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Cartas a Antón Arrufat
Viena, 23 de marzo de 1963
Querido Antón:
Ayer le escribí a Calvert,(1) y le dije que iba a enviarte unas líneas. Esto responde a que no las tengo todas conmigo por lo que se refiere al correo, y prefiero que si alguna carta se pierde, otro de mis amigos se entere de que la he escrito. Como ves, en tu caso no se trata de que le preguntes a Calvert si le llegaron mis noticias. En París se habla mucho de cartas y paquetes que no llegan jamás a La Habana, y naturalmente uno se contagia y teme que estas hojitas azules acaben balanceándose en la cresta de una ola o durmiendo en alguna oficina de correos -lo que es mucho más lúgubre todavía. Hablando de paquetes, te mandé Los premios antes de salir de París, pero descuento que te llegará bastante después de esta carta. Me gustaría mucho que me dijeras lo que te parece esa novela; aunque la considero ya bastante pretérita, le tengo cariño porque fue mi primera tentativa a fondo para armar un relato novelesco, sin renunciar por eso a algunas de las características de mis cuentos, es decir, el clima fantástico dentro de un contexto perfectamente realista y cotidiano. En el fondo lo fantástico es estar escribiéndote desde una habitación de Viena, mientras tú caminas en mangas de camisa por La Habana y miras un cielo azul (a menos que haya norte); yo, mirando por la ventana veo la nieve que cae y me pregunto si cosas así son posibles, si realmente todo esto que nos ocurre a todos es posible. Desde que regresamos de Cuba me asaltan enormes bocanadas de irrealidad; aquello era demasiado vivo, demasiado caliente, demasiado intenso, y Europa me parece de golpe como un cubo de cristal, y yo estoy dentro y me muevo penosamente buscando un aire menos geométrico y unas gentes menos cartesianas. Viena, por ejemplo, no es más que pasado (el presente son unos burgueses gordos que pasean en enormes máquinas cromadas), y el pasado es barroco, naturalmente, el aire está lleno de volutas de piedra, de contorsiones del mármol, santas en éxtasis, altares infinitamente convulsos, y todo tan muerto, tan bello pero tan terriblemente muerto. Literatura, bah.
¿Cómo estás? En París le presté tus poemas a un chico argentino que es un poeta muy joven y muy puro, y que los leerá desde adentro, y que se encontrará contigo en esa región donde el diálogo es posible aunque uno no se haya visto nunca. Aurora y yo pensamos continuamente en ti, en Calvert, y también en Edmundo.(2) Hay otros, lo sabes, pero no sé por qué ustedes tres son como un solo afecto para nosotros. Creo haberle dicho a Calvert que me he enfermado incurablemente de Cuba. Pero Cuba es una abstracción si ustedes no hubiesen estado allí para encarnarla frente a nosotros, quizá no hubiéramos entrado tan hondo en algunas cosas. El tiempo hará su solapada tarea, claro está, y un día todo eso que ahora vive en mí entrará en la galería de los recuerdos, se alisará y nivelará y falseará. Por eso te digo hoy que me duele haberme ido; no me creas demasiado romántico.
Hice un paquete con mis libros, y los mandé a la Casa de las Américas como se lo había prometido a Marcia y a María Rosa.(3) Ahora espero que de allá me manden todos los libros y revistas que me regalaron, porque quiero ocuparme en París de hacer traducir textos y publicarlos en revistas francesas. Si andas por la Casa, fíjate si se acuerdan de enviarme esas cosas; ya sabes que aquí sería absolutamente imposible encontrar nada.
Nuestra vuelta en avión fue épica. Apenas sobrevolamos Europa empezaron unas tempestades tan terribles que en vez de bajar en Praga fuimos a parar en Bratislava, donde hubo que quedarse dos horas hasta que pasó el chubasco. En Praga había 16 bajo cero, pero por suerte el avión francés también había llegado con retraso, de modo que saltamos de uno al otro como quien cambia de guagua. En París había treinta centímetros de nieve en las carreteras, y un nuevo atentado contra De Gaulle. Como ves, todo normal.
