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La primera exposición de arte en Matanzas
(primera parte) |
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Antecedentes.Pormenores.
En 1862 el Liceo Artístico y Literario de Matanzas organiza la primera Exposición de Bellas Artes celebrada en esta ciudad. Varias circunstancias favorecen el suceso. Para esta fecha la economía de la región constituye el principal sostén de la industria azucarera en la Isla. Las riquezas producidas en las jurisdicciones que después de 1878 conforman la provincia, se traducen en un apogeo social y cultural, del que la burguesía criolla y ciertas capas medias de la población son las principales beneficiadas. Como natural consecuencia de ese apogeo la urbe llega a erigirse en el segundo centro comercial del país y en su principal plaza artística y literaria, posición que sólo es superada por la capital.
El Liceo Artístico y Literario nace como colofón de este crecimiento, cuyo esplendor comenzará a atenuarse después de iniciada las gestas emancipadoras (1868-1898), para extin-guirse en las postrimerías del siglo, cuando la participación de la región en la Guerra del 95 se torna decisiva. La avidez de aquella clase por aumentar sus conocimientos intelectuales y sus posibilidades recreativas conducen, en 1846, al surgimiento de un proyecto para la creación de la asociación. La idea había sido alentada por los éxitos del Liceo Artístico y Literario de La Habana, fundado en 1844 y que tenía como precedente, a su vez, al Liceo de Madrid, establecido desde 1837. Más de dos lustros después de su petición, en enero de 1859, las autoridades generales de Matanzas conceden el permiso para el establecimiento de la sociedad.
Después de fundado, el 13 de febrero de 1859, el Liceo yumurino atravesó un período de organización que se dilató debido a la no habilitación de un local adecuado para su alojamiento. A finales de ese año es instalado en una casa del Callejón de San Severino y el 17 de febrero de 1860 queda oficialmente inaugurado con un festejo que estuvo presidido por su Junta Directiva y por el Gobernador Pedro Esteban Arranz.(1) Esta Junta estaba constituida, entre otros, por Francisco Galán, Emilio Blanchet y Rafael del Villar, nombrado director de la nueva institución.(2)
Estimada, conjuntamente con el Ateneo de Matanzas, una de las instituciones cubanas de más larga y fecunda existencia, la proyección intelectual del Liceo en esta primera etapa es encomiable. Entre los múltiples sucesos que promueve, habría que connotar la organización de sus diferentes secciones(3), de la exposición de arte y de los Juegos Florales. Concebidos como medio para promocionar las distintas manifestaciones del arte y la ciencia, los juegos devienen la más alta expresión de la cultura matancera. Los primeros, celebrados en 1861, contaron con la presencia de la escritora camagüeyana Gertrudis Gómez de Avellaneda, lo cual constituyó una excelente carta de presentación en torno a la calidad que habría de definir estos certámenes.
En este contexto el Liceo organiza la primera Exposición de Bellas Artes. La idea no es casual. Acaudaladas familias matanceras habían llegado a conformar colecciones de este género.(4) Se trataba, en la mayoría de los casos, de hombres de ilustración que se hallaban informados acerca de la evolución de la cultura universal y que en la medida de sus posibilidades nutren sus pinacotecas de originales europeos o de reproducciones que son realizadas por copistas de indudable reputación. También incluyen en sus preferencias obras de los pocos artistas de trascendencia con que cuenta Matanzas en la época. Además de Esteban Chartrand Dubois (Guamacaro, Matanzas, 1840- New York, EE.UU, 1883), el más notable creador yumurino del siglo xix, exponente cimero del paisajismo romántico en la isla, los coleccionistas matanceros se interesan por la obra de creadores hoy poco conocidos como Alejandro Odero. Chartrand no forma parte de la relación de autores que participa en la exposición, aunque uno de sus hermanos, el también paisajista Felipe Chartrand, sí se cuenta entre la nómina de autores representados.
