La idea de traer camellos a Cuba(1) surgió en la tercera década del siglo XIX, cuando es planteada la posibilidad de importarlos con el fin de trasladar en sus lomos la caña de azúcar del corte al trapiche.
Comenzando esta centuria, en el occidente azucarero, las carretas de dos ruedas movidas por yuntas de bueyes dañaban considerablemente los campos cultivados. Por esa fecha José María Dau, hacendado y maestro de azúcar, vinculado a la sacarocracia cubana, propuso cargar la caña a lomo de buey, idea que no prospera, y se lanza la de los exóticos camellos, teniendo en cuenta que éstos podían cargar, sin dañar los cultivos, hasta 500 libras de peso.
Los comerciantes criollos conocían que en las Islas Canarias estos animales habían sido introducidos desde comienzos del siglo XV por don Juan Betancourt, y ahí se aclimataron y reprodujeron, siendo utilizados asiduamente.
El 24 de mayo de 1833 el Ministro de Haciendas emite desde Madrid una Real Orden dirigida al Conde de Villanueva, aprobando el privilegio concedido a don Francisco López para introducir camellos, libre de derecho por diez años.
Fue don Patricio de la Guardia uno de los primeros introductores de los singulares rumiantes en la isla.(2) El 10 de septiembre de 1834 escribió a la Junta de Fomento, informando el propósito de continuar importando estos animales procedentes de Canarias, para obtener mejores resultados agrícolas, pero que contra esto conspiraba el pago del impuesto de cada camello introducido, el costo de cada ejemplar, los gastos de conducción y el riesgo durante la navegación, lo que desalentaba en gran medida a otros hacendados interesados.(3)
Siete días después, presidida por el señor Conde de Villanueva, se reunió la citada junta para apoyar la solicitud de don Patricio referida a la excepción de los derechos de pago por cada camello que se importara de Canarias.
Según el historiador matancero José M. Cuétara,(4) fue de la Guardia el primer hacendado en introducir camellos en Matanzas, al traer dos ejemplares en el bergantín “Laberinto” bajo el mando del capitán Gerónimo Navarro, en el año 1834, destinados a su ingenio San Miguel de Caobas, en el Partido de Sabanilla.
Sobre este caso específico no podemos precisar hasta cuándo se extendió la existencia de los rumiantes. Veintidós años después, el ingenio era propiedad de don Juan Montalvo y Castillo. Contaba con trapiche de vapor y tren jamaiquino y una dotación de más de 300 esclavos, pero los camellos, con seguridad, ya habían desaparecido años atrás.
Por otra parte, el 10 de agosto de 1834, la goleta Unión, a las órdenes del propio Gerónimo, introdujo por el puerto matancero una camella con su “majalulito” de ocho meses y, previos al correspondiente permiso, fueron expuestos como “animales raros” en el almacén de la Casa Mortuoria de don Juan de la Rosa, contigua al puente del San Juan, cobrándose la entrada a un real por persona.(5)
El 11 de enero de 1837, un aviso insertado en las páginas del diario La Aurora de Matanzas, comunicó a los hacendados interesados en adquirir camellos en Islas Canarias, que coordinaran con Gerónimo Navarro, capitán del “Laberinto”, para su conducción a puerto yumurino. Las condiciones del contrato se ajustarían en la Casa Torriente y Hermanos.
El 17 de febrero partía desde Matanzas hacia Santa Cruz de Tenerife, el mencionado bergantín con su tripulación a borde.
En lo adelante, varios comerciantes debieron introducir estos rumiantes en zonas matanceras.
El 13 de julio de 1838 se vendían tres ejemplares, acabados de llegar de Canarias, en una tienda ubicada en la segunda cuadra de la calle Medio, entrando por la Vigía, en la ciudad de Matanzas.(6)
En 1839, el viajero español don Jacinto de Salas y Quiroga nos lega sus impresiones de un viaje por la Isla, (7) que lo lleva a visitar varios ingenios en la zona de Canasí, incluyendo el San Ignacio del que nos dice: ”Es una posesión vastísima, y en estado tal que es fama salen de sus fábricas los mejores azúcares de la Isla...”. Expresa además, que hay una hermosa casa con cuidados jardines y señala: “...Sólo deseo manifestar que allí es el único punto de la Isla donde se ven camellos, tan útiles a la agricultura, y que es de suponer den resultados tan felices”.(8)
La anterior afirmación se basa en el desconocimiento de este señor sobre la existencia de estos animales en un punto lejano de la propia Matanzas, al menos cinco años atrás, cuando pastaban en los campos del ingenio San Miguel de Caobas.
Plantea Salas y Quiroga que bajo el celo del propietario del ingenio San Ignacio, don Juan Montalvo y O’ Farril, se habían importado de Canarias un crecido número de camellos que beneficiaban los cultivos, evitando los daños que causaban con anterioridad las pesadas carretas.
Ahora bien, que la novedosa y siempre arriesgada idea de utilizar camellos cobrara fuerza y se desarrollara en el ingenio San Ignacio, era de esperar, conociendo la personalidad y vida de su dueño.
Don Juan Montalvo nació el 31 de mayo de 1778, en La Habana. De niño viaja a España y a los quince años lucha contra el ocupante francés. De regreso a Cuba, en 1817 alcanza el grado de Coronel del Regimiento de Milicias-Dragones de Matanzas, al tiempo que vela por sus ingenios Desquite y San Ignacio. En 1829, obtiene las ordenes Militar de Montesa e Isabel La Católica, siendo ascendido a Mariscal de Campo. Presidió la Sociedad Económica y se dedicó al estudio de la agronomía. Falleció el 14 de mayo de 1844 en La Habana, quedando al frente de sus propiedades su prima y esposa doña María Antonia Calvo de la Puerta y Montalvo.(9)
En el año 1841, pastaban en el ingenio San Ignacio treinta y un camellos. Cuatro años después, en 1845, se adquieren otros cinco ejemplares, y un año después, según un análisis de las producciones agrícolas e industriales de la jurisdicción de Matanzas, la cifra vuelve a ser de treinta y uno.(10)
Resulta interesante un documento localizado, referido al Partido de Yumurí, a donde pertenecía San Ignacio, que asegura la existencia total de setenta y dos camellos en el año 1845, pero no especifica los lugares de existencia.(11)
Para el año 1852 la producción del referido ingenio era realmente pobre y no encontramos referencia a camellos.
El otrora coloso azucarero limitaba al norte con el potrero de los Guzmanes, al sur con el ingenio Sacramento, al este con el juguetillo y al oeste con el San Juan de Dios. En los inicios de la década de 1870 era propiedad de doña Antonia Calvo y Montalvo.
La inutilidad del proyecto y la relativamente rápida extinción de los exóticos rumiantes en los campos matanceros, se debió a la existencia de niguas, pequeña pulguilla que se introduce en los cascos del animal, depositando sus huevos, que pudren la piel. Tampoco se descarta el aspecto climatológico, que debió atentar contra la especie, como planteara en el siglo xix el historiador Francisco Jimeno.(12)
La suerte de los camellos estaba echada, por lo que esta atrevida aventura constituyó un capítulo inusual en la historia local.