Oye, no dejes de escribirme si necesitas libros o revistas francesas. Yo vuelvo a París a mediados de mayo, y puedo enviarte cualquier publicación que necesites. Creo que me dijiste que no leías mucho Francés, pero sería una buena oportunidad para que empezaras. No es por hacer propaganda, pero te estás perdiendo un idioma maravilloso, palabra de parisiense.
Si tienes un rato, mándame unas líneas. No sabes la alegría que nos daría tener noticias de allá. Aurora te manda todo su afecto, y yo un gran abrazo
Julio
Notas
(1) Calvert Casey
(2) Edmundo Desnoes
(3) Marcia Leiseca; María Rosa Almendros.
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París, 13 de junio de 1963
Mi querido Antón:
Te contesto con retraso, pero de todos modos te contesto antes que a Calvert y a Desnoes, a quienes les debo una atrasadísima correspondencia. Te pido que cuando los veas les digas que he andado metido en unos líos de abrigo, y que no se sabe bien por qué pero el correo es el primero que "paga el pato" en esa clase de dificultades. Estuve ocho días en Sestri Levante, en la costa italiana, donde había un festival de cine latinoamericano, y trabajé con un director argentino en una adaptación de un cuento mío que quieren llevar al cine. Para mí era una experiencia bastante fascinante la de pensar "en cine" y escribir diálogos sobre la base de imágenes y situaciones organizadas por otro. Como ejercicio intelectual (aunque no espiritual) es de primer orden. Pero, entretanto, tuve que suspender mis diálogos con los amigos. Ya ves, sin embargo, que vuelvo a discar el número y aquí estoy.
Quiero contestarte ante todo sobre las cuestiones prácticas que me planteas en tu carta. Con mucho gusto te doy un texto mío para los Cuadernos que edita la Casa. Me hubiera encantado mandarte algo inédito, para que algo mío naciera en Cuba (allá nació ya una gran alegría, un mes muy hermoso que hoy es ya pura nostalgia). Pero no tengo nada, porque después de mi última novela, que está por aparecer en Buenos Aires, me quedé completamente deshidratado o despalabrado, como más te guste. Sin embargo, te propongo una cosa. Ya que quieres un cuento largo, ¿por qué no sacas "El perseguidor" del tomo Las armas secretas y lo publicas por separado? Primero, es un cuento que yo quiero mucho, y en el que me parece que alcancé a tocar (a divisar, quizá) unos límites a los que quisiera llegar antes de morirme. Segundo, creo que tiene interés para el público cubano, a quien en los últimos tiempos les están un poco vedadas las atmósferas extranjeras. La vida de un músico negro de jazz (se trata de Charlie Parker, no sé si leíste el cuento) es ahí un pretexto para interrogarse sobre la condición humana individual, y bien sé que tanto tú como yo sentimos continuamente en peligro y amenazada esa interrogación colectiva que, por lo menos en la literatura, no ha dado hasta ahora gran cosa. Pero, en fin, tú eres el más indicado para decidir si te parece bien publicar ese cuento. Desde ya estás autorizado a hacerlo, siempre que jures sobre la cabeza de Calvert que vas a revisar las pruebas como si fueran los rollos del Mar Muerto.
Gran idea la de publicar "Aura" de Fuentes. Es una maravilla de relato. ¿Sabes que Luis Buñuel quería hacer una película con ese cuento, uno mío, y otro de Jensen? Creo que los productores se aterraron tanto que le negaron el dinero, con lo cual nos quedamos todos colgados. Pero en manos de Buñuel "Aura" podría haber dado una película maravillosa.
Me hablas de un poema tuyo, y me prometes enviármelo. Lo estoy esperando, no te olvides. Tu libro (En claro) sigue pasando por manos de poetas, que te han descubierto y que me lo agradecen. Ayer precisamente vino a casa Arnaldo Calveyra, un chico argentino muy sensible, y me dijo que tus poemas le habían parecido los más hermosos de todos los que le pasé a mi vuelta de La Habana. Yo, Antón, no te digo nada, pero cada tanto me vuelven a la memoria imágenes y sonidos, y tu tío loco Roberto se pasea por las habitaciones desocupadas. Es eso la poesía, ¿no?
