Muerte por Agua. Vida por Teatro

Cartel de la obra Muerte por Agua

En el marco del recién finalizado Festival de Teatro Amateur “Olga Alonso” en Fomento, Sancti Spíritus, el Conjunto Artístico Comunitario Korimakao reestrenó el espectáculo unipersonal “Muerte por Agua. Un texto de la destrucción” del dramaturgo cubano Norge Espinosa, con la actuación de la actriz Liliet González con dirección de Reynaldo Tejadilla.

La pequeña sala de la agrupación “Agón Teatro”, se quedó chica ante la avalancha de personas frente a su puerta, para apreciar el acontecimiento escénico, que se prestigió con la participación del Presidente de la Asociación Internacional de Teatro Amateur, entre otros invitados nacionales e internacionales.

Un público heterogéneo que iba desde instructores de arte compañeros de la homenajeada en el nombre y propósito del Festival, hasta adolescentes participantes como competidores en el mismo, acompañó al Korimakao en su primera presentación en esta fiesta escénica, en la que el Conjunto intervino en calidad de invitado.

En la intimidad de una sala hogareña convertida en escena no convencional, sucedieron las diferentes escenas de este drama “particularmente descolorido”: una Ofelia espectral, venida del fondo del lago, desde sus reminiscencias palaciegas de la tragedia shakesperiana, de sus restos de olvido en nuestra Dinamarca insular; interactuó con un público “saqueador de tumbas”, en pugna constante entre pasado y presente, rencor y olvido.

De la risa a la lágrima, del regocijo a la consternación, de la moderación al exceso; la joven y prometedora Liliet González desplegó su profundo dominio de la maquinaria escénica. Si a finales de 2016 la obra dialogaba con el “mar de luto” que asolaba a “la Patria Agonizante”, en la actualidad nos advierte sobre la necesidad de preservar lo conquistado en esta Isla.

Texto y puesta en escena circular construidos en fragmentos desperdigados como explosión –implosión, con marcado jambaje existencialista, sirvió para construir ese extraño lugar poco común donde ficción y realidad se dan la mano y se agreden a la misma vez.

La obra resulta un espectáculo unipersonal donde la actriz baila a la mejor manera de la danza –teatro, canta y hasta toca una flauta a lo Hamelín: así nos “convoca a morir” y casi la acompañamos en su bregar por el inframundo que es el teatro, “que es la vida misma”.

Lástima que la organización del Evento y problemas de producción y voluntades encontradas en los organizadores del Festival, impidieran la representación una vez más para las cien personas que esperaban insistentes en la entrada de la Sala, aun cuando la agrupación estaba dispuesta a invocar nuevamente este auto sacramental.

Al final todos quedaron con las ganas maltrechas, deseando ser convocados y convocar al mismo tiempo este viaje al pasado y al presente; a resurgir juntos en nuestra soledad acompañada; a debatir, juntos, el futuro de Dinamarca.

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