En su investigación sobre las colecciones de arte en Matanzas, Urbano Martínez Carmenate menciona varios antecedentes de interés en relación con esta convocatoria, ubicando la primera exposición de Bellas Artes, realizada en la isla, en 1845. El coleccionismo - señala este autor - es una “labor que exige concentración, solvencia y exquisita erudición”, precisando para su desarrollo de “circunstancias históricas concretas”.(5) Esta coyuntura favorable llegaría para Matanzas en la década de 1860, cuando la economía y el comercio de la región disfrutaban de un lugar de privilegio y la ilustración de los miembros de la burguesía terrateniente criolla apuntaba hacia la realización de obras, intelectualmente más ambiciosas. En los lustros precedentes se refieren esporádicas y poco notables exhibiciones de arte, anteriores a 1862. “En 1838, por ejemplo, se muestran dos obras que reflejan motivos bíblicos […] Al parecer, eran creaciones basadas en originales del artista francés Dubufe. […] en 1845 se sometió a la expectación general una colección pictórica procedente de Estados Unidos […]”.(6)
Estas muestras no pasaban de ser simples exhibiciones, traídas a la ciudad por extranjeros, cuyos vínculos reales con el arte son casi siempre dudosos. De un aliento marcadamente regional, la Exposición de Bellas Artes, inaugurada en 1862, constituye un suceso vinculado a las voluntades locales, que desde la tribuna del Liceo manifiestan su capacidad para llevar adelante un proyecto de tal magnitud. Entre los integrantes de la Comisión Organizadora se hallan Francisco Ximeno, los pintores Alejandro Odero y Juan Jorge Peoli, así como Eusebio Guiteras, miembro de la Sección de Literatura, a quien se debió la propuesta de organizar la exposición.
Perteneciente a una de las familias más ilustradas de Cuba, Eusebio Guiteras Font había nacido en esta ciudad el 5 de marzo de 1823.(7) Escritor, pedagogo y latinista, en 1840 funda con su hermano Antonio y con el habanero José Antonio Echeverría - su primer Director –el Colegio La Empresa, uno de los de mayor prestigio del país. Juntos emprenden, hacia 1844, un legendario viaje por Egipto, Europa y el Medio Oriente, transformándose en los primeros matanceros que visitan el Santo Sepulcro y otros sitios bíblicos. Inevitablemente este contacto con culturas tan ricas como diversas debió alimentar en ellos la sed de coleccionismo. No es casual que esta familia sea una de las de mayor representatividad en la exposición, a la que favorecieron con su patrimonio artístico, parte del cual pudo ser adquirido en algunos de los países visitados.
Tempranamente Eusebio Guiteras reveló su agudeza para emitir juicios sobre arte, de manera que su propuesta de convocar la exposición contó con un apoyo inmediato. Cuando en el primer lustro de 1840 parte de Cuba con rumbo al “Viejo Mundo” no lo hace como un viajero cualquiera. Su agusado sentido de la observación le acompaña todo el tiempo. Queda cautivado ante las ruinas de las civilizaciones antiguas y traslada al papel la emoción que le provoca su contacto con ese universo que ya conocía a través de sus lecturas. En su Relación de un viaje por Grecia escribe: “Es un placer muy grande, á [sic] los veinte años, oír el murmullo de las fuentes de la Alhambra, sentir el movimiento universal de París, sentarse sobre las ruinas de Roma, subir al Vesubio, paseando bajo los bóvedas de los orgullosos palacios de Venesia [sic]. Nada de esto, sin embargo, satisface cuando se tiene en [perspectiva] un viaje á [sic] Oriente”.(8)
En agosto de 1844 llega acompañado de Antonio a Trieste, ciudad que “está en el lindero que separa la Europa del Oriente”(9) para dirigirse a Grecia. Es entonces que su relato alcanza un alto vuelo, al hacer gala de sus sólidos conocimientos sobre historia antigua y de sus aptitudes como crítico de arte. Su visión del monumental Partenón, construido en el siglo V. a.c. en la Acrópolis ateniense lo motiva a expresar criterios como este: “El Partenón es la obra de arquitectura más completa que ha salido de la mano del hombre. Pericles la encargó al ingenio de Calícrates é [Ictino]. La sencillez es la base de su hermosura y magnificencia”.(10)
La capacidad de Guiteras para describir y valorar el arte en sus diversas manifestaciones se consolida con los años y aunque no dejó una obra abarcadora al respecto, su evolución es perceptible en algunos de los artículos que publica para el diario la Aurora de Matanzas. Así, por ejemplo, en 1846, firma con sus iniciales una amplia reseña referida a varios cuadros del citado Peoli (1823 o 1825-1893) pensionado, a la sazón, en Italia. En su esclarecido análisis de la obra creadora, Guiteras manifiesta su interés por el progreso técnico del pintor, una de las personalidades que se sumará, tres lustros más tarde, a su proyecto expositivo, en 1862.
