l otro día en la casa
en terrible situación
le corté el rabo a un lechón
para resolver la grasa.
Como era bastante escasa
lo asé con un plato abajo
lo apreté y con gran trabajo
unas goticas echó:
aquel rabito quedó
que parecía un estropajo.
Al otro día una vecina
de las que viven al lado
le dije que habían matado
un cochino en La Trichina. |
Montó en una Bejovina
y lo halló llegando a Itabo.
- Viejo, no se ponga bravo
y véndame una librita.
Y el viejo dijo: - Viejita,
lo que me queda es el rabo.
En fin yo cogí el rabito
y pudimos ese día
con la grasa que tenía
preparar un ajiaquito.
Pero después, Dios bendito,
de la casa soy esclavo,
y al no tener un centavo:
mi vieja está días enteros
atrás de los carniceros
a ver si resuelve un rabo.
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