Resulta riesgoso tildar de audacia literaria ciertos signos que solo la intuición es capaz de mover. Pero, ¿qué es el arte sino misterio e intuición? De eso dan cuenta estos adolescentes que Las Iluminaciones presenta, donde es doble la gracia de la ineditez.
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Como en un cuento de Andersen
Te conocí siendo muy pequeño: aparecías con tu única pierna en la voz de mi madre, algunas noches en que la luna no lograba dormirme con su mirada.
Aprendía a leer, entonces retomé tu cuento, y supe que te escribió un tal Andersen, al que le doy las gracias por enseñarme que en la vida no siempre hay finales felices.
¿Lograré ser como tú? ¿Podré conquistar a esa muchachita del aula? Si al menos tuviese su amistad, pero desde que le regalé una rosa roja y la besé en la mejilla apenas me mira o habla.
La vida está llena de riesgos necesarios -le oí decir a alguien-, por eso me visto con tu fortaleza y con la de ese hombre que corre por mil pistas con su pierna única.
Temo a la oscuridad de este túnel y al fuego de la chimenea que hay entre nosotros. Tengo que romper este abismo, no importa lo que piensen los niños y la profesora de Español que me ordena hacer una oración.
Voy a la pizarra y escribo: Te quiero, Jenny.
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