Retorno de Ballagas
Transitar por el difícil círculo de definición para el lugar de Emilio Ballagas en la poesía cubana, nos permite, en el caso de este poeta, el no emitir criterios de exaltación desmesurada a la hora de asertos y juicios. El lugar está definido en la excelente poética del camagüeyano, que no admite condensaciones ni resúmenes sino que, bien armado desde sus primeras colaboraciones en las revistas vanguardistas. Antenas, en 1928, y Revista de Avance de 1929, también se vinculó a las más importantes revistas literarias de Cuba y de Hispanoamérica, como son Revista cubana, Sur, Cuadernos americanos y otras.
Baste, sin hacer una lista cronológica, sus cuadernos Júbilo y fuga, de 1931, Sabor eterno, de 1939, y más adelante, lo que le valió el Premio Nacional de Poesía en1951, Cielo en rehenes, y ya en 1953, las premiadas Décimas por el júbilo martiano.
La carrera parece coherente, espiralesca, pero hubo causas injustas y oscuras para que se le redujera al olvido y a la relegación o subestimación. De esto hablaremos más adelante.
El libro que más nos interesa es Sabor eterno, publicado dos años después de que José Lezama Lima hubiera dado a conocer su extraordinario poema “Muerte de Narciso” en 1937.
Y hablamos de ello porque “Muerte de Narciso”, marcó, con su peculiar facultad de categorizar la mejor poesía del momento, el extrarradio de la poesía de Ballagas, que ya contenía en Sabor eterno, el excorial de los mejores momentos del autor de “Elegía sin nombre” y “Nocturno y Elegía”, publicados, por cierto, separadamente en 1936 y 1938. Pero la primera edición del poema “Nocturno y elegía”, según Vitier, apareció precedida por una carta hermosa de Juana de Ibarbourou, donde enfatizaba la calidad del poema, y estaba fechada en Agosto de l937. Quiere decir que ya en 1937, en el año de “Muerte de Narciso”, Ballagas había escrito “Nocturno y elegía” y “Elegía sin nombre”.
¿Qué pasaba realmente?
Sin establecer comparativas nonatas, es curioso que, estos dos grandes poetas de la década del treinta, tuvieron un mismo impulso creador para volverse basamento de la cultura cubana, pero no sólo para esa época, sino para la nuestra, la contemporánea.
Los dos bien diferentes, uno genial poeta, sorprendente narrador, altísimo ensayista, el otro, poeta esencialmente, nos circunscribimos a la coincidencia anímica que, por vías diversas, los llevaron a reflejar la interioridad y el espíritu íntimo, para encabalgar lo mejor de una poesía que era, como le gustaría decir a Jorge Luis Arcos, acaso de la existencia.
Ballagas, que es el punto de mira de este evento, en la segunda edición de Júbilo y fuga, de 1939, ya muestra los versos de un reconocedor del idioma en que escribe. Su poema “Víspera” tiene un final procesado en una rica música idiomática: “y éxtasis-alimento! de ignorarme-ausente-puro. nonnato de claridades! con la palabra inicial! Y el dulce mañana intacto.”
Pero vemos que en su poema “Nacer”, del mismo libro, se atreve a especular con el juego sensorial, asumiendo la vertiente de los sentidos como fin: “Grácil, fugitiva espuma, ¡urgente, frágil, divina!, tremolar de espacio virgen! Cielo ligero, de pluma.”. Hay reminiscencias de los Versos Sencillos de Martí, y es que , en realidad, éste es un aspecto que no se ha tocado mucho: lo de martiano en Ballagas.
También en el poema “Sentidos”, ya se extasía con lo dionisíaco: “Qué me cierren los ojos con uvas! (diáfana, honda plenitud de curvas”.
Pero, ¿es sólo armonía este libro de Júbilo y fuga de un joven de 31 años? Ahí está la contradicción ya, lo dicótomo, en el poema “Oasis”: “Realidad. Vidrio. Resol ¡En mi carne! Insomnes heridas secas! En mis labios! Gusto de arena rajada.”
Y también en “Huir”, parece realizar una incesante escapada hacia escalas imposibles: “Por el paisaje sin forma! Huidizo…resbalado: !en el huir y el huir! tras-fundido…deshelado,” .
Lo mismo, pero menos metaforizado, sucede con “Los ecos”, donde hay una conciencia de la aprehensión de esencia inalcanzable: “Buscan, los ecos buscan/ en la noche cerrada,/ amarilla, cuadrada/–improvisando fugas– puertas, salida cierta/a otra noche más amplia,/esférica, infinita.”.
Pero Sabor eterno, del propio 1939, iba a tener una dedicatoria general para alguien que merece que se haga un estudio sobre su influencia decisiva en los artistas, tanto plásticos como poetas, de aquel período de nuestra República. Se trata de María Luisa Gómez Mena, especie de mecenas, de artistas como Carlos Enríquez y también Ballagas, y que acabaría uniéndose al poeta español Manuel Altolaguirre, muriendo ambos en un trágico accidente en Europa. La personalidad de María Luisa Gómez Mena se plantea bien compleja. Mujer de exabruptos, en más de una ocasión dio pie a comentarios y anecdotillas de salón por su temperamento que, después de tantos años, y a mi real entender, resulta alguien irrefrenable, sumamente atractiva, y creo que Ballagas hizo muy bien en dedicarle Sabor eterno.
