La técnica narrativa del monólogo en
La saga del perseguido
, de Guillermo Vidal Ortiz

La obra narrativa de Guillermo Vidal Ortiz (Las Tunas, Cuba, 1952-2004), confirma los criterios de la crítica nacional y extranjera que aseveran no solo que esta muestra los elementos temáticos y estilísticos propios de la promoción de narradores de los 80 y los 90, sino que ya se destaca con nitidez de rasgos entre las voces de la actual narrativa cubana con una poética personal que reclama la profundización en su estudio fundamentalmente en cuanto a los aspectos técnicos que resultan novedosos en la narrativa cubana de las últimas décadas.
La técnica del monólogo responde a la necesidad del narrador de expresar los resultados de una mente determinada, así como el científico aísla un objeto para estudiarlo, el narrador lo hace con los personajes para darnos su estado anímico en un momento determinado, íntimamente vinculado a la palabra.
La saga del perseguido, resulta merecedora del Premio Alejo Carpentier de novela en el 2003. El inicio de la novela está situado en los años cincuenta: un hombre atropella con su camión a un niño, lo mata y se da a la fuga. A partir de este trágico momento, comienza su huída física y existencial. Trata de escapar de los otros y de sí mismo, continua huída de todo y de todos. Luego que triunfa la Revolución esta se hace más intensa y empieza a vivir y tiene un hijo con una mujer a la que le cuenta sobre su gran secreto, esta mujer lo desprecia, por lo que su peregrinaje se hace más desesperanzador. Posteriormente este hombre es confundido con un violador y cae preso, después se reencuentra con su hijo, al que había abandonado y que lo va a visitar en la prisión, con la madre de este. Finalmente es declarado inocente y logra su libertad.
El hijo, personaje central de la novela, crece y a medida que va transitando desde la niñez hacia su adolescencia y juventud irá recordando la figura del padre. Asistimos entonces a la narración de este joven que guarda tenebrosos recuerdos, y se muestran momentos definitorios y viscerales de su existencia: el servicio militar, la universidad, las primeras experiencias sexuales, momentos en los que la figura paterna se va haciendo cada vez más palpable.
La saga del perseguido, novela de los noventa, es una gran metáfora del miedo y de la culpa: Vidal desarrolla motivos inherentes a la esencia del ser humano, esta obra es una indagación apasionada, cínica, y cuestionadora. A partir de la figura paterna como eje, se expone la desintegración de una familia.
Con esta novela, la obra de Guillermo Vidal alcanza un grado de madurez mucho mayor, el tono es mucho más elevado y a la vez austero, con un marcado lirismo, y los temas del miedo y de la muerte -también el de la culpa, aunque en un grado menor, porque esta se constituye en pretexto-, son tratados con sobriedad, sin que se soslaye esa naturalidad característica de toda su obra.
El personaje-narrador en La saga del perseguido ofrece una realidad cargada de significados que se irán develando a través de sus recuerdos.
Para el análisis de la técnica del monólogo en esta novela examinemos el siguiente fragmento:


En sexto sus papacitos lo dejaron jugar con el resto, se reía jojojo y nos caía mal esa risa y que no le gustaran las niñas, en sexto lo dejaron salir por las tardes y se iba hasta el parque, pero nunca más lejos, aunque se decía que tres de los más viejos se lo había llevado hasta muy lejos para hacerle y ya él se entendía con algunos de ellos, aunque nunca lo creímos, no entonces y mucho menos sabíamos que lo iban a matar, fue en sexto una de esas tardes cuando vino hasta el parque donde estábamos el Pune y yo con nada que hacer como no fuera mirar a las muchachas que pasean y hablar de cuando tuviéramos novia, entonces lo vimos aparecer, jo-jo vieron esas canicas, no decía bolas o mechos o colines como nosotros sino canicas como en los libros, estaba de lo más contento con su caja de bolas relucientes, su padre se la había comprado en el tencent Norbert que olía regio, solo a la entrada estaban apiñados los juguetes y era ese olor de juguetería lo que sentimos esa tarde sin saber que lo mataríamos, no entonces, solo pensamos en quitarle la caja y él corrió cuando le dijimos que se la quitaríamos, huyó por el medio del parque y casi al final lo agarramos y se viró tirando unos golpes de molinete, ni siquiera tiró algunos de esos que le había enseñado, lo olvidaba cuando más falta le hacía, déjenme, nos gritó, pero nos daba más rabia por pendejo y a lo mejor era cierto que se lo hacían aquellos tipos, nos las das o qué, y entonces lo empujamos y cayó contra uno de los escalones del parque, su cabeza hizo plo, se retorcía del dolor y empezó a llorar como una mujercita, le quitamos la caja y no miramos hacia atrás mientras se iba con sus manos en la cabeza, al otro día nos dijeron que estaba enfermo, le dolía un mundo la cabeza, mami, la madre le daría una aspirina, seguramente era el catarro, doctor, pero seguía el dolor y a lo más tarde empezó a delirar doctor y lo habían llevado hasta la clínica Loreto, doctor Puente qué le pasa a mi hijo, los padres estaban muy compungidos, las maestras y muchos del colegio habían ido porque no mejoraba, le estaban haciendo pruebas de todo, pero seguramente se iba a poner bueno, verdad doctor, esa tarde no había mejorado, la madre lloraba, los habían llamado aparte al día siguiente o al otro porque los resultados de los exámenes eran alarmantes, su hijo no va a durar con ese tumor, le han dicho a los padres, pero no se supo hasta unos días después cuando ya no había nada que hacer, cómo era posible que estuviera de ese modo, doctor, si no había una equivocación, les mostraba esos resultados cuando ya no se puede hacer nada, no podían creerlo, vi al Pune un par de veces, pero nunca me habló, solo me di cuenta de que me odiaba y sabía que lo habíamos matado o al menos aceleramos ese tumor o quizás había nacido y prosperado demasiado rápido, no creímos que esto fuera posible, no aceptamos que ya no estuviera entre nosotros cuando nos avisaron de su muerte y hubo llantos y ataques entre alumnas y maestros porque no podían creerlo y no lo creían aún sabiéndolo, a pesar de que la noticia se había dispersado por el pueblo y en unos minutos lamentaban la muerte de aquel niño, que ya no se iba a graduar jamás de sexto grado.


El acierto narrativo en el empleo del monólogo en la obra de Guillermo Vidal, muestra en este fragmento un grado mayor. Hay una eficacia en el empleo de las voces narrativas que van a cumplir no solamente la función de dar al lector elementos caracterizadores de los diversos personajes, sino se constituyen en móviles (o motivos) que impulsan la acción rememorada. En este sentido es posible advertir que se muestran las voces de Cuquito a través de su risa particular y cuando le dice a su madre acerca de lo mal que se siente: "(...) le dolía un mundo la cabeza, mami (...)", la voz de la madre de Cuquito será reveladora de su desesperación. Aquí Vidal hace una gradación en ascenso de lo que expresa la voz: la angustia en esta mujer desesperada ante la gravedad del hijo. También está presente una voz colectiva, la de los amigos que quieren arrebatar las bolas a Cuquito "(...) nos las das o qué (...)", una voz indeterminada: "(...) su hijo no va a durar mucho con ese tumor, le han dicho a sus padres (...)".
Por otra parte, el espacio evocado se carga de significaciones, nótese que de nuevo se pone al lector ante un espacio exterior peligroso, violento, (el parque), y ese "muy lejos" a donde se decía habían llevado a Cuquito para poseerlo sexualmente. El tencent se presenta para clarificar que Cuquito pertenece a una familia de clase media pudiente y queda al lector imaginar la casa de Rogelio, la clínica, la escuela y el pueblo, en el que los nuevos sucesos, las novedades, corren rápidamente de boca en boca.
Se afirma el tema de la culpa (en los amigos de Cuquito y mucho más en el personaje que recuerda) y el de la muerte. La repetición de "en sexto" le otorga al texto un ritmo particular, fúnebre.
La combinación del postpretérito con el pretérito expresa acciones que necesitan destacarse: "(...) el corrió cuando se lo dijimos que se la quitaríamos (...)". Las pocas formas del subjuntivo (tuviéramos, estuviera), son portadoras de la posibilidad de realizar la acción, en contraste con el modo indicativo: "(...) iban a matar (...)". Subyacen en este importante pasaje del argumento de La saga del perseguido, sentimientos como la envidia y el resentimiento del personaje que evoca lo acaecido y, fundamentalmente la muerte dada ya al final del fragmento como posibilidad y que va a marcar a este personaje por el resto de su vida con el sentimiento de la culpa.
El monólogo transcurre en sucesión lineal y apela al fluir de la conciencia, aunque se mantienen los signos de puntuación: "(…) se lo habían llevado hasta muy lejos para hacerle y ya él se entendía con alguno de ellos (…)"
Analicemos el fragmento siguiente:


Pasarían los años y uno llevaría esa carga como las que muchos llevan cuando han hecho algo de lo que se arrepiente, o debieron hacer y no hicieron, o decir la palabra adecuada en un momento de sus vidas. Se libraba el Pune de las sospechas y las suspicacias, de los testigos que vieron y callaron o no se dieron cuenta de que en realidad habían visto un asesinato, del oprobio de los años venideros y de todas sus culpas, de sus sueños de aquella tarde y de los gritos de Rogelio y de las enfermedades y de los desencuentros del amor y las viles traiciones, se libraba de las crisis futuras y del miedo a las enfermedades y a la muerte, porque con la muerte cesaban los anhelos y los rencores y las malas conciencias y ya nada era, mientras la familia cargaba con sus muertes y moría cada día ella misma mientras recordaba, he sabido de Pune como mismo muchos lo supieron y no sentí más que alivio, como si me dijesen que me quitaban de encima media culpa o ya no habría verdaderos testigos de mi crimen, pero no recordé a mi padre, no como hice mucho después cuando comprendí que era un prófugo triste muy lejos de su casa, un prófugo cada vez más seco y enjuto, padeciendo los rigores de la huida, la desesperanza, la posibilidad de que alguien llegue a señalarlo con el dedo, padecíamos algo en común o habíamos heredado el mismo miedo o éramos uno mismo con una muerte sobre las conciencias, él y yo con el miedo a los otros , a los que saben y juzgan, mi padre cada día más viejo en aquel exilio involuntario, yo en el exilio interior que se acrecienta.


Aquí se advierte cómo el personaje procede a revisar su pasado a través de una combinación de resumen y escena. Existen dos maneras de escribir un relato: la escena y el resumen; la escena es el método dramático y el resumen el narrativo. La ficción, para este autor, es una narración dramática, ni totalmente escena ni totalmente resumen. La escena, según Sumerlian, es un acto específico, suceso único que ocurre en determinado tiempo y lugar y dura hasta que no haya cambio de lugar y también ruptura con la continuidad del tiempo narrativo, reproduce el movimiento de la vida, una imitación de lo que en ella sucede, mucho más fiel de lo que sería un resumen de ella. La experiencia que se muestra ante los ojos del lector es una imagen lúcida y clara que evidencia una vida tras ella.
El resumen, también según Sumerlian, introduce al autor, o a su alter ego, el narrador –a menos que lo realice un personaje–, no individualiza a los personajes a través de sus acciones y el peso de la narración cae sobre los hombros del autor o su narrador. En el resumen el narrador explica, en contraste con el acto concreto de la escena: El lector es llevado de la mano por el narrador, que habla con su propia voz, dirigiéndose directamente o no al lector. En la escena hay un suceso en transcurso; en el resumen este ya ha pasado.
Puede advertirse claramente que Vidal ha seleccionado el resumen, lo que es evocado por el personaje comprende varios años y se destaca, con mucha más tragicidad, el sentido de culpabilidad tanto del padre como del hijo. La meditación sobre el sentido de la muerte no es la de un niño, sino la de un joven que, desde su presente, medita con mucha mayor madurez.
Otro de los fragmentos a analizar es el siguiente:


Uno iba a fiestas de quince a la espera de que se lo llevara el servicio militar , iba a todas partes con el susto de que al regreso hubiera una citación para tal día en tal lugar, los que ya lo habían pasado decían horrores del servicio, de las humillaciones de la voces de mando, de los días de previa que eran los peores, de la carga de la indumentaria, del casco, la pala, el AK, las mil cosas con que te llenan la mochila, los más viejos deseándote suerte, con lo libres que se sentían porque habían cumplido, una mierda que se lo llevaran a uno justo cuando más enamorado de una muchacha que se nos escurría porque no esperaban tres años, las muchachas preferían a los otros, los que no pasaban el ejército por alguna causa o los que se habían inventado una enfermedad o tendrían amigos capaces de conseguirles un certificado médico, o se habían ido a estudiar Pedagogía para no ser reclutados, así vivíamos una parte del tiempo cuando ya era inminente el aviso, se enteraba uno de que a cualquiera del barrio contiguo le había llegado y se ponía como los caballos a punto de la carrera, los ojones a los lados porque podía venir alguien con las citaciones, aquí vive fulano de tal, una verdadera zozobra y creo que lo hacen para desesperar o no habría otro método, pero nos daba un síncope con la espera, porque a otros le había llegado y no había dudas de que llegaría lo del ejército ahora que todo el mundo cantaba ahora que estamoen Cuba libre qué bueno qué bueno qué buenaé la libertá qué buenaé la libertá era cuando nos llegaría la citación y esos días previos no hice más que pensar cómo serían los días de previa, me contaron de algunos muertos porque se les había ocurrido en el entrenamiento disparar con metralleta por encima de las alambradas a medio metro de altura. Unos cuantos no pudieron resistir sabiendo que si se levantaban se morían y es lo que habían hecho, se morían en pleno ejército en cumplimiento del deber y el resto quedaba impactado por la muerte de sus compañeros, me moría del miedo por aquellos cuentos y mucho antes había soñado que me mataban en medio de aquel entrenamiento con voces de mando y compañeros ficticios que aparecen en los sueños, ejércitos completos de individuos que nunca existieron pero que me parecía de lo más natural que estuvieran como yo mismo estaba entre ellos sin que me hubieran llamado o era como si ya me hubieran citado y estaba en las prácticas cuando alguien grita ¡tenderse! y viene el rafagazo en el sueño veo venir el rafagazo sin tiempo para estar donde debiera y me veo morir y veo cómo el resto se ríe de mi torpeza y veo a un Rogelio en ropas de militar que se ríe, jo-jo-jo, pero es un Rogelio joven, con edad de servicio, con la edad que nunca pudo tener porque no se lo permitimos y me despertaba con dolor en el pecho como si las balas me hubieran herido de muerte y me despertaba creyéndome muerto o a punto de morir, sin haber hecho lo que debía y con el miedo que nos inculcaban siempre a la muerte y con la certeza de que ya nada puede hacerse, hasta que al poco rato me daba cuenta de que solo era lo soñado y volvía el malestar de lo que no ha ocurrido pero puede ocurrir.


Se hace evidente en el tiempo evocado, que comprende unos pocos días de angustia, (la espera por el personaje protagónico de la novela de la citación para el servicio militar), la presencia del resumen y se asiste a un salto temporal desde el tiempo evocado hacia el pasado. El fluir de la conciencia no está presentado en la forma caótica que le es propia. Se introduce el sueño del personaje: la voz de un Cuquito joven. Al tomar como realidad referida ese sueño, Vidal se propone, obviamente, destacar dos de los elementos temáticos centrales en esta novela: la culpa y la muerte.
Se piensa un espacio exterior (la unidad militar) en el que acecha la muerte y en el que el personaje exterioriza su miedo: miedo-culpa-muerte en imbricación acertada, al final aparece un recurso de intertextualidad (la canción revolucionaria propia de las marchas, concentraciones, trabajos voluntarios y otras actividades cotidianas en los primeros años del triunfo revolucionario). Puede advertirse cómo la presencia de un fragmento de la canción apoya el contraste libertad-libertad perdida en este joven que debe dejar su hogar.
Procedamos al análisis del fragmento siguiente:


No volvería a ver a Alexandra por el resto de mi vida y aunque no estaba seguro de haberla amado me habría parecido una gran conquista, alguien capaz de fisgonear por una persiana con clases, alguien como Alexandra. Muchas veces he mirado hacia la persiana y he creído ver la sombra tras los visillos, he visto o he creído ver sus manos hasta que definitivamente cambié la posición de la litera, otras veces lo había hecho por nada, pero ahora lo hice para no estar nunca más mirando hacia la ventana, lamenté de veras aquello a sabiendas de que no ocurriría jamás, Sandra M. se sentía feliz con verme, me había dicho por qué no alquilamos un cuarto en algún sitio cercano, podía pagarse un cuarto así y cocinar algunas veces y eso, tuve curiosidad por tener una mujer para mí en una casa, ella y yo solos en un sitio de día y de noche, enseguida fuimos en busca de un alquiler, una vieja con un solo diente nos alquiló un apartamento de dos cuartos, bastante limpio aunque olía a lejía aquel piso, Sandra M. estaba muy contenta con el piso y le dio el dinero de dos meses a la vieja, lo tenía previsto todo y aún disponíamos de algo para comer los primeros días, era bueno, dije a Solís que me iba para un alquiler y él se mostró algo triste, pero a la vez sabía que era lo mejor, puedes estudiar duro allí, dijo, me llevé el maletín y al rato estábamos instalados, había una cama de matrimonio, una mesita de noche, una cómoda con un espejo, dos ceniceros, un closet con unas perchas de alambre que hicieron tilín, tilín mientras ella colocaba nuestras ropas y miles de cosas que se trajo, dimos dos viajes por las cosas de ella, cantaba muy feliz, era como si estuviéramos casados, aunque ella dijo: cuando nos casemos tendremos un piso como este, o: cuando nos casemos tendremos una casa mejor o: cuando nos casemos esto y lo otro, porque no estábamos casados aunque me parecía lo mismo, supongo que mi hermana y mi madre dirían, pero te has casado, lo dirían y se harían presentar a Sandra M. y hasta le enviarían saludos, para el resto de la Humanidad éramos un matrimonio, ella muy feliz de que lo dijeran, las vecinas se acercaban con cualquier pretexto y nos saludaban, siempre muy oledores los vecinos metidos en lo que no les importa, van y vienen por la escalera y hablan demasiado alto y gritan incluso o ponen sus bocinas en los balcones para que todos escuchen una música horrenda todo el tiempo, sin embargo Sandra M. seguía muy feliz y estaba quitando el olor a lejía de todo el apartamento, rociando un spray de manzanas que tenía en su antiguo cuarto, después fuimos al mercado y compró carne de cerdo y pollos y frutas y vegetales y mil cosas que trasladamos en un auto de alquiler, luego lo iba colocando todo en un refrigerador verde muy viejo, mientras cantaba el sol nace para todos, lalí, lalá, se subía en una silla para colocar unas latas en el closet de la cocina, sus muslos eran preciosos y ella no tenía reparos en dejarlos ver, yo era su marido o lo creía entonces, mientras cantaba me acerqué y subí un poco más su falda estuve lamiendo hasta que no pudo más, nos fuimos a la cama que crujía un poco, así y todo lo hacíamos como nunca, sin las molestias de ser sorprendidos, era muy cómodo hacerlo así y ella gritaba de lo lindo (…)