 

CITAS Y NOTAS

(1) El Camello (Camelus dromedarius), es una especie introducida en Cuba, pero no establecida. Es un rumiante del orden Artiodáctilos, y son ungulados porque poseen pezuñas.
(2) El Ingenio: Complejo económico-social del azúcar. Manuel Moreno Fraginals. Tomo III. Editorial Ciencias Sociales. La Habana, 1978.
(3) Fondo Real Consulado y Junta de Fomento. Expediente 2699. 10 de octubre de 1834. En: Archivo Histórico Nacional.
(4) Caña a lomo de camello por los campos matanceros. José M. Cuétara Vilá. En: Suplemento Cultural Yumurí. 13 de julio de 1985.
(5) La Aurora, 10 de agosto de 1834.
(6) La Aurora, 13 de julio de 1838.
(7) Viajes. Jacinto Salas y Quiroga. Comisión Nacional de Cultura. La Habana, 1964.
(8) Viajes. Ob.Cit., Pág. 162.
(9) Nobiliario Cubano. Las Grandes familias isleñas. Conde de Valledano. Tomo I. Imprenta Torrent. Madrid, España, S/f.
(10) Fondo Misceláneas de Expedientes. Materia Estadísticas. Legajo 8 Número 143. En: Archivo Histórico Provincial de Matanzas.
(11) Ídem al anterior. Legajo 6 Número 117.
(12) Mamíferos indígenas y animales domésticos. Francisco Jimeno. En: Revista de Cuba (Periódico Mensual). Ateneo de Matanzas. Número 8. Imprenta Viuda de Soler y Compañía. Matanzas, 1880.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Ediciones Matanzas, Cuba, 2008