Gracias por haber corregido "con ahínco" (sic) las pruebas de mi charla. No he recibido todavía ningún ejemplar de la revista. ¿Ya salió? Aquí en París anda Acosta León, que me telefoneó para venir a casa, pero después no vino y supe que las consecuencias de un almuerzo en casa de Matta habían sido tan catastróficas desde el punto de vista etílico y metílico, que el pobre Acosta tardó bastante en reponerse y salir de debajo de la mesa. Ahora dice que vendrá el sábado. Lo esperaré con agua mineral, Alka Seltzer y otros antibióticos.
Escríbeme. Mándame el poema, no te olvides. Yo, por supuesto, te haré llegar la novela apenas salga y me la envíen de Buenos Aires.
Aurora te quiere mucho, y tú eres un frecuente visitante en nuestros diálogos. Un gran abrazo,
Julio
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París, 3 de noviembre de 1963
Mi querido Antón:
Nuestro común amigo me entregó las cartas de Marcia y tuya. Lamenté que estuviera apenas de paso por París, porque le tengo una gran simpatía después de haber leído sus poemas, y me hubiera agradado charlar largo con él de tantas cosas. Desde luego, el que me trajera noticias de todos los amigos de La Habana fue un regalo maravilloso, que nos consoló de la mucha zozobra que hemos sentido este tiempo después del maldito ciclón. De todo esto le hablaba esta mañana a Calvert, en una carta que le escribí y que probablemente leerás; me ahorro, pues repetir inútilmente cosas que tu corazón debe comprender muy bien.
Me das muy buenas noticias en tu carta, viejo. No sabés cuánto me alegra que te haya gustado Los premios. Curiosamente, una referencia que hacés a la forma de la novela ("los pequeños capítulos, los cortes, los saltos en el tiempo…") se aplica mejor a Rayuela que a Los premios, y por un momento me pregunté si no te habrías equivocado de título. Supongo que no, porque yo envié Rayuela a la Casa de las Américas hace apenas un mes y medio, y no creo que hayas tenido tiempo de verla. Dicho sea de paso, avísame si es útil que les mande otro ejemplar (para ti, por ejemplo, a título privado); te digo esto porque el editor, basándose en que el libro cuesta muy caro, se porta como un tacaño monstruoso y no me manda más que unos pocos ejemplares que no tardan en desaparecer. De todos modos, siempre tendré uno para ti si no has podido echarle mano al de la Casa. Me lo dices, y te lo mando. Bueno, me alegra y me pone muy orgulloso saber que has escrito una reseña sobre mi libro, y que podré leerla a comienzos del año que viene. Como te conozco un poco (¿qué es un mes. Sí, es algo, cuando se queman etapas y se mira a lo hondo; claro que es algo, che), imagino que tu lucidez, tu humor y tu sensibilidad poética se habrán aliado para descubrir inmejorablemente lo que haya de malo y de bueno en mi librito. Espero con muchos deseos tu nota.
Y ya que de mí hablamos, contesto a tus casi increíbles proposiciones. Ya lo de editar. "El perseguidor" me parecía magnífico; pero que ahora, llevados por un entusiasmo que no trepido en calificar de temerario, Calvert y vos estén dispuestos a editar una antología de mis cuentos, me deja acentuadamente estupefacto. ¿Lo han pensado bien? Si es así, mi respuesta no puede contrariar tan catastrófica decisión. Con alegría, con orgullo, con toda mi alma les digo que sí, que los autorizo y los apoyo. Mirá, Antón, este asunto queda entre ustedes (es decir, la Casa) y yo. El editor argentino de mis libros no tiene por qué enterarse, ni de que ustedes me editan, ni de que yo los autorizo. Si se enterara, habría un lío padre, porque ya se sabe lo que es un señor que está ganando bastantes dólares con mis libros y se entera de que en un país americano le hacen una edición de su amado autor. Yo conozco de sobra la situación en Cuba, y entiendo que la mejor manera de colaborar con lo que ustedes están haciendo es facilitarles la labor. De nada valdría empezar con "tratativas" París-Buenos Aires o La Habana-Buenos Aires. Pasaría el tiempo, el editor no estaría de acuerdo, etc. De manera que adelante, y por favor que esta carta no circule: le aplicás un fósforo y nos olvidamos de ella. (Ojo: queda entendido que, en caso de dificultades, yo estoy dispuesto a hacerme responsable ante mi editor de la publicación de la antología; no se trata de escurrir el bulto ni cosa parecida. De todos modos, cuanto menos se hable del asunto, mejor; que salga el libro, y si te he visto no me acuerdo…)
Me gustaría saber qué selección han hecho Calvert y vos. En una carta que llegó junto con la tuya, Marcia me habla del asunto y me pregunta si no podría agregar algunos cuentos inéditos. Bueno, fijáte que en Buenos Aires van a reeditar justamente Final del juego, y yo aproveché para incorporar a esa nueva edición una serie de 7 u 8 cuentos que andaban sueltos por ahí. Si querés, entonces, puedo mandarte algunos para que los leas y decidas si los metés o no en la antología. Pero antes de sacar copias (cosa que me aburre enormemente) escribí si los querés o no. A lo mejor ya han decidido arreglarse con el material que tienen allá.
