CERNUDA Y BALLAGAS. Elegía marina o
los jóvenes sin nombre

Para éstos días en que que el tiempo marca esa lejanía acercadora que son los centenarios, Emilio Ballagas sigue entre nosotros y pienso que mucho más debía estarlo. Lo digo sintiéndome insatisfecho aún de prólogos, críticas, estudios a que ha sido sometido y que no siempre han estado a la altura del real merecimiento. Cuánto de él habría que decir como uno de los más grandes e indiscutibles poetas cubanos. Cuando se hable de poesía de amor cubana nadie puede obviar, entre los más geniales, los textos de este camagüeyano. Quizás el prólogo de Enrique Sainz para la reciente antología de Letras Cubanas sea uno de los trabajos mas oportunos y que parece hacer justicia en tal aspiración.
Todavía adolescente me acerqué a la obra de Luis Cernuda guiado sobre todo por un intertexto, una cita: "Qué importan a mi vida las playas de este mundo /es ésta solamente quien clava mi memoria" y la búsqueda desde ese soberbio poema "Elegía sin nombre", de Emilio Ballagas, me llevó a descubrir la procedencia y el autor. Como es de suponer integraría después esa especie de afiliación que exigen algunas obras a todo quien las encuentra.
¿Quién era aquel hombre de verso casi indómito, desenfadado, categórico? ¿Qué más habría escrito aquel poeta de amatoria definitiva, irreversible?
Era pues un español nacido en Sevilla en 1902 y que vivió mucho tiempo en México hasta su muerte ocurrida en 1963.
Entonces para mí la primacía de Ballagas en cuanto a la libertad de discurso y autoridad de la metáfora era casi absoluta. Aunque realmente casi antecedida, la vi ahora felizmente prolongada, al volver los ojos a la obra del otro, y nada tan revelador sería como el texto "El joven marino."
Siempre he considerado que las buenas influencias son necesarias hasta en el propio hecho de lograr la originalidad, es como una ley en la que todo lo primario no es más que una extensión de otro suceso, como una zona develada y a la que asistimos con el asombro de la vuelta, deuda de imagen como un ciclo compensatorio que define la creación en el tiempo, el tiempo del buen hacer, entiéndase. Pudiera ser la conformación, la fragua, la aprehensión de un estilo o como quiera llamársele toda vez que se haya hecho bien y se logre.
Lo bueno es siempre original, aún con las paralelas de otro cuerpo y otro espíritu. Cuando una forma que ha deleitado se extingue, otra debe gestarse para no privar al mundo del acto. Cuando alguien ha tenido la posibilidad de transmitirnos con acierto ese difícil hecho de hacer la poesía, estamos en la obligación de continuar al menos el intento, de dilatar el acercamiento.
Algo de esto hay en "Sabor eterno" de Emilio Ballagas y específicamente en "Elegía sin nombre" con relación a "El joven marino" del genial Luis Cernuda. Sin dudas, ambos pretendieron y lograron una suprema intención en sus extensos poemas:
La vida, el amor, enlazados con otro elemento; el mar, un mar elevado a la categoría de "humano", de "ser vivo".
Es obvio que el poeta cubano, al citar versos de "El joven marino" en su poema, es porque aquel le antecede. Con tendencia vanguardista, Emilio Ballagas omitió los signos de puntuación en la primera edición, de lo que parece retractarse luego en posterior publicación donde si utiliza estos recursos . Aparecería el poema con la cita de marras y otra de Walt Whitman.
"Elegía sin nombre" es por así decirlo genuinamente cernudiano, como podría resultar igualmente ballaguiano "El Joven Marino" para quien desconociera su primacía. Y es que el camagüeyano no se limitó a una burda imitación, sino que rehizo, creó con recursos propios (que por cierto eran muchos) lo que Cernuda hiciera desde un estadío primario. Lo que sí es probable es que Ballagas, acaso impresionado por el esplendor de aquel texto, produjera entonces el suyo.
Es "El joven marino" un drama de vida, amor y muerte donde predomina una imagen que desde el primer verso-estrofa parece advertirnos su predominio de gran símbolo: "El mar, y nada más." Este poema con resonancias de canto (y no precisamente por estructuras rítmicas, ni combinaciones fónicas, pues Cernuda es un poeta de libertades formales) posee la permanencia melódica de un antiguo coro enviándonos una audiencia que el oído humano necesita, recibe. "Tu cabello seguía la invocación frenética del viento" nos dice en un verso de perfección indiscutible. La imagen cinética como recurso del movimiento está presente en esta acuarela marina, donde los seres están, transitan, respiran su condición vital.
Esta feliz analogía entre ambos textos me llevó a intentar una pequeña comparación, una indagación de sus cercanías poéticas, de sus recursos establecidos.
Veamos pues, y vuelvo a repetir no cómo uno abordó, trató el tema o el tópico del otro, sino cómo ambos utilizan códigos similares sobre todo en la conformación del estilo a través de todo el discurso e incluso hasta el mismo final en sendos poemas.
