Encuentro con Buena muerte (II)
Sobre el estreno de Buena Muerte, por Teatro El Mirón Cubano el 7 y 8 de julio. “Buena muerte, la obra, es el preámbulo antes de la expiración, se mueve en los límites con la vida. Es un espacio fronterizo de la libertad jamás concedida. Concede voz a los agónicos, asume el silencio como un susurro y hasta un grito, de lo que el ser humano quisiera confesar, sus traumas, sus ansías, lo que le quedó por hacer” – confiesa su autor. Foto: Ensayo de Buena Muerte.
Buena muerte será uno de los estrenos de Teatro El Mirón Cubano en el 2012. El público podrá verlas, primero en Cárdenas, como preestreno el 27 de junio a las 8: 30 p.m. y después en Limonar, al siguiente día, pero a las 3: 00 p.m. En Matanzas el estreno será el 7 y 8 de julio en la sala de la agrupación. Parte de una obra del dramaturgo Ulises Rodríguez Febles, quien hará su debut como director de una de sus últimos textos escritos, la primera obra de una trilogía, de la que forman parte Andrógenas y Óvulos.
En Buena Muerte, aborda el tema de los límites de la vida y la muerte, la eutanasia, la vejez, la incomunicación entre médicos y pacientes, la sexualidad, la eutanasia, el matrimonio desde los diversos enfoques y perspectivas, con que se asume la muerte, que en este texto, apuesta por lo alucinante, el sarcasmo y la ironía, por transformarse en un canto a la vida.
Rodríguez Febles es autor de obras como El Concierto, Huevos, Carnicería, Campo Minado, Saxo o Sputnik, que han sido publicadas y estrenadas por diferentes agrupaciones de la isla y el extranjero. Ganador del Premio Virgilio Piñera y Royal Court Theatre, 2004. Interrogado sobre su motivación para dirigir nos respondió:
- Una necesidad creativa, la de recrear en el escenario los mundos que invento en mi computadora, desde la soledad - la mayoría de las veces – del autor dramático. O del investigador, promotor, archivista en que cada día me convierto, siendo un espectador del teatro y no un participe activo de la creación escénica, más allá de mis vínculos diarios con el teatro como investigador, promotor y dramaturgo.
Cuando uno dirige sus textos, se enfrenta al otro yo: el autor y lo pone a prueba. La dramaturgia espectacular funciona de otra manera y eso es apasionante: cambias situaciones, cortas textos, adicionas. Lo mismo que haría otro director con uno; pero con una mirada más personal, porque te mutilas y perfeccionas a ti mismo. Es también otra manera de dialogar con el público. Uno hace teatro porque desea comunicar ideas, confrontarlas, polemizar; proponerles a otros tu visión del universo, de cómo ves a tus contemporáneos y a los héroes del pasado. Me interesa propiciar la reflexión sobre conflictos humanos; porque son el hombre y la mujer, las víctimas de su propia naturaleza, de sus errores o de los errores del otro.
El ser humano es dramático desde que está en el útero de la madre, desde que interactúa con disímiles elementos, y al salir se enfrenta a la gran tragedia que es su existencia. Cuando uno escribe y es otro el que dirige, lo que es maravilloso, a veces se pierde esa relación inmediata, empatica o antipática con tus obras. Dirigiendo, experimentas esas emociones, las pones en función de lo que tú deseas. No soy un director, sino alguien que prueba a serlo a buscar un camino y a disfrutar esta nueva relación con tu obra. Es relajante, porque nos hemos sentido bien en el proceso de trabajo. Tenemos un mes para seguir buscando, probando, arriesgando. Sé que es difícil dirigir. Respeto a los directores por lo difícil de enfrentarse con un texto al vacío, de probarlo y hacer funcionar las sensibilidades colectivas con las tuyas. Hacerles ver el camino de lo que soñabas, lo que vas creyendo al enfrentar el proceso y luego que ellos, con la práctica te van demostrando. Es una obra con solo tres personajes; por lo tanto, con solo tres actores: Yanetsis Sánchez, Francisco Rodríguez y Javier Martínez. Eso creo que ha sido esencial para comenzar y culminar una primera etapa. También he pretendido que sea una obra que se vea, que confronte con el público, con muchos públicos; porque de otra manera no tiene sentido. La mayoría de mis textos representados, que son la mayoría, no han llegado a las sesenta funciones y creo que exagero. Creo que de eso se salva La Ventana Tejida, con Icarón Teatro. Eso es trágico para un autor. Es como escribir para la nada, que significa: silencio. Creo que de ese estigma – en mi caso - se salva La Ventana Tejida, con Icarón Teatro. Una puesta que se mantiene en repertorio con el talento y la persistencia de Miriam Muñoz. Algo particular de esta experiencia es que los ensayos con público, cierto público es para experimentar, para escuchar opiniones, para no esperar al estreno para darnos cuenta de que anda bien o mal. Ese margen de un mes, con todo listo (luces, música, diferentes espacios), permite cambiar, agregar, suprimir. Es lo mismo que pretendemos con los preestrenos en Cárdenas y Limonar. Son ensayos antes de llegar a Matanzas, al estreno concreto. Hemos probado con médicos y enfermeras, con equipos de psicólogos, con estudiantes universitarios, con ancianos. Todo en pequeñas dosis. Quiero escuchar. No es una obra compleja: es una obra que intenta comunicarse, reflexionar, desde una sencillez validada por los signos, por su fuerza, casi minimalista. Después invitaré a creadores de mundo del teatro, los que me han brindado su mano y su sensibilidad, los que sin hipocresía me dirán, lo que quiero y lo que no quiero, pero que tengo que escuchar. La mano, así extendida, estimulándome a que lo haga, a que dirija y desde el principio: Abelardo Estorino, Pedro Vera y Rubén Darío Salazar. Hay otros: críticos, dramaturgos e investigadores. Con Estorino hablo regularmente. Rubén me aconseja. Serán los primeros en ver un ensayo en los próximos días. No menciono a Francisco Rodríguez, que me ofreció su teatro, porque definitivamente es parte de de este proyecto.