Cada día se ve más palpablemente que no fueron vanas las esperanzas que se fundaron en las […] disposiciones de este joven para la pintura […] Matanzas ha tenido el gusto de acudir también […] al socorro de Peoli, pues en un momento se reunió una buena suma que muestra el gusto e ilustración de los hijos del Yumurí. Se puede decir por fin que la carrera de Peoli está asegurada; tendremos quien anime el lienzo con la májia [sic] de nuestra naturaleza, quien ponga a las vírjenes [sic] del cielo la frente casta y pura de las bellas cubanas, quien retrate nuestras costumbres, quien dé vida en fin á nuestra pequeña, pero interesante historia.(11)
A todas luces Guiteras es un versado en arte que aprecia en Peoli las habilidades que se esperaban de un artista de su tiempo, en relación con el aprendizaje de las enseñanzas de los grandes maestros italianos y de genios españoles como Velázquez. Debe advertirse en estos apuntes la importancia que el autor concede a la necesidad de recrear aquellos elementos de la naturaleza y la espiritualidad insulares. Y es que Guiteras forma parte del grupo de criollos que defiende todo cuanto defina la personalidad y la identidad cubanas. De ahí su interés por alentar la carrera de Peoli y porque este llegue a interpretar por medio del pincel el ambiente y las costumbres del país. Conocedor de las grandes civilizaciones del mundo, pero cubano por sobre cualquier otra circunstancia, Guiteras aboga porque los artistas de la Isla reflejen y den vida en el lienzo a “nuestra pequeña, pero interesante historia”.
Animado por su dominio del arte y por su interés en la educación artística de sus coterráneos concibe la exposición de 1862, a la que se suman varios profesores de Dibujo del colegio La Empresa, que regenteaba conjuntamente con su hermano Antonio. Se desconoce, en la actualidad, el destino que tomaron las obras expuestas entonces. A pesar de ello, el evento subraya la personalidad de Eusebio Guiteras como uno de los cubanos más notables de su tiempo, a la vez que constituye uno de los grandes sucesos artísticos de Matanzas a lo largo de todo el siglo xix La convocatoria había sido divulgada por la prensa desde julio y en ella se solicitaba a habaneros y matanceros su apoyo con obras artísticas de disímiles tipologías: pinturas, grabados y esculturas. La admisión de piezas debía extenderse hasta el primero de septiembre.(12) Peoli había ofrecido su residencia en la capital, para atender a los coleccionistas habaneros que estuvieran interesados en sumarse al proyecto. El pintor residía en la capital desde principios de 1853, fecha hasta la cual se había desempeñado como Profesor de Dibujo de La Empresa.
