Fondo y superficie en Virgilio Piñera
Virgilio Piñera pertenece al grupo de escritores cubanos del pasado siglo que encabezaron, en un ambiente de desintegración nacional, una tradición literaria orientada a recobrar la esencia de lo cubano. Esta generación, frustrada por las falsas promesas republicanas, emprendió un viaje a los orígenes como única alternativa en el rescate de nuestra nación.
La obra piñeriana se adscribe a la literatura del absurdo. La realidad social entra en su quehacer literario para ser distorsionada y de esta manera el autor, lejos de tergiversarla, la enriquece. Él nos dice sobre su libro Cuentos Fríos:
(…) pudieron haber sido escritos a la manera llamada realista, pero yo soy tan realista que no puedo expresar la realidad sino distorsionándola, es decir, haciéndola más real y vívida…que parecen ubicarse en la irrealidad, que, a simple vista, se confundirían con lo fantasmal, han sido concebidos partiendo de la realidad más cotidiana, es decir, de la vida que yo hacía por la época en que los escribí.(1)
Albert Camus expresa en su libro El Myth of Sisyphus, and other Essays, que el absurdo hace que el hombre se percate plenamente de la muerte y de la nada.(2) Estos dos cuentos poseen similitud en el campo de lo absurdo planteado por Camus. En “El Viaje”, el hombre, aún en el esplendor de su vida, se percata de la nada que lo circunda, de cuán equivocado estaba al esperar algo de la vida. En “El crecimiento del Señor Madrigal”, el personaje principal, de una avanzada edad, descubre el engendro de la muerte dentro de sí. Virgilio Piñera asume a plenitud en estos cuentos la incongruencia de los deseos internos y la situación particular de sendos personajes. Como dijera Carmen Torres, “se adopta un enfoque irónico hacia la vida”.(3) Para realizar el análisis comparativo de estos cuentos, hemos considerado aspectos a nuestro juicio pertinentes. Ellos profundizan en las categorías narratológicas: relaciones temáticas, el narrador y el tiempo de la narración, los personajes y el espacio, así como también cuestiones de tipo simbólicas. “El viaje”, de 1956, narra la historia de un hombre que ha vivido 40 años, y ha tomado la decisión de comenzar un viaje que durará por el resto de su vida, en un cochecito de niños, dentro del límite de su país. El protagonista –sin nombre– comienza a enumerar las características del trayecto. En medio de la narración deja ver al lector que su viaje había empezado hace ya 5 años. La historia de “El crecimiento…” relata como el señor Madrigal, a sus 80 años, (a tal edad puede decirse propiamente que "decrece"), iniciaba otro modo de crecimiento: había engendrado su propia muerte en su vientre. Los personajes de estos cuentos tienen una relación etaria interesante. El protagonista de “El viaje” está en el momento de la madurez de su vida y reconoce una nada que le lleva a emprender un viaje sin sentido por el resto de sus días. El señor Madrigal dobla la edad del primero y con una mayor experiencia (ha hecho un viaje más largo) se prepara para esperar la muerte. Resulta curioso que cuando Piñera escribe el primer cuento tenía una edad semejante a la del protagonista, en el segundo, su edad es diferente, pero su estado de ánimo es el mismo que el del señor Madrigal. Los dos personajes están en cierto modo permeados por la individualidad del autor. “El viaje” utiliza un narrador-protagonista, que cuenta en primera persona. Este, desde su naturaleza equisciente, vive la historia y no la cuenta desde una estática lejanía, pero el absurdo piñeriano lo dota de una suerte de poder, una carta bajo la manga que el lector desconoce: el tiempo. El narrador comienza, como hemos dicho, enumerando las características de un viaje que está por emprender. Esta exposición introductoria hace creer al lector que se encuentra frente a un narrador común, sin absurdos y vuelcos temporales. Sin embargo, durante el desarrollo del cuento, el protagonista revela que hace ya sus buenos cinco años que rueda por el camino. Y continúa la historia en tiempo pretérito y luego en presente. Detalle sor-prendente para un narrador equisciente.(4) Prosigue su relato con la historia de otro personaje con una situación análoga a la del nuestro protagonista, historias que, aunque narradas por separado, son engarzadas en un mismo punto por nuestro narrador. A diferencia del primer cuento, en “El crecimiento…”, el narrador no es el protagonista de la historia aunque posee la categoría de equisciente. Desde la introducción comienza a narrar en tercera persona, presentando así al personaje principal. Hasta ese momento el narrador observa cada detalle en la vida de su protagonista, poniendo en claro desde el primer instante el irremediable destino del hombre: Pulvis sunt et pulvis reverteris. Luego descubre la situación real del Señor Madrigal en cuanto a su estado biológico: El Señor Madrigal estaba, en términos de ginecología, embarazado. (Esta idea hace que el lector quede estupefacto, emoción-respuesta causada como una estrategia de la propia técnica del absurdo.) Prosigue una entrevista entre ambos personajes. El narrador se encuentra en casa del protagonista y sostiene un diálogo con él. Al finalizar, vuelve a ocupar la posición de testigo (especie de cronista) para el cierre de la historia. A lo largo y ancho del texto el narrador obliga al lector a reflexionar sobre las amplias descripciones que realiza.