Acabo de pedirle a Alejandra Pizarnik que te mande poemas. Lo hará. Conocí en París a Italo Calvino, y le pediré que te mande un cuento. Seguiré buscando. Conozco a pocos escritores, aunque te parezca raro, y vivo muy solo. Pero ya te encontraré cosas buenas, porque de las otras hay a montones.
Gracias por todo, y hasta tu carta. No te olvides del poema apenas salga. Aurora te abraza con todo cariño, y se acuerda de lo mucho que nos reímos juntos mientras andábamos de noche por La Habana. Con todo cariño,
Julio
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París, 22 de diciembre de 1963
Mi querido Antón:
Empiezo a cumplir. Aquí van algunas cosas, y la promesa de otras. Italo Calvino me dio un relato bastante autobiográfico. "La Strada di San Giovanni".Como Aurora tiene mucha experiencia de traductora, decidió hacer la versión española. La está terminando y Calvino la verá y criticará antes de salir para Cuba. A lo mejor te la lleva personalmente, pero si no es así irá en mi próximo envío.
Ahora te hago llegar:
1)La versión de un poema de Hubert Juin, junto con un folleto del que podrás extraer el currículum vitae.
¡Ojo! Hubert pone a disposición de la Revista un largo y completo estudio sobre Aragón (en Francés). Te lo envío por si prefieres eso al poema.
2) Un poema que me gusta mucho de un argentino, Saúl Yurkievich, que vive en París. Datos: nació en 1931 en La Plata, provincia de Buenos Aires.Obras: Valoración de Vallejo, 1958, Carlos Mastronardi (estudio), 1962, Volanda linde lumbre, poemas, 1961.
3) Un cuento de un escritor chileno, Jorge Edwards, titulado "Rosaura". Van datos sobre el autor.
¡Ojo! Mario Vargas Llosa, gran novelista joven peruano, me ha prometido un cuento. Será mi próximo envío.
¿Apareció otro número de la revista después del 15-16? En todo caso no lo he recibido.
Por aquí anduvo Fernández Retamar. Hablamos largo de tanta cosa, y yo sentí una nostalgia de ustedes, de esos días ya un poco fantasmales. Pero no nos pongamos melancólicos que no está la cosa para eso. Cuenta conmigo para lo que sea, y dime qué te parece este envío. Oriéntame, si es necesario. Yo seguiré buscando.
Un gran abrazo a Calvert, y todo mi afecto a los amigos de la Casa.
Aurora les envía su cariño. Te abraza
Julio
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París, 16 de mayo de 1964
Querido Antón:
Tu carta llegó a tiempo para que pudiera contestarla, pero casi pierde el tren… Quiero decir que estoy haciendo las valijas para un viaje de dos meses por Europa (trabajo y vacaciones mezclados); unos pocos días más, y tu carta hubiera esperado muchas semanas acostada en el precioso felpudo que hay delante de mi puerta.