La exposición se inaugura el 10 de octubre de 1862, en el salón principal del Liceo. En esta fecha la institución estaba ubicada en un inmueble del Callejón de San Severino, sede que mantuvo hasta abril de 1863, cuando fue inaugu-rado su local definitivo, en la Plaza de Armas. La Aurora del Yumurí ofreció una reseña de la apertura, ocupándose funda-mentalmente de lo concerniente a su repercusión como acto social. En cuanto al evento en sí mismo se limitó a ofrecer una escueta información, en la que se mencionan los nombres de algunos de los creadores y coleccionistas que participan en el hecho artístico. “ […] A las doce del día de ayer [viernes 12 de octubre] se verificó la apertura de la exposición de pintura que se había anunciado; asistiendo un número regular de personas […] El golpe de vista que presentaba el salón del mencionado instituto era sorprendente. […] La colección de cuadros que se presentaba á la vista de los ojos de los espectadores no dejaba de ser rica y variada, y en ella podía encontrar el inteligente ejemplos y luz donde satisfacer sus deseos de saber, mientras que el profano en la pintura podía hallar ocasión de recrearse […]“.(13)
Por la publicación puede conocerse que entre las obras expuestas se halla un cuadro al óleo, alegórico a la leyenda de Apolo y Marsías, atribuido a Antonio Allegri, “el Correggio”, pintor italiano del Renacimiento, cuyas innovaciones en el espacio y el movimiento anunciaron el barroco. Esta obra era propiedad de la familia Gener. Otros óleos exhibidos fueron San Francisco, firmado por el también italiano Aníbal Carracci, artista manierista de la etapa inicial del barroco y una naturaleza muerta debida al pincel del español Ramón Bear. El diario cita además Amor y vino, copia del original del flamenco Pedro Pablo Rubens y otra del Correggio, realizada por Odero y alegórica a la figura mitológica de Judith.(14)
Estimado –junto a Pío Alejandro Dubrocq– uno de los pintores significativos de Matanzas en esta etapa, Alejandro Odero Cabrera nace en esta localidad el 21 agosto 1832 y muere en Niza, Francia, en 1896. Algunos exponentes de su obra se conservan en el Museo Nacional de Bellas Artes y en el Oscar María de Rojas, de Cárdenas. Como la mayoría de los artistas de su época, aborda con preferencia los temas del retrato y de la mitología, además de destacarse en la reproducción de réplicas de artistas universales, italianos específicamente. Dubrocq (1809-1874), por su parte, es considerado el primer pintor reconocido de la ciudad.
Resulta curioso que en la noticia de la Aurora del Yumurí no se mencionen las obras originales que se exhibieron en el contexto de la exposición. “Descuido” involuntario del periodista si se toma en consideración la novedad del evento y la desinformación que en materia de arte padecía gran parte de la población yumurina. Sólo hombres como los Guiteras o los Ximeno poseían bibliotecas muy bien dotadas, debido a sus contactos directos con La Habana y con otras metrópolis de Europa y Estados Unidos.
La Exposición será citada en varias ocasiones por aquel diario, incluso después de clausurada. Con motivo de la apertura del Museo Artístico, inaugurado al mes siguiente en los altos del café La Diana, en la Plaza de Armas, hoy Parque de La Libertad, el periódico publica la siguiente nota: “Desde mañana [se refiere al 6 de noviembre de 1862] estará abierta al público, en una de las casas de la Plaza de Armas, el museo artístico del Sr. Caifassi, escultor de reconocido mérito, y autor de la estátua [sic] de Dante escribiendo la Divina Comedia, obra que figuró dignamente en la Exposición de nuestro Liceo”.(15)
En el anuncio de este “museo”, al parecer ambulante, la Aurora del Yumurí afirma que su propietario es un prestigioso escultor italiano ex discípulo de la Academia de Nobles Artes de Florencia, que había trabajado con éxito en Roma, París, New York, San Petersburgo y La Habana. La escultura es la manifestación consentida por este creador que inicialmente exhibió tipos femeninos, representantes de variadas regiones del mundo, todos tallados en cera y a tamaño natural. Una escultura recreando la operación quirúrgica del parto del emperador César, la referida Dante… y Niño dormido (confeccionada en mármol) forman parte de este conjunto, al que debían sumarse nuevos ejemplares en la medida que fueran llegando a la ciudad.(16) Caifassi parece haber sido más un comerciante de arte que un artista en el sentido acabado del término. Indudablemente se trata, a juzgar por los asuntos y los títulos, de un conjunto para atraer la atención. Al parecer, el “museo” del italiano era semejante a uno de esos estáticos gabinetes de cera, que frecuentaron la fisonomía de urbes como La Habana y Matanzas a partir de los años de 1820.(17) De cualquier manera Caifassi es uno de los nombres que se incluye en la nómina de artistas de la Exposición.