El uso del tiempo en “El viaje” nos sirve para situar su estructura. El cuento no está dividido en capítulos, sino estructurado de manera lineal y sólo presenta dos párrafos; el primero de ellos y parte del segundo constituyen la exposición del tema: el protagonista cuenta su decisión de emprender el viaje y comienza a hacer planes. Hará el mismo sobre un cochecito de niños como vehículo impulsado por mil niñeras, grotescamente vestidas de choferes, dispuestas para realizar tramos de un kilómetro cada una en una carretera de mil kilómetros. A mediados del segundo párrafo hay un vuelco al pasado, para continuar un presente que anuncia que el viaje ya ha comenzado:
Al principio, la gente se agolpaba en la carretera para verme pasar. He tenido que escuchar toda clase de comentarios. Pero ahora (Hace ya sus buenos cinco años que ruedo por el camino) ya no se ocupan de mí…
Continúa el nudo con la narración de un grupo de pequeños incidentes. El desenlace se da cuando el protagonista asume la revelación del viaje. En un principio planteaba que todo marchará sobre ruedas, sin embargo, al final, este viaje le ha demostrado cuán equivocado estaba al esperar algo de la vida. Termina el narrador haciendo un paralelismo de su historia y presenta a un nuevo personaje que a su vez ha comenzado otro viaje muy semejante.
La segunda narración posee un orden más coherente, aunque persisten elementos del absurdo. Estructurado en tres bloques donde se expone en este orden: el tema, nudo y desenlace.
En el primer bloque se hace una descripción del Sr. Madrigal, hombre de ochenta años, con un patético estado de salud, cuyo cuerpo comenzaba a decrecer:
Esos huesos, crecidos hasta su extrema magnitud, irán decreciendo y se harán polvo.
Se enuncia el conflicto que ocasiona su embarazo y cómo sucedió la primera manifestación del insospechado incidente. El Sr. Madrigal se percataba de que no podría concebir una criatura. Se da la connotación de inefable a este embarazo.
En el desarrollo, el narrador se presenta en primera persona y sostiene un diálogo con el protagonista. El narrador le pregunta qué es lo que tiene dentro, y en una risa ruidosa le responde:
—¡Mi futura muerte! A quién sino a mí, grandísimo idiota, se le ocurre hablar de futuro. Mi muerte es presente. ¡A la mano!
A pesar de esta respuesta, el Sr. Madrigal no sabe con certeza qué es lo que engendra.
—Lo sabremos en el momento del parto.
En la tercera parte y desenlace del cuento, ha pasado un año del encuentro de los dos personajes. Se narra cómo el protagonista pierde aún más su fuerza y vitalidad, y reconoce que le queda muy poco tiempo de vida:
Efectuó en ese momento la operación inversa a la que todo niño realiza: fue despoblando el mundo hasta dejarlo vacío…
Al final, el Sr. Madrigal se pregunta por última vez qué es lo que crece dentro de él. El narrador anuncia la llegada de la muerte comparando irónicamente los últimos dolores con los dolores de un alumbramiento.
En este relato, el tiempo no posee la misma complejidad dinámica desde la relación del tempo narrativo con el personaje, comparado con el primero. Este cuento se centra más en el tema del nacimiento y la muerte. El tiempo en esta obra carece de los giros y saltos que se dan en “El Viaje”. La historia comienza en tiempo pretérito y termina de igual manera. Sólo existe un cambio temporal situado en intermedio de la historia, momento del contacto entre el narrador y el protagonista, expresado a través de una conversación en estilo directo. Es en las cuestiones espaciales de estos dos relatos donde notamos diferencias en cuanto a la posición de los personajes. La descripción del paisaje y la carretera como elementos espaciales nos introduce en el plano de lo irreal. Una espléndida carretera, siempre igual, y un paisaje encantador. Existe una noción dinámica del espacio en un horizonte primariamente abierto. Es un espacio en calma, donde todo marcha con lentitud, a pesar de que la idea del viaje (presencia del vehículo) expresa movilidad. Ello puede justificarse con las palabras del narrador:
“(…) el mío no va a ser un viaje precipitado. Yo quiero disponer todo de manera que pueda bajar en cierto punto del camino para comer y hacer las demás necesidades naturales.!”