Por lo demás, que te la conteste o no te va a interesar muy poco, porque a pesar de tus órdenes perentorias (que yo, subordinado fiel, quisiera obedecer de todo corazón) te vas a quedar sin el imaginario capítulo de novela que inventaste como cebo. La razón es muy sencilla, y es que como no he empezado ningún libro nuevo después de Rayuela, naturalmente no hay capítulo ni cosa que se le parezca. No me preocupo demasiado por ti, porque descuento que recibirás mucho material de diversos países, pero lamento que tu brillante despliegue de fantasía no haya tenido la recompensa que toda fantasía merece: la de volverse realidad.
Me alegro mucho de que parte de los materiales que te envié haya servido para la Revista. Si en el curso de mis vacaciones asoman algunas páginas aprovechables, prometo enviártelas aunque sean manuscritas. Por lo demás, seguiré buscando colaboraciones interesantes.
Le di a leer tu carta a Chichita, que estuvo unos días en París, y se emocionó mucho con el buen recuerdo. Te imaginas lo contentos que estamos con la noticia de que vas a venir a París en noviembre. Por supuesto que estaremos, metidos hasta las orejas en la conferencia general de la Unesco, pero eso no impedirá en absoluto que nos veamos todas las veces que quieras, y que caminemos por París como un día ya tan lejano caminamos en las noches de La Habana. Tu viaje, y la posibilidad de que Calvert pueda también venir, nos llena de entusiasmo. Ya era tiempo de que nos devolvieran la visita, che.
Te escribo bajo la penosa impresión de los telegramas que estamos leyendo estos días, y que dan la impresión de que los gusanos preparan una vez más alguna de las suyas. Por un momento creímos que Cuba podría afirmarse en su camino con una relativa tranquilidad, pero esta multiplicación de "incidentes" nos da mala espina. Te imaginas cómo nos sentimos cerca de ustedes.
(…)Quisiera escribirte mejor y mucho más largo, pero estoy fastidiado con los trámites del viaje y esas misteriosas operaciones que se llaman "cerrar la casa"; irse de París por dos meses es un lío espantoso. Felices los beduinos que levantan cada mañana su tienda, etcétera.
Nuestros cariños a Marcia y a todos los amigos y amigas de la Casa. Un abrazo fuerte a Calvert. Hasta pronto, con todo mi afecto,
Julio
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París, 24 de febrero de 1965
Querido Antón:
Qué alivio, qué tranquilidad, saber que llegaste a BRUXELLE-MIDI y que te bajaste en vez de seguir a Cracovia, Vladivostok o Santiago del Estero (Argentina). El silencio que siguió a tu partida podía, naturalmente, interpretarse como un signo favorable o altamente ominoso. Es bueno saber que Guillermo estaba en la estación (o alguien que lo representaba) y que fuiste recibido como te lo mereces. Nosotros, viejo, nos quedamos muy vacíos con tu partida, y esa misma noche yo tendí la mesa y puse tres cubiertos, cosa que provocó la emoción de Aurora, que me trató primero de tonto y distraído, pero después me prestó por un momento su manita izquierda en señal de complicidad y apoyo.
Esta ha sido una buena semana, porque tras de tu carta llegó una de Calvert, con lo cual las evocaciones estuvieron a la orden del día. Te contesto con algún atraso (y por eso envío la carta a Praga) porque me paso todo el tiempo en la Unesco y vuelvo bastante cansado a casa. De todos modos pienso que estas líneas te llegarán a tiempo.
La reunión en casa de David estuvo muy divertida. Alejo guardó un mutismo penetrante, y la verdad es que se lo veía muy cansado y con más ganas de dormir que de beber o charlar. Pero nos desquitamos con Roberto, con Mario Vargas, con Jorge Edwards y con el poeta chileno Enrique Lihn, sin contar diversas señoras y señoritas que, como dicen en La Nación, amenizaron la reunión hasta altas horas de la madrugada.
Y ahora te volvés a La Habana, y reanudás tu vida de camisa blanca al viento, sandalias y paseos nocturnos sin temor de perderte. Te extrañamos y te extrañaremos, pero nos alegra también que hayas vuelto a lo tuyo donde tanto tenés que hacer y donde sos necesario. Lo digo asimismo por Calvert, cuya carta es una especie de inmenso suspiro de alivio por estar de vuelta. A diferencia de este amigo que te escribe, ustedes no tienen alma de apátridas. Pero no todos tienen la suerte (la dura suerte) de compartir un destino como el de tu tierra.
