es otra. Tienes que escribir algo que sea creíble para él”
El argumento de que estos niños viven una realidad distinta a la de los patos no debe estar bien enunciado. Ningún niño es un pato, ni estos ni otros, y los patos propiamente dichos, no leen. ¿Cuál es la diferencia a la que ella se está refiriendo? A que aquellos niños que no son sus lectores aceptan la fantasía porque son ingenuos, mientras que estos “no la creen” porque han dejado de serlo.
Para ilustrar “lo tanto que saben” estos, se usa como ejemplo el reguetón, cuyos contenidos y letras son deliberadamente elementales y podrían ser comprendidos por el menos inteligente de los seres. ¿Por qué cantarlo y bailarlo se cita como aval de sabiduría infantil? Por la misma consideración de antes, porque es un género que se expresa en el más riguroso realismo. Si un niño “sabe” sobre sexo y carnalidad, aunque sea a su manera, se interpreta como agudeza y desarrollo intelectual. Mordió la manzana prohibida y por tanto ha sido expulsado por Dios del mundo de los cándidos. Único lugar donde cabe la fantasía, según esta opinión.
Ni la lujuria es prueba de inteligencia ni la fantasía exige como condición la asexualidad. Frente a “Las Mil y una Noches” el reguetón es eróticamente bien inocente por más groseros que sean los términos que a veces utilice.
En cuanto a los cuentos de paticos y las crudas realidades, recordaría que es precisamente un pato el animal elegido por Andersen para uno de los relatos más crueles de la literatura infantil. Autor pródigo en ejemplos de historias fantásticas, muchas con animales y objetos humanizados, mostrando tan devastadoras realidades, que generalmente se opta por versionar sus relatos por considerarlos un poco sórdidos para el niño actual.
Quienes crean que los niños precoces, inteligentes o informados no son capaces de disfrutar de la fantasía, no han analizado, tal vez, que el conocimiento de que los duendes y las hadas son fruto de la imaginación se puede obtener a muy corta edad y sin mucha inteligencia ni información. Si la ignorancia fuese el camino para disfrutar de ellos, casi nadie lo conseguiría.
Si a la fantasía se le considera ingenua incluso para un público infantil, ¿qué se podría pensar cuando se trata de obras para adultos?
Aun cuando nuestra pantalla televisiva hoy se llena de múltiples series extranjeras de éxito, que utilizan muy desprejuiciadamente lo fantástico, es muy difícil que esto ocurra en una producción nacional para adultos. Siempre se alegó la carestía de las mismas, porque se piensa solamente en aventuras. A este espacio, que no es precisadamente para adultos le debemos casi todas las escasas propuestas. Es cierto que los adultos también pueden disfrutarlo pero en sus tramas ha de tenerse en cuenta al público infantil, tanto en temas como en mensajes y maneras. Shiralak, que fue la más sobresaliente de estas obras, recibió duras críticas por no atenerse a estos principios tanto como era menester.
Utilizar fantasía en un dramatizado para adultos sólo es dado a casos bien excepcionales, no siempre del todo afortunados. Lo fantástico debe cuidarse muy bien de salir airoso ante un público no acostumbrado a él en producciones nacionales. Si no logra la comunicación se le achacará al género y aumentaría el prejuicio. No me parece buen camino el intento de versionar cuentos extranjeros. Es difícil convencer al público con un robot que lleva la cara de un actor del patio, se convierte en un extrañamiento que disocia la atención y afecta la credibilidad. La comunicación audiovisual debe tener en cuenta las convenciones establecidas y los referencias, lo que sucede con mucha naturalidad en una película norteamericana puede no correr la misma suerte en un dramatizado cubano, por lo inusitado. Y los robots y vampiros en Cuba se les utilizan sobre todo en humorismo.
Creo que hay modos de una fantasía verosímil y eficiente en los dramatizados cubanos para adultos, lo que ahora, además, no es muy abundante la producción por razones económicas, y resultaría más difícil insertarlos, prejuicios aparte. Pienso que por lo pronto, la fantasía tendrá que seguir haciéndose camino sobre todo en literatura.
El prejuicio en literatura es más fuerte y no voy a referirme a lo marginado que puedan estar los géneros que la utilizan sino al modo en que esta aprensión se manifiesta a la hora de clasificarlos.
Lo fantástico se asocia a la mitología, las supersticiones, oscurantismo del pasado, mientras que la Ciencia Ficción se vincula a lo futuro, novedades científicas y tecnológicas.
Visto así, pareciera mejor ocupación lo segundo. Y el hecho de que la Ciencia Ficción intente explicar científicamente sus suposiciones le quita pecado en aquello de la ingenuidad, convirtiéndolo en una fantasía más perdonable.