El paseo de una niñera siempre será lento. Este viaje con estas peculiaridades crea una sensación de regreso a la infancia. Comprobemos lo que expresa Antón Arrufat a propósito de este hecho y acercándonos a una visión legítima de la significación de este viaje:
Es la parodia de un viaje: nada encuentra porque nada busca, simplemente la confirmación de su experiencia anterior, a lo largo de una carretera espléndida y siempre igual. Este viaje es la negación de lo inesperado. Ha sido planeado con calma, sin precipitación, tomando en cuenta por adelantado cada detalle: ha sido planeado para que nada ocurra.(5)
Por el contrario, la noción espacial en el segundo cuento es monotemática, casi llega a ser unipersonal. El escenario de las acciones es la casa del protagonista. No existen otros personajes en el espacio del Sr. Madrigal, a excepción de unos amigos que no inspiran su confianza y a quienes no cuenta su secreto por temor a sus burlas. Este espacio cerrado también implica un sentido de soledad (intensifica más la…). Al final del cuento se reduce aún más hasta la sofocación. ¿Qué se reduce?, hecho que lo hace sacar la cabeza por la ventana para contemplar la Luna.
Sería pertinente enfatizar más nuestro análisis incorporando los aspectos que hemos dejado para el final, personajes, elementos del lenguaje, así como atributos estéticos, propio de la hibridez que posee el género narrativo que se trata.
En “El Viaje”, el único personaje atractivo es el protagonista, indiferente ante la riqueza del mundo, pues sólo viajará en su país. Este sujeto, ubicado en el punto intermedio de su vida sin sentido, ha decidido viajar, pues supone que a esta edad cualquier solución que se tome es válida. Ante nosotros aparece como sujeto que le inspira este capricho, víctima de prejuicios sociales: “He tenido que escuchar toda clase de comentarios… he acabado por ser, como el Sol para los salvajes, un fenómeno natural…” Él opta burlonamente por retroceder a la niñez, creando un espectáculo "circense" a su alrededor, en el que inserta a los demás personajes. Así concibe su mundo sin sentido.
El resto de los miembros de la narración es presentado a medida que avanza el relato. Las niñeras que lo acompañan, el violinista X., que en cierta ocasión lo deleita con sus melodías sublimes, son como objetos que adquiere para hacer la marcha aún más vitalicia, pues todo en su espacio errático debe marchar sobre ruedas. El viajero con el cual se tropieza en su trayecto es el famoso banquero Pepe, personaje con el cual se identifica en su categoría de viajero con los mismos postulados y acompañado de cocineras, ubicadas a la par de las niñeras, las que impulsan su cazuela mientras la hacen girar.
Existe una suerte de complicidad entre estos dos viajeros; el protagonista halla un"compañero" a distancia, en su viaje angustioso; este compañero es un derrochador como el protagonista. Los empleados aceptan sus funciones y acatan estrictamenente lo que se les ordena. El protagonista y el banquero, que tienen al parecer igual rango social, comparten la misma revelación del viaje sin sentido. Esta revelación, que ocasiona tristeza al protagonista, es encubierta siempre que pasan uno del otro; fingen una sonrisa, sus caras reflejan una evidente felicidad.
Los motivos reiterados en esta narración, como lo es la ya citada frase Todo marchará sobre ruedas o expresada de otro modo: marcha vitalicia demuestran el cansancio y la poca emotividad que siente un sujeto desconocido al esperar algo de la vida. Hasta cierto punto pudiera concebirse como un juego de palabras. Aquí se pude apreciar cómo el lenguaje pierde en algunos momentos su significación concreta, por ejemplo: al trazar el narrador su plan de estrategia de relevo, con cálculo para la no detención de su viaje:
Calculando que una niñera pasea su crío unas veinte cuadras sin mostrar señales de agotamiento, he apostado en una carretera que tiene mil kilómetros, a mil niñeras, calculando que veinte cuadras de cincuenta metros cada una, hacen un kilómetro.
Este plan totalmente descabellado, es trazado con la mayor naturalidad y resulta a su vez risible.
El viajero y el banquero Pepe pueden compararse con típicos burgueses de la década de los cincuenta, que tenían los viajes como práctica dentro de sus costumbres; el modo de viajar del banquero era en forma circular.