Desde su propia concepción, la muestra constituyó un acontecimiento para la ciudad. A los pocos días de iniciada, la Junta Directiva del Liceo, en coordinación con los integrantes de la Comisión Organizadora determinaron que se mantuviera abierta todos los días de siete de la mañana a tres de la tarde y que a la misma podrían concurrir todos los interesados, aún cuando no fueran socios del Liceo. Durante una semana, del 12 al 19 de octubre, los yumurinos asistieron a la primera exhibición de esta índole en los anales de su historia.
Autores y coleccionistas
La primera Exposición de Bellas Artes de Matanzas estará signada por la diversidad de épocas, escuelas y técnicas que en ella confluyen. Un número significativo de paradigmas del arte universal, como los españoles José de Ribera, “apodado el españoleto”, Bartolomé Esteban Murillo, Francisco de Zurbarán y los italianos Donatello y Correggio, interactúa con autores hispanos del momento y con artistas locales. Algunos de los creadores contemporáneos se presentaron con copias del flamenco Pedro Pablo Rubens, figura cimera de la pintura barroca del siglo XVII, del genio renacentista italiano Rafael y del citado Murillo, fundador y primer Presidente de la Academia de Dibujo de Sevilla, estimado un gigante por sus representaciones de La Inmaculada y por su tratamiento del tema religioso en general.(18)
La reproducción de obras de artistas legitimados fue una práctica frecuente en esta época y el arte copista representaba, en general, un alto ejercicio académico en la enseñanza artística de esos años. Los aficionados con talento frecuentemente eran becados por el gobierno o por los mecenas criollos. Se les destinaba casi siempre a Italia, referencia por excelencia para pintores de todo el mundo, que comenzaba a ser desplazada por Francia. En Italia los “nuevos aprendices” debían estudiar a los maestros y ejercitarse como copistas para demostrar sus adelantos pictóricos y poder continuar de esa manera su preparación, antes de retornar a la Isla.
José Manuel Ximeno, el más notable coleccionista matancero del xix, expresa por esta época su descontento con los artistas que disfrutaban de tales beneficios. En carta enviada a José Silverio Jorrín, uno de sus procuradores de piezas artísticas, José Manuel declara: “[…] siempre he lamentado que el brillante y rico modelo de nuestra naturaleza carezca de interpretes en el lienzo, y que nuestros pensionados en Roma, hayan correspondido tan mal a las esperanzas y sacrificios de sus paisanos”(19) Comenzaba la poética paisajística de Esteban Chartrand a cobrar fuerza en medio de un contexto artístico que hasta ese momento privilegiaba géneros como el retrato o las escenas bíblicas y mitológicas. En este sentido, la exposición de 1862 incorpora a los temas tradicionales el de la naturaleza cubana y de otras regiones del mundo.
La variedad estilística y de épocas lejos de atenuarla, reafirma la importancia histórica de esta exposición, cuyos promotores tuvieron la osadía de organizar en medio de un terreno inexplorado. Para historiar el hecho resulta imprescindible el estudio del documento que es expedido por el Liceo el día de la inauguración. Firmado por Santiago de la Huerta, Secretario General Interino de la asociación, el mismo refiere información inédita acerca de las obras que se exhibieron y de sus propietarios. Además del catálogo de la pinacoteca de José Manuel Ximeno, citado en sus memorias por su hija Lola Maria, el realizado por el Liceo para la exposición de 1862 reafirma el rango oficial del evento y puede considerarse, después de aquel, como el más completo documento de su tipo en la Matanzas decimonónica.
