Martí biógrafo, de Luis Álvarez ,Carlos Palacio y Matilde Varela
Ediciones Oriente, 2007

Triunvirato analítico de un
biógrafo-poeta

Martí, biógrafo es un libro que alcanza la categoría horaciana de dulce et utile, pues con lenguaje transparente y una estructura sencilla, hecha a pequeños epígrafes, nos despliega el complejo mapa de la semblanza o retrato biográfico en la periodística y oratoria de José Martí. Piénsese que estamos hablando de cientos de páginas dedicadas a la biografía breve, repartidas en personajes cubanos, latinoamericanos, norteamericanos y europeos que tres pacientes investigadores agrupan, asocian e interpretan. El texto se conforma a partir de las tesis doctorales de Carlos Palacio y Matilde Varela sobre los retratos norteamericanos y latinoamericanos respectivamente, así como la labor tutorial y rigor investigativo de Luis Álvarez. Si cada uno hubiera mostrado sus méritos investigativos por separado, tendríamos hoy tres estudios parciales sobre el retrato martiano que, al no emplear toda la muestra, no podía exponer una poética o teoría literaria de la misma. Por suerte, esto no ha sucedido, y tenemos hoy un libro robusto, completo y macizo sobre un tema que había sido tratado a retazos y ahora emerge con el análisis y profundidad que merece.
Sin embargo, el estudio es piedra de apoyo y base inicial de un campo temático más amplio. Sólo analizan aquellos textos autónomos que tenían un cierto orden canónico o regla de oro narrativa. Quedan sin ver una multitud de personajes que Martí registró en más sintéticas miradas, a veces, más pequeñas que un párrafo, o relámpagos de vidas que alumbraron sus crónicas, sus diarios de viajes, sus apuntes, sus poemas; incluso, falta profundizar sobre aquellos retratos de colectividades que hiciera Martí, no sólo de nuestro pueblo y de la emigración cubana, sino de las diferentes culturas y nacionalidades que se topara en ciudad tan polifónica como Nueva York. El ser humano es una obsesión para el Apóstol, le abre el cráneo con sus ojos y le llega hasta la invisibilidad del alma con su genio artístico, tanto el héroe desconocido, el bandido o el sublime personaje no paran de danzar en la amplia cúpula de su frente y en el torrente discursivo de su escritura.
Como Martí estaba impregnado de la noción de “universo” todo aquel que lo estudia ha de seguir su impresionante red de conocimientos, es por ello, que en la pesquisa de los modelos de la biografía martiana, que es la primera parte de este estudio, se obtiene una historia mínima de la biografía desde sus orígenes hasta la segunda mitad del xix. Y es entonces que se alumbran las asociaciones, Tucídides fue uno de los primeros en colocar en su texto la propia voz del retratado, algo tan del gusto de Martí; y en las vidas que registra Tácito emerge la manera de hallar las causas triviales detrás de la mayoría de los grandes conflictos del hombre; en Suetonio aparece un resumen del personaje que Martí muchas veces condensó en un párrafo; mientras Plutarco le mostró la forma de manejar dos figuras al unísono, el estilo del mosaico y la importancia de la eticidad de los retratados. De Juan de Castellanos bebió las primeras biografías en verso de tema americano; y ya en el xix aparece Tomás Carlyle que expone sus categorías de héroes y que junto al texto Hombres Simbólicos de Emerson, fueron fundamentales para la sublimación de hombres en Martí. Paul Bourget, por su parte, le modela cómo no se han de esconder los errores en vida de los biografiados y la manera en que se lleva al periódico un género canonizado en libro como es el caso de las biografías.
Después que pasemos el umbral del estudio teórico-referencial la lectura fluye con provecho pues nos sentimos que estamos con la barca y el remo necesarios para el viaje del libro. Incluso, el obstáculo teórico, que siempre exige una especial atención del lector, y que en el caso de este estudio es el manejo de la heteroglosia o plurilingüismo narrativo extirpado de la teoría de la novela de Mijaíl Bajtín, y emplastado en la semblanza martiana como rasgo de modernidad narrativa en su prosa, es explicado con sumo detalle de manera redundante y ejemplificada y que será perdonado tanto por el que ve a la teoría como un trago amargo que llena de nomenclatura y pensamiento metódico a un tipo de creación libre, muchas veces inconsciente y caprichosa como la literatura o aquellos teóricos esgrimistas que no ven con buenos ojos que, una teoría tan monumental como la de Bajtín para la novela, se utilice a trozos para fundamentar otro género literario que no tenga la libertad expresiva de ésta. Lo cierto es que Martí fue un constante innovador de sus semblanzas, y no sólo hizo que emergiera la voz del retratado y otras voces fuera del autor, sino que en ocasiones la vox populi o una voz extraña, difícil de precisar, irrumpía para dar su caracterización en estilo totalmente diferente al autor. Lo que hace imaginar al cubano universal como un mirón o recolector humano de voces y gestos, fuente alternativa y eficaz de cultura.
Pero de todo ese fastuoso mural de personajes que se cruzan y entrecruzan en los comentarios analíticos de estos investigadores, resalta el dinamismo contradictorio de la expresión martiana, siempre en función de una ambivalencia, de un equilibrio de fuerzas. No hay géneros literarios para él, más bien estilística diversa para los variados contextos y tipos de receptores. Todavía en él está el conflicto cervantino entre novela e historia. Más que ficcionalizar o hacer “verdad de las mentiras”, gusta de hallar lo poético en el hecho tangible. Hacer arte del mosaico librísimo que arma de vidas reales. La biografía, que está a caballo entre la literatura y la historia, se presenta idónea para ello. Thiers masacró la Comuna de París, sin embargo su obra de historiador alimentó la noción de héroe apostólico que tenía Martí, a la que añadió el arquetipo cristiano, y su categoría de homagno tiene la humildad y el sacrificio como premisa y no desdeña las condicionantes sociales ni el factor “pueblo”. Al estilo socrático busca una utilidad para alcanzar lo bello: estudiar a los generales norteamericanos y latinoamericanos, la propensión natural que tienen ellos hacia el caudillismo y hacia la confusión de poder civil y militar, le sirve para entender a los militares que había de agrupar y unificar para la independencia de su patria. En los retratos va subrepticiamente el autorretrato, y en ellos, el sacrificio, la fuerza de voluntad y gloria contenida se vuelven motivos recurrentes. Los análisis del libro develan la vivacidad de la escritura martiana y una dualidad perenne entre estética y ética. Así aparecen los contrastes románticos en la semblanza de Nicolás del Castillo, la sátira en Sagasta, la sublimidad en Cecilio Acosta, la ambivalencia de criterios en Grant y Páez. Y ante tal oposición de caracteres y estilos de los propios retratos martianos se antepone como escudo la frase de Whitman que acertadamente aparece en el texto: “¿Acaso me contradigo?, pues, muy bien, me contradigo; contengo multitudes.”


David Leyva González

Insomnios de Nayris / Yanira Marimón

Las corrientes inasibles de Leymen Pérez / Geovannys Manso Sendán

Los puentes de Urbano / Eduardo Marrero Cruz

Del cielo al infierno. Una historia de salón / Helga Montalván

Noticias de Lien y Rey / Alfredo Zaldívar

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Revista Matanzas. Revista Artística y Literaria

Ediciones Matanzas, Cuba, 2008