Ya en “El crecimiento del Sr. Madrigal”, sólo existen dos personajes, el narrador y el Señor. El primero es un espectador anónimo que sigue paso a paso el último momento de la vida de este Señor. Este expositor forma parte del mundo exterior, ajeno al Señor Madrigal y esto se justifica por el cuestionamiento que le hace en ineludible encuentro, en el segundo segmento del cuento. La atención no se centra en sí mismo como le sucede al narrador en el primer cuento, sino en su protagonista.
Lo primero que conocemos de este personaje es la edad (sus ochenta años) a semejanza del personaje/protagonista transeúnte de “El viaje”. Una vez conocido este dato, puede interpretarse que la inclemencia del tiempo lo hace presa de esta vida rutinaria, la cual lucha por vivir en la apariencia. Este anciano, al parecer, ha llegado bastante lejos en el viaje de la vida, y en estas circunstancias la nada que le rodea (en su espacio "marginado"), se ha apoderado de su cuerpo, provocándole un "estado de gestación".
El personaje sumido en una inconsciencia "a medias", aguarda calmadamente la evolución de su proceso interior. Hasta producirse el momento del alumbramiento, al final de la narración.
La historia de este personaje es inadmisible desde el primer instante en que hace su aparición, pues a esta edad, lo que realmente debe suceder es un decrecimiento. Se nos muestra una imagen paradójico-absurda creada para el cuento, donde la metáfora concebida en el dibujo de una muerte, hace presa de una existencia desvalida para ser expulsada de su interior mediante un aconte-cimiento extraordinario: un nacimiento.
Las extensas descripciones tienen la funcionalidad de hacer reflexionar al lector, en la propia comprensión del comportamiento del Señor Madrigal. Recorren cada detalle de la vida de nuestro sujeto, intentándolo acercar cada vez más a la naturaleza humana real.
Gracias al empleo de estas descripciones, podemos pensar que el espacio de este cuento es un tanto escenográfico, característica frecuente en los textos piñerianos, quizás como huella de su otro género cultivado: el teatro.
Estos dos relatos nos muestran dos argumentos extraídos de una realidad concreta, procedentes tal vez de las inquietudes más diversas con las que contaba su autor en la época en que estos fueron conformados. Las situaciones a que se enfrentan nuestros personajes tienen mucho que ver con esas indagaciones del yo, buscando precipitadas respuestas a su rareza como sujeto protagonista de un mundo trastocado por el absurdo, propuesto así por la voluntad inminente de Virgilio Piñera.
Notas
1 En el Prólogo de Antón Arrufat a Cuentos Completos, Ed. Letras Cubanas, …
2 Citado de Torres, Carmen Luisa: La cuentística de Virgilio Piñera: estrategias humorísticas, Ed. Pliegos, Madrid, 1989, pág. 17.
3 Asume una postura más positiva ante la incongruencia de los deseos internos del individuo, la irracionalidad de lo universal. Para solucionar este desajuste que oprime al hombre es necesario que se adopte un enfoque irónico hacia la vida. (Torres, Carmen Luisa: La cuentística de Virgilio Piñera, Ed. Pliegos, Madrid, 1989, Pág. 17)
4 Siguiendo un esquema tradicional de narrador equisciente encontraríamos que para él resulta casi imposible manejar el tiempo a su antojo. Puede hacer giros del presente al pasado, del pasado al futuro, y del futuro al presente nuevamente, etc., pero si seguimos la línea temporal de “El Viaje”, descubriríamos que el narrador nos engaña al iniciar un relato futuro que en realidad ya está cumplido.
5 Arrufat, Antón: Un poco de Piñera (prólogo); Ed. Ateneo, La Habana, 2002.
Bibliografía
Piñera, Virgilio: Cuentos completos, Ed. Letras Cubanas, La Habana, Cuba, 2001.
____________: Un Fogonazo, Ed. Letras Cubanas, La Habana, Cuba, 1987.
Torres, Carmen Luisa: La cuentística de Virgilio Piñera: estrategias humorísticas, Ed. Pliegos, Madrid, España, 1989, (Pág. 17).
Arrufat, Antón: Un poco de Piñera (Prólogo), Ediciones Ateneo, La Habana, 2002.
Garrandés, Alberto: La poética del límite: sobre la cuentística de Virgilio Piñera, Ed. Letras Cubanas, La Habana, Cuba, 1993.
Hoz, Pedro de la: "Virgilio, adelantado y transgresor"; en: P. Granma, La Habana, 10 de Septiembre de 2008, (Pág. 6). |