Ambos textos son aguadas marinas que inundan con su azul intenso y su personalizada arena a la que Ballagas nombra como "descalza arena" y Cernuda "olvidadiza arena" y "arena perezosa". Tal debía ser el efecto a la vista de los jóvenes escritores paisajes de una playa cubana y de otra posiblemente encontrada en el hemisferio sur en el peregrinar del español.
Cernuda nos asegura del mar su condición vital, "Quién podría vivir en la tierra/ si no fuera por el mar.../ y esto es casi un leiv motiv en el poema. La preeminencia de la materia líquida que ama, posee y al final desposa al joven con su abrazo de muerte. El mar-persona, el mar-amante posee vida, por tanto existe y con esa vida palpita únicamente debajo de un pecho: "barcas resbaladizas sobre el pecho del mar" nos define Cernuda su mar de pecho transitable, "Yo quería amarte con un pecho parecido al del agua" dice el poeta cubano para ofrecer un amor sustentado corpóreamente en el ángulo del cuerpo bajo el cual late el corazón del hombre; el pecho como símbolo de pureza; ambos recurren así a una misma traslación del sentido.
Podemos hablar entonces de "los jóvenes sin nombre," protagónicos en ambos poemas de esa aparición eternizada por sus autores. Así encontramos el tratamiento, la descripción del rostro, y nos percatamos en este elemento que tal definición es cuando más breve, fugaz visión de un gesto. "Con esa indiferencia que levanta las cejas" dice Ballagas, "El desdén esculpido sobre los labios duros" nos refiere Cernuda; una expresión denota indiferencia dada por una parte del rostro: las cejas; la otra la define el desdén, una condición casi sinónima e inherente a la indiferencia y dada en este caso por otra parte del rostro: los labios; nótese qué líneas marcadamente escultóricas y coincidentes en altivez, en arrogancia. Dos semblantes soberbios sin duda, se ofrecen y responden únicamente a esa especie de quieta adoración, deseo refrenable, y es que precisamente de los dos textos parecen emanar devociones no retribuidas, no correspondidas o sencillamente imposibles. La esencia de los poemas no es la ineludible consumación del deseo carnal, es más bien la plenitud de ese transcurso amoroso, la posibilidad de cantarlo, de vivir la impostergable contemplación como si a sólo eso aspiraran.
Otro elemento al que hacen alusión, la piel, aparece sugerido por una simple pincelada del verso y ambos con un mismo fin; la tonalidad dorada; la piel tostada de quien hace vida en el mar y bajo el sol "tus quemadas carnes" es el verso de Ballagas, "el negro diamante de tu piel" es la imagen cromática de Cernuda; todo ello nos da una referencia a la belleza idealizada del tropicalizado Apolo: "Que ya no puedo más con tu belleza dentro" y "Aunque tu bello cuerpo reposara tendido" en Ballagas, dice Cernuda, "Y aquella remota belleza" y "Arrastrando las olas de tu belleza", claman respectivamente, exacerbados de plenitud, los versos de ambos y tienen de fascinación la divinidad ante los ojos y, en los dos, latente, la perfección física como complemento del concepto clásico de "lo bello".
A estos deslumbramientos confesados no les basta la revelación honda, humanamente superior de su verdad. En apenas dos o tres versos las voces de uno y otro parecen proscribir el ansia en un balbuceo que exige más que la insuficiente acción de confesarlo, la irreemplazable necesidad de expresarlo y de ser escuchados.
En "Elegía sin nombre" el poeta nos advierte su ilimitada pasión en sencillos y elevados versos: "Te estoy queriendo más/ te estoy amando en sombras"; no menos absoluta es la confesión de Cernuda: "Yo te adoraba(...) más que al mismo amor, más, ¿me oyes?" Y estas verdades dichas tan desnudas y tremendas, sobrecogen por su fuerza, su pasión casi mística.
La referencia al cuerpo humano es otra visión de características coincidentes en los poemas. En ocasiones es un todo íntegro, una traslación totalizadora de la silueta a un símbolo elevado, casi inalcanzable; la columna: "Era tu cuerpo alegre (...) mástil, columna.." Nos dice Ballagas, "En tu cuerpo cifrado como feliz columna" dice Cernuda. Pero la descripción anatómica del cuerpo vuelve a traer matices escultóricos para las visiones de los poetas: "El pecho y los hombros dilatados/ sobre la armoniosa cintura" son los versos del español, "cabeza libre, hombros/ pecho/ muslos y piernas estrenadas", conforman la estructura corpórea en la línea escultórica de Ballagas. Ambos poetas, en el caso particularizador de la descripción, cincelan las partes, resaltan los componentes que definen la armonía formal del cuerpo. Como en toda obra de excelente factura literaria, hay versos en ocasiones tan hermosos como extraños. Es cuando la capacidad reflexiva, asociativa del poeta, es capaz de abstracciones o aproximaciones insospechadas. Sucede con dos imágenes en ambos poemas relacionadas con las sensaciones auditivas y dos definiciones de una hora del día, la tarde.