¿Por qué la muerte?
Es un tema universal y del que nadie escapa, por lo que no hay ser humano que no se sienta sometido a sus designios. Solo nos queda conocer como la enfrentaremos o como veremos a nuestros seres humanos, ante ella, destruidos o luminosos. Es un tema que aparece, con otros enfoques, en la dramaturgia universal desde los griegos hasta hoy. Cada civilización – según sus creencias asume la muerte de diferentes maneras: para unos es la liberación, el paso a otra vida; para otros es el final de una existencia.
Buena muerte, la obra, es el preámbulo antes de la expiración, se mueve en los límites con la vida. Es un espacio fronterizo de la libertad jamás concedida. Concede voz a los agónicos, asume el silencio como un susurro y hasta un grito de lo que el ser humano quisiera confesar, sus traumas, sus ansías, lo que le quedó por hacer.
Son dramas de tres seres con biografías diferentes en el espacio vacío en que los dejó su tragedia y que ellos transgreden en sus delirios o en los fragmentos. Un universo donde están solos con su pasado y también su futuro, pero que traspasan constantemente hacia otros espacios. Lo que me importa es que reflexionemos, que nos sumerjamos en la tragedia de los que van a trasladarse y los escuchemos.
¿Un motivo especial?
La vida. El valor de la vida. Solo ante el peligro de la muerte reconoces su valor. La vida y vivirla a intensidad, para que no te arrepientas de tantas cosas no experimentadas es esencial. Vivir a plenitud, a partir de lo que para ti es esa plenitud. Este texto es un ciclo que irá de la muerte al nacimiento con Ovario (s). Obras para que puedan ser representadas, no para que queden guardadas. Valoro demasiado la vida. Uno escribe de algo así, porque ha pasado por diferentes experiencias humanas que te llevan a reflexionar sobre el tema, porque has visto el dolor de las pérdidas, porque te has enfrentado a la muerte y al otro día dices: No hay algo más importante que vivir. La gente se desgasta – incluso uno – en las nimiedades de la existencia, en cuando lo más importante es estar saludable, vivir y hacerlo con pasión. Abrir cada día los ojos y decir: Gracias a la vida por concederme con humildad cada cosa que está a mí alrededor, lo bueno y lo malo. Lo mejor que tiene la muerte es que es democrática, porque alcanza a todos. No es justa, porque llega de diferentes maneras, en diferentes circunstancias, porque es cruel, sutil, pero es democrática. Nadie se salva de ella. Lo peor es que otros hombres la aceleran, por diferentes vías.
La obra es un canto a la vida. Para que reflexiones sobre la soledad, la incomunicación del agónico, sobre el desamparo, las relaciones familiares, la ética médica, la eutanasia, la posición del médico ante su propia muerte y antes de enfrentarse a una situación límite, la defensa a morir con dignidad. Una reflexión sobre la vejez, sobre lo que la vida nos lega para la posteridad. Detrás de todo eso, Buena Muerte es una obra, que aunque dura, es alegre, cargada de erotismo y deseos de vivir. ¿Existe la buena muerte? La respuesta está en qué es la buena muerte, qué significa, que sentido e implicaciones ha tenido en la historia de la humanidad y ahora mismo. Buena muerte deriva del griego eu (bien) y thanatos (muerte). Entonces, ¿qué es la buena muerte? Eso es cuestión de cada cual, porque cada ser humano tiene su manera de enfrentar los retos de su existencia.
Ana Margarita Gil
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