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Marcas de Agua,
de Ercilio Vento Canosa
Ediciones Matanzas, 2009. |
Por muchas razones… una Alianza otra.
En el mismo instante de la concepción del hombre, en el principio de todo,aparecen las marcas. Genéticas primero, en las que el protagonismo cromosomático conforma el genoma humano, uno y distinto siempre; luego se mezclan en abigarrado diapasón, múltiples y diversos signos que, visibles o invisibles, para fortuna o desventura, constituyen el leif motiv de nuestros actos.
Desde tiempos inmemoriales se impusieron atributos o la práctica de signalar el cuerpo humano para indicar la pertenencia o no a un conglomerado, casta, familia. Una antigua costumbre de los pueblos orientales era la circuncisión, operación que se practicaba en el miembro viril cortando la piel llamada prepucio. Era este un rito iniciático que en algunas de estas culturas significaba la entrada del adolescente en la sociedad de los adultos, y que, desde una óptica religiosa, se concebía como símbolo de la fecundidad.
En Israel, la circuncisión revistió una significación nueva: se consideraba la señal distintiva de los que pertenecían al pueblo escogido por Dios. Solamente por esa marca entraba un extranjero a esa comunidad religiosa; era la circuncisión el signo de la Alianza, del Pacto.
Quienes "vinieron de lejos, de otras islas" para asentarse y constituir en derredor de la bahía de la matanza, en esta tierra rodeada de aguas, la ciudad de San Carlos y San Severino, asimismo establecieron un pacto, una alianza otra con este escenario de "asombrosa belleza". También el conjuro de las aguas atrapó a ilustres visitantes de otras latitudes y los marcó para siempre y a tal extremo, que no pudieron eludir dejar para la posteridad emotivas expresiones y relatos de esa comunión casi mítica con el entorno citadino.
Y esa comunión, esa profesión de fe que Cintio Vitier con singular acierto denominara "la matanceridad" se revela en el centenar y medio de páginas de este nuevo libro que bajo el sello de Ediciones Matanzas nos entrega el Dr. Ercilio Vento Canosa. Marcas de agua, es el quinto volumen de su autoría que publica nuestra casa editora. En todos, un denominador común: Matanzas, sus hombres y mujeres, sus paisajes y/o acontecimientos que tuvieron como escenario esta ciudad. Con uno de ellos guarda Marcas de agua mayor parentesco. Me refiero a El alma de la ciudad, que como el libro que ahora comento pretende salvar de la desmemoria y del olvido lo que nos pertenece e identifica como conglomerado social, ese aliento vital con el que cada quien –en mayor o menor escala- impregna y marca la existencia colectiva, esa expresión del ser en sus múltiples maneras de estar. En Marcas de agua se testimonia lo que ya había sentenciado el Dr. Vento Canosa en El alma de la ciudad: "Una ciudad es algo más que calles y edificios". Esa es la razón primigenia de las veinte crónicas -género que marcó su impronta en el mapa literario insular desde los tiempos del encontronazo de culturas y la posterior conquista y colonización, que Vento Canosa revitaliza en este empeño por reconstruir historias, personajes y épocas; veinte crónicas que cierran con un epílogo conmovedor que corrobora otra sentencia que aparece en El alma de la ciudad: "Matanzas es el resultado del paisaje y su gente".
Pero hay dos marcadas diferencias entre ambos volúmenes. Lo que en El alma de la ciudad era suave ironía, aquí se mezcla con un humor también delicado pero que hace rebasar los límites de la discreta sonrisa, y por otra parte, las historias llegan en Marcas de agua hasta nuestros tiempos y son mayoritariamente centradas en personajes que, reales o no, vivieron, o mejor, convivieron, en el imaginario popular. Porque debo advertir a los lectores que el tratamiento de la historia y la fidelidad de su autor a ella, no resulta óbice para que la imaginería y la fantasía se entrecrucen en no pocos pasajes .Y es que el entorno citadino y su gente sin dejar de ser reales, palpables, portan fuertes dosis de asombro, de momentos maravillosos que podrían resultar inverosímiles para personas… no marcadas por las aguas.
Con la suspicacia del científico, la intrepidez del arqueólogo, la obsesión del historiador, Ercilio Vento Canosa nos invita a recorrer momentos de la vida matancera de antaño y de hogaño, de la Matanzas de siempre.
También las marcas de agua exigen un compromiso tácito e incondicional, un accionar consecuente para preservar lo que es patrimonio de todos, para depositar en las manos de las futuras generaciones el orgullo legítimo de salvaguardar y engrandecer la herencia recibida. Vento Canosa nos recuerda que los hombres somos el alimento anímico de las ciudades, y que si las personas cambian, se transforma igualmente el corazón urbano.
No quiero obviar referirme en forma particular a la valía de textos como estos. Lo haré con un extraordinario juicio del polígrafo español Marcelino Menéndez y Pelayo quien apuntaba: "Donde no se conserva piadosamente la herencia de lo pasado, pobre o rica, grande o pequeña, no esperemos que brote un pensamiento original ni una idea dominadora. Un pueblo nuevo puede improvisarlo todo menos la cultura intelectual. Un pueblo viejo no puede renunciar a la suya sin extinguir la parte más noble de su vida y caer en una segunda infancia muy próxima a la imbecilidad senil". Libros como Marcas de agua nos salvan de ese desarraigo.
Bárbaro E. Velazco
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