XVII Salón Provincial Roberto Diago, Matanzas 2008.Galería de Arte Pedro Esquerré


Del cielo al infierno: Una historia de Salón

El Salón Roberto Diago se concibe como el suceso más importante de la plástica de la provincia Matanzas, como todos los salones provinciales del país. Atendiendo a este precepto se organiza desde el Centro Provincial de Artes Visuales toda una red de acontecimientos a instancias del salón competitivo, centro de todo el proceso. Estos convergen en la idea de propiciar un acercamiento a lo experimental, a los discursos artísticos de lo contemporáneo y al quehacer artístico que más se valida en el ámbito local y nacional.
Inaugurado el 6 de marzo de este año ante un público ansioso por constatar la puesta en escena de las obras, ya usualmente demandantes de una infraestructura sustentada en lo tecnológico y de una creatividad en la producción y montaje de la exposición; este primer momento de gloria para muchos otorgó premios(1) que se caracterizaban por una mirada inusual al entorno urbano y socio ideológico. Artistas jóvenes que interceden desde una voluntad de respuesta a los eventos del medio, provocaciones que responden a las instancias de lo cotidiano entendido en lo urbano a partir de los niveles de lo físico, y la estética de los medios de comunicación. Advirtiéndose además un deseo de incidir verticalmente en el entorno público en el pretexto de sus propios detonantes, esto en los modos de intervención, instalación, esculturas y murales; todo lo cual revitaliza el panorama y amplia hacia la escala urbana la propuesta del salón.
Sucesivamente, tuvieron lugar dos conferencias necesarias que aportaron interpretaciones de los caminos que toma en lo contemporáneo el arte cubano, a partir tanto de las estrategias del campo de lo artístico como de sus propias obras, temas tratados agudamente por Frency Fernández y Dannys Montes de Oca, respectivamente. Además de la exposición personal de Sandra Ramos que manipulaba digitalmente el grabado y la fotografía a modo de collage inaugurada en la Sala Polivalente del Centro Provincial de Arte, la personal del escultor Eulises Niebla presentada en la Escuela Profesional de Artes Plásticas, la necesaria exposición de grabados sobre diversos soportes y los objetos de William Hernández en el Museo Farmacéutico y una exposición colectiva de Osmany Betancourt, Edel Arencibia, Juan Carlos Balseiro, William Hernández, Kcho, entre otros, aunados en el pretexto de rememorar los años de estudio con el catalizador que supone la oportunidad del trabajo en el Taller de Cerámica de Varadero y que tendrá lugar a finales del mes de marzo en el Museo de Arte de la ciudad.
Otro acontecimiento de vital importancia quedaría en las manos del Evento de Crítica e Investigación, de frecuencia bienal, que aportaría los últimos temas y análisis de nuestro panorama que ofrecerían estos saberes.
Pero una cosa es lo que se quiere y otra el cómo hacerlo funcionar y florecer.
El Salón Roberto Diago viene en esta edición a definir un síntoma que se anuncia en nuestra plástica desde hace unos años y que va más allá de la eterna culpa de la comercialización. Este tiene que ver con la calidad de las piezas admitidas que como toda suerte confirma las múltiples caras de la moneda al hacerla girar. Por una parte resulta refrescante y hasta alentador la presencia de los llamados nuevos artistas o recientes promociones, lo cual amplia significativamente el espectro de los modos de hacer la obra artística y a partir de este, una revitalización del discurso que se muestra comprometido en su zona de acción y su momento.
Estos modos de respuesta al contexto, que fungen desde una mirada no excesivamente criticista, toman partido por los sucesos que aparentemente construyen el ideal de la ciudad y entonces se erigen a partir de la noción del continuon estético, como sucede con Maquillaje(2) (primer premio del salón) y la reedición del Guernica(3) , estrategias de evidenciar una denuncia de la inoperancia de tales medios en la realidad inmediata.
Por otra parte, se advierten intenciones de establecer diálogos con condiciones tecnológicas y sus relaciones con lo massmediático y las producciones que se mueven underground. Obras como Demogracia(4) y Striptise(5) serían representativas de este sentido, solo que en su concepción adolecen de una consolidación de los modos en que este se concretiza y libera para poder propiciar un acceso a todos los códigos que intentan establecer.
Por demás, se advierte una voluntad de diversificación de discursos, unos más usuales que otros pero en definitiva disímiles. Valdría la pena acotar la miopía respecto a determinadas obras que aparentemente pasan inadvertidas. Esto es difícil de concebir con obras como Cuba de fiesta (reprise) y Il Conseglieri. El primer caso, pieza de Alexander Lobaina, nos sigue engañando a todos: público y críticos estudiosos, que se quedan en la impresión de lo reiterativo sin concebirlo como signo de la idea y que en este hacer particular supone el despliegue, si es que puede decirse, de lo hermenéutico, escaramuza que hace posible el efecto de un discurso agudo que atañe a la realidad socioideológica de lo cubano. Con Il Conseglieri, de Ariel Balmaseda, es todo un juego con las vocaciones de la memoria que producen los animados vistos por todas las generaciones infantiles y desde una posición lúdica genera no pocas asociaciones; este sentido pienso que es uno de los momentos válidos de la exposición resultante, aunque intuyo que podría haber alcanzado una presencia más afirmativa.
Las otras tantas perspectivas de esta moneda en pleno giro que es el Salón, no salvan la generalidad del nivel que se instaura. Quedan en el plano de la mera intención que no cuaja en una obra determinante por sí misma, esto a pesar de la calidad de artistas también presentes en la muestra como Nadal Antelmo y Abigaíl González, de los que no hay duda alguna de la solidez de su obra, y salvando la enseñanza magistral de Fundora, quien viene a demostrar que lo fundamental siempre está en el hacer.
Este síntoma del quedar en la mera intencionalidad que evoca el discurso artístico y no su rotunda factualidad habría que buscarlo en el deterioro de la base metodológica y teórica que genera a estas nuevas promociones, del escaso diálogo entre artistas de distintas generaciones de más experiencia, pues es necesario el conflicto para el desarrollo; y de estos con la información sobre los criterios estéticos y artísticos de los múltiples momentos ya históricos, y de la actualidad, pues aunque todos seamos un poco genios, es insólito pensar que este se hace solo.
Otra arista concerniente a los dos lados de la producción misma de la exposición: artistas e institución, estaría en la impronta tecnológica necesaria para sustentarlo en el período de la muestra, aunque esta vez no se necesitó de equipos de excesivo difícil acceso. Las obras admitidas demandaban de seis videos permanentes en sala y solo fue posible la constancia de tres, lo cual disminuyó la oportunidad de al menos dos obras, sin llegar a la necesidad imperante de contar con lectores de dvd-vcd, formatos en los cuales muchas de estas fueron presentadas. Además de la necesaria preparación del espacio físico en cuanto al sistema eléctrico, elemento que produjo por días la no exhibición de cinco de estas piezas que refiero.
Aquí hay un conflicto fundamental que debe solucionarse con urgencia y es que la institución debe ir aparejada al proceso plástico y sostenerlo con la calidad que este demanda.
Todo esto hace que los primeros criterios de montaje entren en crisis, reafirmándose en la imperdonable presencia objetual de regletas, cables y pegatinas, todo lo cual es necesario para la vida de la pieza pero que al hacer evidente este andamiaje hacen que esta sea seriamente afectada en su visualidad.
Por otro lado, las exposiciones colaterales no fueron tratadas debidamente en estos mismos sentidos curatoriales. Una muestra como la del escultor Eulises Niebla en reconocimiento a sus veinte años de vida artística, a pesar de ubicarse en un espacio privilegiado como puede llegar a pensarse de la Escuela de Artes de la provincia, adoleció de lo más elemental que sería la disposición de las piezas. La selección del local de la muestra, que carecía de las condiciones necesarias para posibilitar el acceso desde todas las perspectivas a la obra, como debe verse una escultura; la carencia impensable de la iluminación y la falta de un referente del título de la exposición (Hojarasca).
Otro momento del Salón es el evento de Crítica e Investigación, anteriormente referido.
Este es el único de su tipo en la provincia y lamentablemente padeció tanto de promoción como de reconocimiento de su impronta por parte de la institución que lo genera. Se advertía un caos que no traducían los trabajos expuestos, denotando una falta de diálogo y discusión tan caros a un evento de tal magnitud, teniendo en su haber temas en ocasiones poco conocidos como el premio de Investigación sobre La Primera exposición de Artes Plásticas en Matanzas(6) y las reseñas y críticas de la obra de artistas matanceros y nacionales, como el premio de crítica otorgado a un análisis del hacer de Rocío García.(7) Esto denota también la falta de la crítica necesaria de los procesos que nuestro contexto genera y su relación con todos los elementos que lo condicionan. Se hace urgente además extender los campos de acción a otras manifestaciones plásticas como la arquitectura y la artesanía, que demandan por su haber la inclusión en este tipo de suceso.
Tras estos análisis se desprende la necesidad de la revisión y el reordenamiento de prioridades respecto al hacer artístico, a las condiciones que lo sustentan y al necesario respaldo teórico que vaya configurando sus caminos. De constatar la validez del proceso y propiciarles el gesto que merecen.
Habría que analizar tanto las acciones curatoriales como el sistema que las produce y apostar por un desenvolvimiento que avale las ansias de ser evidentemente lo que no hemos dejado y que es factible en exposiciones como las de William Hernández, Sandra Ramos y en otras acciones también generadas en el evento. Solo es cuestión de trabajo y profesionalidad.