Bueno, ahora iré "rejuntando" los materiales para nuestra noble y meritoria Revista, y te los enviaré. También irán los libros, en un bello paquete decorado con un moñito. Y vos, algún día, te sentarás a la máquina y me mandarás unas líneas para que sepamos cómo llegaste y cuál fue el balance general de tu viaje.
Arnaldo leyó en silencio el párrafo que le dedicabas, y después produjo una de sus misteriosas sonrisas donde parece estar asomándose toda la bondad (y una pizca de malicia) de la tierra. Luego dijo una de esas frases elípticas de las que tiene la propiedad absoluta; "Antón es desde aquí hasta allá (moviendo las dos manos de izquierda a derecha), pero uno sabe que es siempre el centro". Aurora y yo asentimos respetuosos, y le repetimos su ración de créme de marrons.
Querido, que ésta te encuentre bien, rodeado de bellezas checoeslovacas (me refiero a las arquitectónicas, naturalmente) y que tengas un magnífico viaje de vuelta. Me atrevo a esperar que me escribirás pronto.
Aurora junta sus manos en tu cuello, lo que en ella es siempre signo de gran afecto. Y yo, sin llegar a esos extremos, te abrazo muy fuerte,
Julio
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París, 2 de abril de 1965
Mi querido Antón:
Cuánto tiempo ha pasado desde que te fuiste, muchacho. Para mí, metido en un par de cuentos que me vampirizaron durante dos meses, tu paso por París tiene algo de vacaciones de verano (aunque fuese pleno invierno) puesto que significó largas charlas, caminatas, exploraciones por París, y tantas cosas es-tu-pen-das (que la entonación la ponga tu recuerdo).
Ahora, bruscamente, despierto a mi deber y me pongo a trabajar para la Revista. Primero de todo quiero decirte que recibí el número 27, con la espléndida cubierta de Antonia Eiriz. Y antes de que me olvide: hay en la Unesco un escritor español joven, llamado Francisco Fernández Santos. Es ensayista, aunque ha escrito uno que otro cuento (flojos).Pero como ensayista y polemista es de primera; socialista, se ha batido polémicamente con gentes tan conocidas como Juan Goytisolo, y en mi opinión les dio una paliza cada vez que se metió con ellos. Bueno, este muchacho vio la Revista (gracias a tu servidor, que le pasó todos los números que tenía) y se quedó deslumbrado. Me preguntó cómo podría hacer para conseguirla, y yo le dije que te lo preguntaría a ti. Si se lo puede incluir entre los que la reciben en París, creo que no será inútil; entre otras cosas, ya le he pedido un ensayo que te mandaré para que decidas si merece publicarse. La Revista habría que enviarla directamente a la Unesco, y a nombre de Francisco Fernández Santos.
Bueno, aquí te mando textos. Primero, los de Jonquiéres, que me parecen de primerísimo orden; no te oculto que las “prosas” (¿pero cómo llamar prosa a esas increíbles construcciones de la imaginación?) me gustan más que los poemas, pero quizá fuera bueno mostrar las dos cosas. CURRÍCULUM VITAE:
Eduardo A. Jonquières. Argentino, nacido en Buenos Aires en 1928. Pintor y poeta. Publicaciones: La sombra, 1941; Permanencia del ser, 1945; Crecimiento del día, 1949; Los vestigios, 1953; Pruebas al canto, 1955; Por cuenta y riesgo, 1963; Zona árida (en preparación).
By the way, este hombre no sería mal candidato para un jurado de poesía.
Siguen poemas de Claribel Alegría. Creo que ya tienes sus datos biográficos.
Siguen poemas de Jacques Depreux. Tú mismo los escogiste de una serie que te mostré en París. Creo que cinco está bien, pero si necesitaras más, tengo nuevas traducciones.