Si bien en el caso de las primeras, referidas al sonido, difieren en el sentido de su origen, su consecuencia final es la misma, la proyección o emanación del sonido musical desde elementos incapaces de producirlo espontáneamente; las hojas de un árbol en Ballagas ("Como un árbol que crece con musicales hojas") y los miembros del cuerpo humano en Cernuda ("Como al tornasolar la vida tus miembros melodiosos") y que a la postre provocan esa inusitada atribución de posibilidad surrealista y valiosa metaforización.
Plasmar el tiempo, una hora determinada del día se hace necesidad en casi todo poeta. "El joven marino" y "Elegía sin nombre" transcurren al atardecer. Veamos la originalidad de estos escritores hispanos en tal definición:
"Porque antes de que el Sol terminara su escena/ y la noche moviera su tramoya de sombras" es el resultado tropológico de Ballagas para definir su atardecer. Luis Cernuda también nos define, primero en forma directa, luego, en el otro verso, el comportamiento intuitivo de las aves ante la inminente retirada de la luz: "Era el atardecer. Las aves del día/huyeron ante el furtivo pensamiento de la sombra" y así logran diferentes pero inequívocos ocasos frente a un mar que oportunamente despide el día.
Sin dudas estos poemas de los autores de La realidad y el deseo y Sabor eterno son de algún modo trágicos. Aunque "Elegía sin nombre" no expresa una muerte inminente, Ballagas cierra el poema refugiándose en la misma, ella le nutre de su lóbrego fluir, paradójicamente le sustenta contra esa renuncia, contra ese abandono:
"Los pechos de la muerte me alimentan la vida"
Nos dice dándole al texto el cierre final que de todas formas le acerca a "El joven marino" donde sí se advierte desde sus inicios el funesto desenlace. Solución que por cierto incide de tal forma en el estado de ánimo del propio poeta, que propone su autodestrucción: "Así tu muerte despierta en mí el deseo de la muerte/Como tu vida despertaba en mí el deseo de la vida". Pero como se observa hay en los dos una relación muerte-vida donde ambos conceptos desde su antítesis se corresponden, se tornan causa y efecto o a lo más mera compensación.
El recurso de la reiteración parece buscar una mayor fuerza a la intención del discurso poético, en Cernuda, en el segundo verso la utiliza: "Insaciable, insaciable" y casi finalizando el poema también: "No a estas horas/no a estas horas de tregua…" Con mayor presencia aparece esta solución poética en Ballagas: "canción inútil/ siempre, inútil, siempre inútil,/inútilmente siempre" .
La presencia en ambos textos de animales cercanos al hombre, domesticados y nobles, parecen caracterizar los ambientes con cierto costumbrismo latente, si bien en Cernuda son "los luminosos bueyes fulvos" que tiran de las cargas por las soleadas salinas, es en Ballagas la soledad del ser que deambula con la sombra como única compañía y que perfectamente se le antoja como un "perro de sombras" signado por su docilidad. Por supuesto que salpican estos cuadros otros animales caracterizadores de la fauna marina como son las gaviotas y más en el español que nos ubica el albatros y los hipocampos, mientras que en el cubano, las extraviadas palomas. Las particularidades de estos poemas también los hacen coincidir en el sentido íntegro del producto literario. Son dos textos elegíacos de los que no puede prescindir nunca la poesía hispana.
"El joven marino" del español Luis Cernuda y "Elegía sin nombre" del cubano Emilio Ballagas, tienen esa condición inmanente de la relectura, de la búsqueda, llevándonos siempre a un descubrimiento y a un especial asombro. "Qué importan a mi vida las playas de este mundo /es ésta solamente quien clava mi memoria", sigue siendo cita obligada en lo mejor de la poesía amorosa. En un texto imprescindible de la escritora Lina de Feria, su "Poema a Gala", aparece también este intertexto. Una invitación de Lina, una nueva incitación a otros para que como yo indaguen el origen.

Retorno de Ballagas / Lina de Feria

Ballagas y la poesía nueva / Luis Álvarez Álvarez

La poesía nueva / Emilio Ballagas

Emilio Ballagas descifra a Serge Lifar / Roberto Méndez

Ballagas en persona / Virgilio Piñera

Como un otoño en la memoria / Luis Lexander Pita

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Gracias, mi admirado Emilio Ballagas, por los poemas de Sabor eterno. Siempre lo he seguido con devota atención.

Alfonso Reyes

 

Querido Emilio: Recibí tu hermoso poema “Nocturno y elegía”, en el que la edición, impecable, hace más vivo el placer de la lectura. El tono romántico, tan punzante, está diciendo a todos como, a veces, el camino más lento y difícil, el de la autenticidad, es el único.

Octavio Paz

 

Ahora, antes de sentarme a escribirle, he leído esa “Elegía sin nombre”, un suspiro encendido toda ella, colmada de versos definitivos.

Jorge Mañach

Revista Matanzas. Revista Artística y Literaria

Ediciones Matanzas, Cuba, 2008