Notas y referencias


(1) El Primer Premio lo alcanzó la obra Maquillaje, de Alberto Domínguez, Fernando Cruz y Vìctor García; el Segundo premio la obra Conceptualizando, corto de ficción de Néstor Kim; Tercer Premio a la obra en proyección Demogracia, de Robin Martínez. Se otorgaron dos menciones: a la obra fotográfica de Nadal Antelmo y a la instalación de Sandra Rodríguez.
(2) Obra que alcanza el Primer Premio del Evento, realizada por los estudiantes de cuarto año de la Escuela Profesional de Artes Plásticas, Alberto Domínguez, Fernando Cruz y Vìctor García; emplazada en la Calle Río y que consistía en pintar la fachada y la calle de una casa neoclásica en ruinas.
(3) Obra emplazada en la calle Ayllón, a modo de mural, realizada por Eduardo Velazco.
(4) Proyección de Robin Martínez.
(5) Obra instalativa de Sandra Rodríguez.
(6) De la autoría de Mireya Cabrera y Deyki García Mesa
(7) De la autoría de Laura Ruiz.

 

Helga Montalván

Triunvirato analítico de un biógrafo-poeta / David Leyva González

Insomnios de Nairys / Yanira Marimón

Las corrientes inasibles de Leymen Pérez / Geovannys Manso Sendán

Los puentes de Urbano / Eduardo Marrero Cruz

Noticias de Lien y Rey / Alfredo Zaldívar

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Revista Matanzas. Revista Artística y Literaria

Ediciones Matanzas, Cuba, 2008