Preludio y tema: Cortázar: ¿muerte de la política y sobrevivencia de la escritura?

Decíme una adivinanza

Esfinge, cuenta la leyenda, es un monstruo que le plantea al hombre una variedad de enigmas recibidos de las Musas. Con él se da un comienzo trágico a la necesidad de elegir y de decidir, a partir de él se inician las consecuencias dolorosas y angustiantes de la opción.
La literatura es un monstruo que acompaña el viaje de la lectura a la escritura, de las palabras a la sensibilidad, de la sucesión de unidades de sonidos y significados al transcurrir de la vida.
En la figura de la Esfinge se halla la cuestión del sentido en el lenguaje, un sentido cuyas fronteras se entrelazan con las del pensamiento y las del mundo, con las de la voz y las de la letra.
Bajo el hechizo de la voz se puede hasta perecer. Circe previene a Odiseo sobre el canto de las Sirenas, le instruye acerca del modo de escucharlo sin sucumbir. Así está escrito. (Cortázar escribió Circe.)

Descifrá un texto

Intranquilidad. Es el cuerpo ante el lenguaje.
La Esfinge está ante las puertas de la Ley. Tomemos distancia, actuemos con cuidado. Pero experimentemos. La literatura es una palanca para trasladarse por el océano de la subjetividad. Hay que usarla. Ya se eligió en el pasado. Autores y lectores siguen el sendero abierto por un apetito incesante. Se barren límites, pero siempre se choca; se cruzan fronteras y se bucea más hondo; nunca se llega al final, nunca se admite un límite. Se desafía la tolerancia, la inteligencia, la sensibilidad. Hay una incierta idea de que la literatura puede hacer un mundo mejor.
(La historia de la literatura de Julio Cortázar puede concebirse como un resumen de los dilemas y las posibilidades del escribir.)
La literatura es utopía. Es una búsqueda sin término y es una actividad con efectos borrosos sobre la vida. Sostenida en la ignorancia última respecto a nosotros mismos, desmonta velos y dibuja horizontes. Construye un edificio sobre arenas. Descifra. Inventa.
Se tienta por la pureza y cae en el pecado. Juega y se ensangrienta. No siempre se puede tomar en serio.

Anda por ahí

Cortázar se esfuerza con pasión imaginativa por derrotar lo prosaico y revolucionar la realidad. Vuelve lírico lo cotidiano sin dejar de manifestar cierto sentido de lo cómico y de lo absurdo. Cuando intenta dislocarlo todo, deja en pie una esperanza.
Desterrado, ingenioso y complejo, vacila y problematiza sus presupuestos. Va del arte a lo contrario, del placer al horror. Busca recuperar la capacidad de las letras para influir en el mundo, en la vida. Parece surrealista, pero llega a ser patético. Deja inquietud. No puede hacer que cese por fin el llanto, el miedo y la delicia del narrar. Aunque se cuente la muerte, aunque se nos deje solos otra vez con la vida de los relatos.

Relatando

El cuento como esfera, austera y veloz, autónoma del autor. Es un desplazamiento, es una obsesión liberada con alivio y sorpresa. El ritual que en general contiene es el mismo que lo realiza. Exageraciones y fantasías van tejiendo juegos donde abundan la sorpresa y el absurdo. Un personaje puede ser la víctima de su esperanza, de su plan: el estremecimiento surge como efecto. Ritos, juegos y pasajes son los tópicos de un anhelo que envuelve a quien está solo frente a lo que persigue. El perseguidor no alcanza su yo. La narración no alcanza a la subjetividad, al sentido.
En una vieja casa del centro de Buenos Aires vivían Irene y su hermano. Ocupaban la parte de adelante, dejando atrás el silencio y los recuerdos, hasta que los ruidos comenzaron a invadir. Los hermanos retroceden hasta la única salida: la puerta de calle. "Casa tomada" es progresión dramática. Es la progresión de un escritor que, quizás en vano, huía de los territorios que habitaba. La inquietud lo llevó a la escritura, el cuento a la novela, la prosa del mundo a la revolución.
Quedan las letras de aquel gigante joven y viejo a la vez. Quedan relatos arquitectónicos y búsquedas fallidas. Queda una prédica moral consumada en el tiempo, no consumida en él. Queda la amargura de cierta utopía dulce. Queda la historia de buenas intenciones y de "malentendidos".