CURRÍCULUM VITAE:
Jacques Depreux. Nacido en 1922 en Saint-Omer (Pas-de-Calais). Francia. Aunque escribe poesía desde hace varios años, no las ha reunido en volumen.
Iba a agregar aquí el “Canto de amor” de Hubert Juin, pero en el momento de releerlo descubrí que puedo mejorar todavía la traducción, de modo que lo retengo y te lo envío por separado un día de estos.
Apenas te fuiste me precipité sobre El antagonista: tal es la perversidad de la criatura humana. Has hecho muy bien en reunir en volumen esos cuentos, de los que me gustan el que da título al libro (me gusta muchísimo, tiene algo de ciertos cuentos ingleses que ocurren en islas tropicales, el primer Sommerset Maugham, quizá, antes de que se estropeara tanto, y también de Conrad, pero un Conrad menos metafísico y más metido en la angustia personal); y después, no por orden sino al azar del recuerdo, me gustan “El viaje”, “El viejo” y “El cambio”. Como ves me gusta casi todo el libro. “La dádiva” me dio la impresión de que habías pasado rozando un gran cuento.
Sabrás (se lo conté a Calvert el otro día) que hubo aquí un ágape tremendo con diversos agregados culturales y escritores argentinos. Cito: Franqui, Pablo Armando, Guillermo y señora (también estaba la señora de Franqui), Arnaldo, Cortázar y señora. Ya ves que mesa; para mejor, en el "Vagenande", ese restaurante de la "belle époque" que te había gustado mucho una noche. Fue muy bueno reunirse con todos esos amigos, fumar tabacos y dejar la literatura por el suelo (exaltando a los amigos como se debe, por supuesto). Me gustaría irme un fin de semana a charlar largo con Guillermo, porque aquí apenas se queda un día y no podemos trenzarnos como quisiéramos. Me ha dicho que es candidato al premio Formentor, o sea que Seix Barral presentará la novela que le premiaron hace poco y que está todavía en manuscrito. Ojalá se lo gane, sería formidable.
Por paquete certificado te envié los libros, hace bastantes días. Desde luego recibirás primero esta carta, que pasará a unos ocho mil kilómetros por encima del paquete y le sacará una ventaja bárbara. Tengo una tía a quien estas "mostraciones parcializadas de la realidad", como diría un Herr Doktor de Heidelberg, le producen una estupefacción infinita, razón por la cual yo me pasé años poniéndole ejemplos de esa naturaleza sin previo aviso. Por ejemplo, dentro del tema de la aviación:"Tía, cuando usted viajó de Buenos Aires a Montevideo, ¿se le ocurrió pensar que iba sentada en una silla que volaba? Mi tía, luego de un instante de reflexión, se ponía pálida que daba miedo. El avión estaba bien, con su piso sólido donde apoyar los zapatos, pero de golpe, el pensar que había estado sentada en una silla voladora, la aterraba retrospectivamente. Nunca fui su sobrino preferido.
El 30 de este mes nos vamos a nuestro ranchito provenzal. Ergo, escribía a esta dirección (…). Pienso pasarme el verano en mi valle con perfume de lavanda, escribiendo. Terminé ya un libro de cuentos, pero necesita mucho ajuste, y allá podré hacerlo muy bien.
Bueno, Antón, hasta pronto. Abraza a todos los amigos de la Casa, y dile a Chino que me llegó su segunda carta y que se la agradezco muchísimo. Ojalá podamos ver a Mayito si viene a Francia, pero tendrá que viajar por la Provenza puesto que no estaremos en París.
Hasta siempre, con un abrazo muy fuerte de
Julio
Aquí hubiera debido poner que Aurora te envía sus cariños, etc., pero sería una triste mentira, pues Aurora está en Roma, trabajando para la FAO , y no tiene la menor idea de que te escribo.
OTROS SÍ digo: los de Sudamericana prometen enviar ejemplares de Rayuela. Apenas los tenga cumpliré con la Casa y mandaré dos ejemplares. Dicho sea de paso, me gustaría recibir tres o cuatro ejemplares de mi libro. Creo recordar que sólo me llegaron dos; regalé uno y me queda el otro, pero quisiera unos pocos más, si es posible.
Gracias. |