Uno de los aportes de este Catálogo de las obras presentadas es justamente el hecho de dar a conocer a personalidades, cuya importancia dentro de los anales del coleccionismo de arte, continuaría siendo ignorada de no ser por la conservación del mismo. Por razones desconocidas, Ximeno no se haya entre aquellos que coadyuvan activamente a la ejecución del proyecto, pero resulta interesante que las 139 piezas expuestas pertenecen, en medida considerable, a otras familias de la ciudad, cuya afición por el arte de coleccionar era desconocida hasta hoy. El listado de los cerca de cincuenta propietarios es encabezado por el historiador y crítico literario Pedro José Guiteras, quien participa con el número mayor de obras:14, cifra que sólo es igualada por un individuo de apellido Querol. Por su parte, Antonio y Eusebio Guiteras, hermanos del anterior, contribuyen con 3 y 2 exponentes respectivamente, de manera que la participación de la familia en el suceso fue primordial, aproximándose en total a la veintena de piezas.
El mayor de los Guiteras había nacido el 17 de marzo de 1814, en la ciudad de Matanzas. Autor de obras como Historia de la conquista de La Habana, Cuba y su gobierno, Historia de la Isla de Cuba y Vidas de poetas cubanos, Pedro José, como Antonio y Eusebio fue un hombre dotado de una cultura enciclopédica. Los contactos con ciudades y museos de diversas partes del mundo y sus excelentes bibliotecas personales permitían a los hermanos Guiteras mantenerse actualizados en relación con el arte y la cultura universales. Pedro José es el único de los coleccionistas que tributa a la exposición con originales de los referidos Ribera, Murillo, Zurbarán y de la Escuela Sevillana.
Considerado el artista del siglo de oro español que más fuertes influencias recibe de los avances estilísticos del naturalismo tenebrista y claroscuro del italiano Caravaggio, Ribera (1591-1652) se inserta en la exposición con el óleo San Francisco en oración, una de sus magnificas interpretaciones de la vida de santos. Cultor también del tema religioso, imperante en su tiempo e intérprete aventajado de las enseñanzas de Caravaggio, Velázquez y del propio Ribera, Zurbarán (1598- 1664) es conocido por los matanceros a través de su versión de San Francisco en oración, mientras que un óleo alegórico al niño Jesús, es la obra - estéticamente más tierna y humana- que rubrica la poética de Murillo (1617-1682). Maestros en el manejo de las luces y sombras, los cuadros de estos grandes del barroco español se conservan en las pinacotecas de museos como El Prado, el de Bellas Artes, de Sevilla y en algunas de las valiosas colecciones de El Louvre, El Ermitage y otros museos internacionales.
El arte italiano ocupa un lugar significativo en la exposición, particularmente por las numerosas copias que de él se exhiben. A estas se suman varios originales de creadores de la dimensión de Donato di Niccolò di Betto Bardi “Donatello” (1386-1466), estimado el escultor más auténtico del renacimiento italiano. De este se muestra en el Liceo matancero una Cabeza de San Juan Bautista, estudio en terracota, propiedad de la familia Gener. Otro de los artistas italianos incluidos es Jacopo da Carucci, “Pontormo” (1494-1557), que trabajó esencialmente en Florencia. Su estilo se caracterizó por las formas alargadas, la emoción exaltada y la tensión entre las figuras y el espacio. De inspiración manierista, algunas de sus obras pertenecen a museos de Inglaterra e Italia, entre otros. De Pontormo, los matanceros tuvieron oportunidad de apreciar El descendimiento del Señor, copia de Andrea del Sarto y propiedad también de la familia Gener.