En lo que respecta al erotismo, resulta interesante anotar cómo en la obra de Guillermo Vidal se proyecta en variados matices. Adviértase un mayor regodeo sensual en la presentación del acto erótico, una verdadera relación de goce. El recuerdo no está muy definido en los detalles (el personaje piensa, recuerda).
El espacio exterior a la habitación está cargado de voces, ruido, música estridente y los vecinos en sus complicidades. Nuevamente es un espacio negativo para el protagonista,
Apela Vidal a la descripción de la habitación a través de imágenes olfativas: el olor a lejía, el spray de manzanas y acústicas: el tilín, tilín de las perchas de alambre.
En el fragmento que se presenta a continuación la imagen del padre pasa ahora a ocupar el primer plano. Es una imagen reconstruida en la mente del hijo. Y en un espacio exterior, negativo, la cárcel, la visita del hijo al padre, sin dudas ha influido en el ánimo del joven del narrador y se reafirma el rechazo al recinto carcelario.


(…) yo estaba en calzoncillos en el cuarto cuando me acordé de mi padre, volví a ver a aquel hombre que era mi padre cuando venía por el pasillo, cuando el guardia de mala leche le quita las esposas, cuando se acerca y me abraza y dice mi hijo o algo así, no recuerdo que lo dijera, no estuve seguro si dijo algo o solo había murmurado algo, un viejo sufrido con carajo era mi viejo y yo estaba en su cuarto con una hembra de las mejores, una estudiante de Historia del Arte que ahora preparaba una comida muy oronda con su marido, seguramente la comidilla sería que nos habíamos casado, sin embargo cómo estaría el viejo, pensé en aquel cuarto que no era mío, más bien un dichoso alquiler de una vieja con un diente que se había mostrado muy afectuosa, total una vieja arpía que se había mudado para otro apartamento cercano, si tienen alguna dificultad pueden llamarme, dijo la muy zorra, sin embargo mi padre estaría con los otros reclusos que le habrían preguntado cómo le fue, o quizás nadie preguntase, no suelen hacerse muchas preguntas ni darse muchas respuestas en las galeras y él era un preso al que seguramente trasladarían más adelante a una celda de solitarios porque lo iban a matar, porque a pesar de todo era mi padre, tenía mi nombre y mi cara un poco más vieja, muchos años después, pero mi propia cara y mi propio nombre iban a morir, seguramente a nadie le importaría demasiado que un viejo muriera, era un viejo pero no siempre fue así, ni anduvo huyendo de todos y tan asustado que creería ver a sus captores, me imaginaba que en la celda se acordaría de nuestro encuentro y de mi madre como era antes y de mi hermana no tendría más que la imagen de esa nenita de brazos aún, a pesar de la foto mostrada mi padre comería cualquier bazofia, un caldo de plátanos si acaso o un poco de arroz y se quedaría con toda el hambre o estaba acostumbrado a tanta miseria, recordaba también su hedor insoportable, pero nada le dije, solo le enviaríamos algo de aseo más adelante, para ver si cambiaba su facha o era que no le importaba porque iba a morir, imaginaba que era cuestión de tiempo.


Se acude a los saltos temporales del presente al pasado y del presente al futuro: "(…) tenía mi nombre y mi cara un poco más vieja, muchos años después (…)".
El posible fusilamiento del padre hace que la muerte sea evocada una y otra vez.
Las formas verbales (copretérito y postpretérito) apoyan la creación de esa atmósfera de posibilidad trágica. Se logra transmitir el ambiente del penal, solo mediante una breve descripción del padre, su aspecto, y fundamentalmente su hedor (imagen olfativa). El personaje está pensando mientras la mujer cocina "(…) una comida muy oronda)" y luego el autor presenta lo que imagina el joven podría comer el padre "(…) cualquier bazofia (…)"
La presencia de la vieja que les alquiló la casa a los jóvenes –y su voz–, aparece justificadamente para enfatizar la negatividad que para estos personajes tienen los elementos del espacio exterior.
Resulta de particular interés analizar el fragmento siguiente:

Sentí miedo porque lo habría matado y él dijo hola soldado, me brindaba una mano flaca repitiéndome hola soldado como un chiste o una vejación, como si no hubiera pasado el tiempo y él ahora me perdonase por lo que me hizo simplemente porque era la pareja de mi hermana, y se mantuvieran las mismas órdenes y las guardias y las salidas para el entrenamiento y las clases de balística y las marchas y las inspecciones y las gentes estuvieran en el mismo sitio con las mismas ganas de que concluyeran los años más largos de su vida, se acordaba muy bien o fingía que se acordaba de aquel otro pelado al rape con la gorra del uniforme hasta los ojos y el fusil y las botas pulidas como se exigía, todo en orden como un buen soldado dispuesto a dar la vida por el país o el país por la vida, olía a cuartel, y el tiempo no había transcurrido, olía a la grasa de los fusiles y a cartucheras y a sitiales de honores, y a murales y a jeeps con los jefes de mando y a órdenes y a malas comidas y a grasa de comedor, olía de repente a viejo y a militares rascándose los pies en medio del albergue y a baños con peste a meado y a literas, como si el mundo aquel regresase con la mano extendida de aquel oficial que intentaba perdonarme (…) yo no era un soldado de la patria, ni un heroico guerrero, sino aquel soldado a quien él minimiza, no quería verlo nunca más, mi hermana me gritaba qué te ocurre, por qué no saludas cuando me aparté de su mano extendida con asco (…)


El personaje narrador, a partir de un encuentro con el oficial de la unidad militar que visita a su hermana, aborda el tema del servicio militar, una visión cruda, no idealizada, común en la narrativa cubana de los noventa. La voz del militar, en el entorno hogareño "(…) hola soldado (…)" es presentada como prolongación vivencial de la unidad militar que el joven que piensa, que evoca, rechaza. Guillermo Vidal recurre a la presentación de imágenes olfativas que subrayan todo lo negativo que tiene el personaje del servicio militar y, particularmente, de este oficial. Es como si el tiempo se detuviera desde que el oficial extiende su mano para el saludo al joven hasta el reclamo de la hermana: "(…) por qué no lo saludas (…)". No se evidencia un narrador-héroe, todo lo contrario.
El personaje del joven manifiesta un deseo de huida al espacio interior (su habitación), sitio protector. La ausencia de signos de puntuación al final del fragmento hace que se comunique el estado anímico del personaje, su excitación nerviosa, su furia. Se advierte el fluir de la conciencia.


(…) me aparté de su mano extendida con asco, no es posible que estas cosas me ocurran, mi padre tal vez se preguntó aquello muchas veces, por qué a mí, es una buena pregunta cuando tienes delante a un tipo como aquel y desaparecí para no matarlo y me fui al cuarto para asegurarme que podía soñar que no era cierto como mi padre había imaginado no he sido yo, no he pasado por esa calle, no hay un niño bajo la camioneta (…)
Con similar intención, el autor de esta novela presenta al lector los pensamientos del joven (ya en su habitación) que van a ser más profundos: meditación sobre el destino humano, la fatalidad, la muerte, la culpa, el miedo. Todos ellos afloran en este fluir del pensamiento angustioso, visceral. Así como Job, están presentes grandes interrogantes del ser humano, de la condición humana y no hay esperanza: "(…) y por qué hay un niño a esa hora tan desprevenido que salta en el justo momento y sus huesecillos crujen y alguien cree escucharlo y dice Dios mío (…)". El lenguaje adquiere un tono casi bíblico:
Pero mi hermana había conocido al otro Falt, al que la miró con una lujuria que ella confundió con ternura, en un sitio en donde a ella le había admirado su gallardía y la manera de abordarla, con el respeto fingido de los cuarteles, porque estaría urgido de hembra y era precisamente ella como pudo ser otra, por qué a mí, se pregunta uno a menudo, por qué a ella y no a las otras, por qué no al otro es que le suceden estas cosas, por qué no al prójimo, por qué suelen ser los otros los que disfrutan de una vida plena o de una evidente felicidad o al menos de un rapto de felicidad que a nosotros al parecer nos ha sido negado, por qué mueren los nuestros y no los otros, los que nada tienen que ver con uno y no son conocidos o por qué es uno el de las enfermedades o el de las humillaciones, por qué precisamente la escogía entre multitudes sin saber ambos que yo estaba a la sombra, que yo tendría que ver o sufrir o indignarme ante aquella conversación, por qué mi padre eligió a mi madre aquella vez y por qué ella lo aceptó amorosamente y le dio hijos y por qué era yo el hijo de ellos y no de otros y por qué precisamente aquel día iba mi viejo manejando una camioneta que no era de él sino del dueño de los almacenes de reparto de mercancías, y por qué hay un niño a esa hora tan desprevenido que salta en el justo momento y sus huesecillos crujen y alguien dice Dios mío y por qué se dio a la fuga, como si todo hubiese estado escrito, o todo estaba siendo escrito por alguien y a su vez las gentes se decían por el mundo por qué a mí, cuando eran otros los probables mártires, y de repente éramos elegidos para morir o nadie nos elige y morimos por haber caminado exactamente por el lugar inadecuado a la hora en que no debimos hacerlo y no lo sabemos, pero ni siquiera sabemos por qué huimos, por qué alguien huye y lo hace para siempre (…)