Amnistía

Los "guerrilleros de Cristo Rey" atacaron a una librería de Valencia, en 1972, por exponer Rayuela. Las bandas parapoliciales de la ultra-derecha argentina lo amenazan de muerte en 1976. Un artículo publicado en el diario La nueva provincia, el 19 de marzo de 1973, firmado por Francis Godolphin, habla del "disfraz de psicótico que Cortázar se pone frente a sus ingenuos oyentes latinoamericanos", "latinoamericano en París, francés en la Argentina, escritor y guerrillero según le convenga, servil panegirista de la dictadura cubana o defensor del individualismo poético".
Cortázar, aquel que de Borges dijo que navega entre las nubes, naufragó. Navegó por las aguas del peligro hacia un puerto que ya parece desaparecido. Murió. No está en el cielo con Borges. Su puerto, quizá en el fondo del mar. Su nave, hecha de papel, aún flota. Destrozada, perdida y recuperada. Flota. Está a la deriva.

Para una poética irracionalista

Cortázar se sintió ahogado y se marchó, en 1951, a Francia. Creyó poder estar allá sin dejar de estar aquí. Solitario, tímido y muy metido en sí mismo, se adecuó al respeto de la soledad y de la vida privada. Escuchar música, andar por la ciudad y que la ciudad ande por él: eso hacía, eso le gustaba. Desde allí pensaba que el destino socialista de América Latina sería inevitable a corto o a largo plazo. Ese destino propio de la "realidad" no le impidió seguir indagando y descubriendo "otro mundo" que desborda lo cotidiano y que puede enriquecer el mundo del hombre y su percepción de la realidad.
En una mesa redonda sobre el intelectual y la política, de abril de 1970, Cortázar dijo que todavía no han aparecido los Che Guevara de la literatura latinoamericana y que se deben crear cuatro, cinco, diez Vietnam en la ciudadela de la inteligencia.
La revolución, para Julio, guarda vinculación con un horror que se expresa en su literatura. Es el horror ante el mundo que estalla de miseria. Es el horror ante el hombre unidimensional. Lo expresó en el ocaso de la revolución como cura.
Malentendidos, quizás. Si el compromiso político de Cortázar le valió durísimas críticas, su justificación de la literatura le hizo decir a Carlos Altamirano (Clarín, 21 de enero de 1971) que deriva "de la poética irracionalista que alimentó gran parte de las vanguardias literarias europeas. Y no se trata, por supuesto, de condenarlas por europeas sino de criticarlas por su carácter mistificador, mistificador de la realidad, mistificador de la literatura".
Su madre nunca imaginó que tuviera inquietudes políticas. Tampoco entendió su revolción de la literatura a la política. Él le decía que necesitaba "ayudar a los pueblos", y ella comprendía: "–Julio sufre por toda la humanidad".
Escribía y sufría. ¿Conoció el sufrimiento por los textos? ¿Fue la escritura su remedio?
Escribir para no sufrir, vieja tarea. Hallar en el relato la posibilidad de contar las desgracias para conjurarlas, tal es la función homérica de la palabra. Es el canto de la identidad, de la desdicha; es la persecución del alejamiento del sufrimiento. Esta tarea sobrevive; lo sobrevive a Cortázar y sobrevive a sus inclinaciones políticas. La escritura no es, así, la política. La política acerca y realiza el dolor en la carne y en la piedra, casi inexora-blemente, aun cuando prometa lo contrario. La escritura es "ayuda" contra la política. Gracia y salario del texto en la polis, sentido inacabado, subjetivo y compartido; poderoso e indomable, a pesar de todos los intentos de gobernarlo, de pagarlo y apagarlo; a pesar de todos los malenten-didos, incluidos los causados por los escritores y sus críticos.

• Julio Cortázar: El dedo en el ventilador / Ciro Bianchi Ross

• La plenitud del ser / Pablo Armando Fernández

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Son muchos los que piensan que Julio Cortázar fue el Cristóbal Colón en el descubrimiento europeo de la ficción latinoamericana, precediendo a Alejo Carpentier, a García Márquez.

Volodia Teitelboim

(…) entendí mejor el mundo leyéndote, o sea, lo quise más(…).
siempre sentí que tu amor es infinito.
Siempre supe que tu obra nos abriga, que tu mejor obra sos vos.

Juan Gelman

Para él la palabra no era una sustitución, una fuga, sino la manera de buscar, de transgredir lo absoluto que asfixiaba al hombre. Eso era Julio Cortázar: un dulce transgresor.

Rogelio Rodríguez Coronel

 

Diseño e implementación: Karel Bofill Bahamonde
Revista Matanzas.
Revista Artística y Literaria
©Ediciones Matanzas, 2009