Asociado al primer manierismo toscano, Parmigianino (1503-1540), supo trasladar a este estilo los modelos renacentistas de Miguel Ángel y Rafael, a la vez que asimila el clasicismo del Correggio. Su óleo Sacra familia es la obra que se exhibe en el ámbito de la exposición matancera. Seguidora del arte italiano, la familia Gener es también en este caso la propietaria de la obra y a ella se deberá la inclusión en el conjunto de otros artistas de esa nación, tales como Aníbal Caracci y Hércules Morelli. Por su parte, el pintor Alejandro Odero colabora con un retrato al óleo de Gordigiani, de su colección personal.
El pintor y escultor italiano Morelli (1821- 1859) estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Lucas. Por sus ideales se le expulsó de su país y marchó a Francia, país que escogió como exilado, en virtud de su amistad con el también creador Guillermo Colson. En febrero de 1855 llega a Cuba y en La Habana Miguel Aldama le encargó la ornamentación de su Palacio (en la actual esquina de Reina y Amistad). Poco después, obtuvo por oposición en 1858 la dirección de la Academia de San Alejandro con una pintura titulada Una dama que da limosna a un mendigo. Su personalidad ganó la simpatía de los cubanos. Elogiado por el notable polígrafo Antonio Bachiller y Morales, Morelli murió tempranamente en la capital de la isla.
Próximo número: Segunda Parte
Otros artistas representados
Cuba e Hispanoamérica en la Exposición
Valoración general |
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Obras del pintor y grabador norteamericano Elías Metcalf |
Por su parte, el arte francés está representado en la exposición por dos importantes escultores: James Pradier, de origen suizo (1792-1852), Clésinger (1814-1863) y por el citado pintor Juan Francisco Guillermo Colson (1785 o 1792-1860). El primero, deudor de los cánones del clasicismo, y portador a la vez del sentimiento romántico de su tiempo, representó como escultor “el gusto medio de la época del ‘rey burgués’, con su arte terso y de técnica perfecta, pero frecuentemente amanerado y, en ocasiones blando y licencioso”.(20)
La consumación de la poética de Pradier se halla en sus seductoras figuras femeninas, si bien creó también magníficos bustos de personajes famosos. A él se deben Las Doce Victorias del sepulcro de Napoleón, así como Las Cuatro Famas del Arco de la Estrella. Obras suyas se conservan en el Museo del Louvre y en otras colecciones galas, así como en el Palacio de Invierno de San Petersburgo. La caza y La pesca, realizadas en bronce son las piezas de Pradier que prestigian la exposición, mientras que Clésinger es conocido por los matanceros a través de La estrella de la mañana. Esta escultura era propiedad del naturalista Francisco Ximeno, hermano de José Manuel y creador del primer Museo de Ciencias de Matanzas.
El también músico, Colson (París, 1785- Idem, 1860) fue discípulo del pintor David y en 1812 obtuvo un primer premio en la Exposición Nacional de Pintura, celebrada en su ciudad natal. Vencido el bonapartismo, Colson emigró a La Habana y aquí estableció una Academia de piano donde puso en práctica sus conocimientos musicales. Obtuvo por oposición la cátedra de Colorido en San Alejandro y posteriormente la dirección, en 1836. Regresó a Francia en 1843 y allí obtuvo el nombramiento de Pintor del Palacio de Versalles. Durante sus años como Director de la escuela habanera se adquirió una colección de cuadros valiosos, donados por el Príncipe de Anglona y el por el destacado cubano Francisco de Arango y Parreño. En la isla, Colson pintó varios cuadros, entre ellos Filomeno y Boscio ante Júpiter, la Visión de San Francisco y paisajes como El valle de Yumurí (aún por localizar). En las galerías de Versalles, en París, se conservan algunos de sus cuadros sobre batallas napoleónicas.
CITAS Y NOTAS.