Existe un guiño al lector, no sorprendente en la obra narrativa de este escritor tunero: "(...) por qué se dio a la fuga, como si todo hubiese estado escrito, o todo estaba siendo escrito por alguien (...)"
A ese alguien, a Guillermo Vidal Ortiz, le debe la literatura cubana una de las mejores novelas de las últimas décadas, lo que evidenciaba que a no ser por su muerte, su novelística se proyectaría hacia rumbos distintos.

 

Notas

1 Guillermo Vidal: La saga del perseguido, pp. 9-10.2 Ibíd., pp. 21-22.
2 Cfr. Harold Weinrich, ob. cit., pp. 161-162.
3 Guillermo Vidal Ortíz, La saga del perseguido, pp. 23.
4 Ibíd.
5 Cfr.: Harold Weinrich, op. cit., pp. 44-45.
6 Michel Butor: "Filosofía del mobiliario", en Salvador Redonet Cook, op. cit., p. 559.
7 Guillermo Vidal Ortiz, La saga del perseguido, p. 27.
8 Ibíd., pp. 27-28.
9 Ibíd., pp. 34-35.
10 Cfr.: "La escena", en Eduardo Heras León, op. cit., p. 572.
11 Cfr.: "Resumen y Descripción", en: Eduardo Heras León, op. cit., p. 582.
12 Guillermo Vidal Ortiz, La saga del perseguido, pp. 46-48.
13 Ibíd., pp. 131-132.
14 Ibíd., pp. 132-133.
15 Ibíd., pp. 166-167.
16 Ibíd., pp. 167-168.
17 Ibíd., pp. 169-170.

 

Fondo y superficie en Virgilio Piñera / Marvelis Díaz Betancourt

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Guillermo Vidal ha sabido ponerse a la altura del padecimiento humano, una de las poquísimas cosas que existen de veras (...)
Su obra se caracterizaba por la intertextualidad, la oralidad, hasta evolucionar hacia un análisis minucioso del argumento, con varias subtramas en escena que miraban hacia dentro.

Alberto Garrido

 

 

Guillermo Vidal posee un talento narrativo de primer orden, sus cuentos y novelas raigalmente insertados en la mejor tradición literaria del país, nos muestran una realidad cruda, sin afeites ni complacencias.

Eduardo Heras León

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A este escritor de apariencia medieval, tranquila, es difícil asociarlo con un lenguaje tan audaz. Leerlo es siempre un reto, es entregarse a la selva y al peligro de sus habitantes.

Nora Amalia Vargas

 

 

Vidal tenía el don sin tregua de escuchar con ingenio las palabras, observarlas con detenimiento, olfatear los resquicios de grafías y sonidos, saborearlas en silencio o en corrillo, palpar la fibra íntima de sus posibilidades.

Eugenio Marrón

 

 

La saga del perseguido es una reflexión sobre el arte de la novela, sobre la con-dición humana en momentos extremos y sobre el lenguaje como insuficiencia cultural en relación con la verdad del yo.

Alberto Garrandés

 

 

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