Se han hecho estudios muy serios sobre Sabor eterno, que es el mejor libro de nuestro Emilio, pero quisiera más que hacer juicios de valor sobre la poética ballaguiana, retomar el porqué jugó un papel tan importante en la relegación o subestimación de Ballagas, el carácter homofóbico de aquella sociedad.
Ballagas muere en 1954. Yo apenas tenía nueve años, pero recibía una sociedad semejante en el plano de la intolerancia sexual y el falocentrismo. Así que voy a valerme de algunos criterios de Virgilio Piñera en su artículo, “Ballagas en persona”, que publicó en Ciclón, y que tenía un afán contestatario ante la conferencia, que sirvió de prólogo a la edición de Obra Poética de Emilio Ballagas, en 1955, de Cintio Vitier. Vitier aclara que esta conferencia fue escrita para el Homenaje que el Lyceum de La Habana ofreció al poeta tempranamente fallecido, y que había sido escrita mucho antes de que se compilaran los materiales de la edición de la Obra Poética de Ballagas del 55. De ahí algunos poemas omitidos. Pero sin tomar partido como si se tratara de un evento boxístico entre Virgilio y Cintio Vitier, no cabe la menor duda que Piñera enjuicia muy bien hasta la desnudez más cruda, lo dicótomo en la poesía de Ballagas, y que algunos prefieren ver como la carne versus el pecado. Dice Virgilio, al final de su extraordinario artículo: ”Yo le debía el homenaje que todo artista, vivo por el momento, rinde al artista desaparecido. El mío, si no me equivoco, ha consistido en contar su vida tal como él me la contó por largos años. Haciéndolo así lo he salvado de un gran ridículo.”
Realmente, Virgilio, aclara a lo largo del texto, siendo sus fuentes, según él, muy sencillas,”la larga amistad sin reservas de ninguna clase con el poeta, y la parte autobiográfica de su obra”, Virgilio aclara, repito, aspectos que sirven de crucería en el sistema poético del camagueyano. La bóveda gótica se nos formula de una manera completa, que, con franqueza absoluta, Virgilio aborda el camino de los avatares internos de Ballagas, hasta afirmar algo con lo que no estamos completamente de acuerdo: “la lucha de Ballagas no era con la sociedad sino consigo mismo(…) “Ballagas no podía dormir el sueño del justo en tanto que pecador. Su inversión sexual se presentaba siempre y únicamente a título de “pecado nefando”. (…) Todos sus actos, comprendiendo en esos actos su obra entera, son el reflejo de esa lucha a brazo partido con el pecado”.
Magnífico el párrafo. Pero cómo Virgilio va a argumentar que la lucha de Ballagas no era con la sociedad. Y de dónde venía el complejo de culpa. Qué era lo que lo atormentaba, como otra razón más sino el código moral imperante en el período. Yo crecí en un medio en el que la homosexualidad era algo absolutamente negativo. Mis tías cuchicheaban sobre una casa en Santiago donde vivían dos mujeres, muy sospechosas, y se doblaba la calle para no pasar por ahí. Me recuerdo cogida de la mano de mi tía y viendo como “búhos oscuros” en la “esquina prohibida”.
Me parece que los meandros de la poética de Ballagas, tienen variados motivos, y no el único móvil de su propio ser; aquella sociedad imperante y los conceptos atávicos, prejuiciosos, con los que, como diría Martí, nos han fajado desde que nacemos.
Vitier tiene una idea luminosa en su trabajo como cuando dice:”y entrelazado siempre, jugando a ser, y no ser el puro juego arcádico de la fruición verbal.”
Y más adelante, sigue: “Lo decisivo, repetimos, no es la anécdota del amor imposible, sino la entrada en la órbita de lo impuro, lo caído, lo sufriente.”.
Claro que Virgilio tiene razón cuando indica: “Ballagas no era gazmoño, un alma cándida que nada más es cándida. El sabía de memoria su parte endemoniada.”
Por eso mismo su poesía, –y en esto no opinamos, lo hacía Cintio Vitier en aquel momento–, es tan antológica como la de Florit, no tiene que ser tan decantada como la de Brull, e indiscutiblemente es uno de los punteros de su generación. En cuanto a su contemporaneidad quiero decir algo. Hubo un crítico “semijoven”, muy reconocido y de cuyo nombre no quiero acordarme, que me dijo hace unos meses, en Holguín, en un homenaje también a Ballagas, que él solo era un poeta de seis poemas.
Tal dislate, evidencia, que le pasó por arriba o que no lo leyó en absoluto.
Para el grupo de ediciones El Puente del que era muy amigo el hijo de Ballagas, este poeta significó acción y resultado de una gran comunicación. Contemporáneo en la talla y en la concepción de la imagen. Acaso no es maravilloso verso para ser escrito hoy aquel que dice: “en una gran tristeza de remos mutilados,/ de carbón y cenizas sobre alas derrotadas...”
Prueben a superarlo.
Y para terminar, quiero citar unas líneas de “Birds in the night” (Pájaros en la noche), del gran Luis Cernuda que tanto alimentó a Ballagas:”Oyen los muertos lo que los vivos dicen luego de ellos? Ojalá nada oigan: ha de ser un alivio ese silencio interminable para aquellos que vivieron por la palabra y murieron por ella. Como Rimbaud y Verlaine. Pero el silencio allá no evita acá la farsa elogiosa repugnante. Alguna vez deseó uno que una sola cabeza la humanidad tuviese, para así cortársela. Tal vez exageraba: si fuera una cucaracha y aplastarla.”.
La Habana, junio del 2008.
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