Sin embargo, como con todo prejuicio, este se debe a una visión muy a priori. En verdad el mundo ha avanzado mucho desde que surgieron estas clasificaciones.
La Ciencia Ficción hace tiempo dejó de concentrarse sólo en asuntos científico-técnicos para volver sus ojos sobre las ciencias sociales, la psicología y otros temas humanistas. Incluso muchas obras comenzaron a abordan las malas consecuencias de un progreso tecnológico sin desarrollo de la conciencia social. Si una obra está referida a las ciencias sociales, digamos, no tiene caso que el autor explique de qué manera la nave pudo llegar a donde lo hizo ni qué combustible utilizaba. Se supone que esto no le quita su pretensión de abordaje científico, sólo ha cambiado su temática. Sin embargo, cuando se especula sobre asuntos que no pertenecen a las ciencias exactas, es casi imposible establecer un consenso, sobre hasta donde pesó la pretensión científica y hasta donde la simple subjetividad del autor en sus especulaciones.
Prácticamente cualquier trama que ocurra en un planeta distinto, en un futuro lejano, o en un mundo paralelo, por más desatinada que fuese, habría que considerarla de ciencia ficción, pues la justificación la pone lo ignoto, su posibilidad no puede ser negada, o por lo menos no más que la de muchas otras obras de este género. Por otro lado, tampoco hay consenso sobre la no existencia de Dios. Así que se puede mezclar lo científico con lo divino aceptado. Lo teológico no es fantasía sino especulación, un terreno en que este género basa sus historias.
Hoy por hoy con la Ciencia Ficción se puede pretender divulgación científica, pero no necesariamente, incluso hay casos que hasta parecen una buena broma del autor. Como si se burlara de quienes exigen explicaciones científicas, ofreciendo alguna que parezca plausible aun cuando es más descabellada que el elemento mismo que pretende justificar. Casi me atrevería a hablar de un nuevo género que sería la justificación fantástica.
Y no estoy criticando a la Ciencia Ficción, de la que soy aficionado, lo que cuestiono es evaluar la valía de un género a partir de su supuesta atención a las realidades científicas.
Por su lado el fantástico es llevado por autores que defienden la fantasía en sí misma, no dan explicaciones porque no quieren. No hay en ello ninguna ingenuidad científica sino un postulado.
Estando así las cosas, popularmente se opta por dividir los géneros atendiendo a algo más tangible e identificable, y estos son los referentes clásicos de cada uno. Si naves espaciales y rallos láser o dragones y talismanes. Algo que deja en serias dudas a una importante cantidad de obras.
Hay otro género que igual utiliza la fantasía y al que le debemos muy trascendentales obras pero que paradójicamente lleva en su nombre la palabra realismo. Hablo del realismo mágico. Que elige la cultura de la superstición y no la de la tecnología y donde lo fantástico no es asumido por los personajes como algo sorprendente sino como parte de la realidad cotidiana.
No osaría yo cuestionar las características de este género, solamente me fijo en el nombre, Carpentier lo rehúsa pero en su lugar utiliza “de lo real maravilloso” que sigue la propuesta de nombrar como real lo fantástico.
Que me perdonen la suspicacia de ver en esto un prejuicio con la fantasía.
No digo que el término se haya inventado para evadir la palabra, pero sin dudas es eficiente para establecer distancia con ella. Tanto así que por el contrario de lo que se opina de la fantasía, a lo real maravilloso se le tiene en muy alta estima, gustar de él es señal de inteligencia, sabiduría y alta cultura.
El realismo mágico, con sus especificidades y méritos indiscutibles, es también fantasía, técnicamente hablando, pienso. Atravesar el tiempo o volar entre sábanas no es una realidad mágica, no es una realidad, ni tiene que serlo para que suceda en una obra grandiosa.
Este sería uno de los géneros que mejor hablarían en nombre de lo eficaz, responsable y sensata que puede ser la fantasía mostrada desde un entorno latinoamericano. También es uno de los más inteligentes caminos, a mi modo de ver, que podría seguir el fantástico cubano. Lo que este género casi se ha sacralizado. Cualquier autor puede dedicarse al fantástico, pero intentar escribir realismo mágico es demasiado pretencioso. Así que ha quedado sin nombre intentar un fantástico más cercano a lo que somos.
“En orden a la literatura” decía Aristóteles en cuya época no había cines ni televisores y es razonable no incluyera otras formas de hacer: “es preferible lo imposible convincente a lo posible increíble”
Irónicamente, los cubanos somos muy dados a la fantasía, los Juan Candela están a la orden del día, en el campo y en la ciudad. Pero como él, siguen considerando todavía que para que algo sea valorado debemos llamarlo realidad.
¿No es hora de intentar explicarle a Juan que eso es en lo único que estaba equivocado?
Tomado de. UNEAC http://dns1.uneac.co.cu/
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