(1) En febrero de 1855 Pedro Esteban Arranz es nombrado Gobernador Político y Militar de la ciudad y la jurisdicción matanceras, en sustitución del Brigadier Ramón Conti. Durante su mandato, que dura hasta el 20 de junio de 1862, la localidad experimenta un notorio crecimiento urbanístico y artístico.
(2) Personalidad poco investigada por la historiografía tradicional y contemporánea, Rafael del Villar trasciende por una elocuente razón. Director del Liceo en los momentos de su gestación, es el primer matancero en expresar públicamente el sobrenombre de “Atenas de Cuba”. Ello aconteció, durante la inauguración de la asociación, el 17 de febrero de 1860.
(3) Inicialmente se gestaron las de Literatura, Música y Declamación, a las que se sumaron posteriormente la de Ciencias y otras.
(4) Para un estudio abarcador y pormenorizado del tema resulta indispensable la consulta de la monografía de Urbano Martínez Carmenate Colecciones de Arte en Matanzas. (Siglos xix y xx). La Habana. Inédito.2002.
(5) Urbano Martínez Carmenate. Ob.cit.p.37.
(6) Ibídem.p.38.
(7) Uno de nuestros educadores más notables, Eusebio Guiteras redactó libros de textos de Gramática, Lectura y Religión. Con ellos fueron instruidas varias generaciones de cubanos. El de Lectura Graduada estaba adaptado a tres épocas de la niñez y fue reeditado en varias ocasiones. Colaborador de disímiles publicaciones nacionales, Eusebio se destacó como traductor de latín. Es el autor de Un invierno en Nueva York, Guía de las Cuevas de Bellamar y Dos matanceros en las pirámides.
(8) Eusebio Guiteras. “Relación de un viaje por Grecia”. En: Archivo Histórico Provincial de Matanzas. Fondo Personal de la Familia Guiteras. Original manuscrito.s/p.
(9) Idem.
(10) Idem.
(11) Aurora de Matanzas. Matanzas, 8 de septiembre de 1846.
(12) Aurora del Yumurí. Matanzas, 25 de julio de 1862.
(13) Aurora del Yumurí. Matanzas, 11 de octubre de 1862.
(14) Las obras de Allegri, Odero y otras de Ramón Bear son mencionadas por la Aurora del Yumurí, del propio 11 de octubre de 1862.
(15) Aurora del Yumurí. Matanzas, 4 de noviembre de 1862.
(16) Idem.
(17) En su mencionado estudio sobre las colecciones de arte en Matanzas, Martínez Carmenate señala que la primera exhibición confirmada de un gabinete de este género en la ciudad data del año 1826. Ob.cit.p.31.
(18) Murillo es el artista español que más lejos llegó en el tratamiento del tema de la Inmaculada Concepción, aceptándose sus códigos formales como una suerte de definición para todos los pintores que lo abordaron. Sus versiones se destacan por la gracia juvenil, el rostro amoroso de la Virgen, el vuelo de los ángeles que la rodean y la peculiar disposición de las manos. Algunos de estos lienzos de La Inmaculada se pueden contemplar en el Museo del Prado y en el Bellas Artes, de Sevilla, donde se localiza una de las pinacotecas mejor dotadas de España. Desde el arte medieval hasta el siglo xix, la institución hace un recorrido por la pintura española, poniendo énfasis en las grandes figuras del barroco hispano como Zurbarán y el propio Murillo. Las representaciones de santos de éste reflejan sus deudas con el realismo imperante en el arte religioso del siglo xvii, de ahí su propensión a tomar como referencia auténticos personajes españoles de la época. En el siglo xix las obras de Murillo alcanzaron gran popularidad e influyeron en varios artistas.
(19)Tomado de Dolores Maria Ximeno Cruz. Aquellos tiempos... Memorias de Lola María. Habana. Papelería “El Universo”. Tomo I. 1928. pp. 345-346.
(20) Karl Woermann. Historia del Arte en todos los tiempos y pueblos. Barcelona: Montaner y Simón,1963.Tomo Sexto.p 125.
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