Ignacio y María
Me vienen a la mente varias puestas en escena en las cuales la integridad de todos los elementos, que permiten una concepción dramática sumamente inteligente y del agrado de los espectadores, conceptualiza el arte teatral con la premisa de hacerlo arisco de la exacerbación social. Obras que solamente al ver el desempeño actoral y la utilización de recursos escenográficos de marcada índole poética puestos al servicio de la intensión dramática, producen una visión fantasiosa, un choque entre lo real y lo imaginario. Estas representaciones, y no limito el amplio espectro de estéticas, demuestran la capacidad creadora del director, y a su vez la utilización de actores de acuerdo al estilo que se proponga.
Todas estas alegorías surgieron en mi pensamiento cuando observaba, como parte de la VII Jornada de la Dramaturgia Cubana, la puesta Ignacio y María de Teatro D´Dos dirigido por Julio César Ramírez. Y vinieron a colocarse detrás de mis ojos no porque lo visto congeniara con lo planteado anteriormente, todo lo contrario. El texto de Nara Mansur, como generalmente se empeñan varios autores, no relata una historia, sino que lo contado a través de sus personajes parece haber salido de una consulta psiquiátrica. La mayoría de las veces el auto análisis se convierte en la llana línea estructural de la obra, lo que conlleva al desinterés por parte del destinatario final del proceso de trabajo. Particularmente el argumento de Ignacio y María se basa en dos amantes que en la distancia recuerdan y viven rememorando al otro, con causa o sin ella se localizan en dos espacios diferentes potencialmente traicionados. Los dos personajes, Ignacio en un país extranjero y María en la Cuba de la plancha y el radio, donde convive entre lamentos, de ninguna manera convierten las tablas en otro mundo.
La escenografía desde el primer momento indicó el camino en que se produciría la narración. Elementos ya vistos que volvieron para aburrir con la cotidianidad de su naturaleza a quienes desean la novedad. Llegan personajes repetidos, vueltos a tomar de otras aparentes falsas. ¿Será tan difícil conseguir algo diferente?
Vuelve al Teatro Sauto una puesta en escena, que con calidad o escasez de ella, se muestra al público matancero como parte de esta provechosa Jornada de la Dramaturgia Cubana. La opción siempre es bien recibida por los asiduos a la representación teatral.
- El estudiante atrevido
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no sé cómo te dejan escribir aquí
Es una lástima q gente como tú tengan la posibilidad de tener un espacio como este. Pero lo mejor es que la gente hable, bien o mal, pero q hablen; que no siléncien un trabajo. Eso quiere decir que este ha provocado algo en su receptor. Es una pena que la gran mayoría de las personas que estaban esa tarde de Ignacio y María en el Sausto no compartan tu opinión. Si quieres algo renovador comienza por estudiar qué está pasando con el teatro cubano actual y haz algo para que mejore y se haga "interesante" y "diferente" como pretendes. El teatro se hace para llegar al espectador y lograr que se le hable de su realidad -o no- o seamos capaces de trasmitir algo que no sea tan frío ni incoherente -y hasta irrespetuoso- como lo que acabas de escribir. Pero lleno de piedras está el camino y solo queda echarlas a un lado para seguir avanzando. Es una pena que no hayas logrado comprender nada esa tarde. Incluso también lo es que hayas estado allí. Para emitir un criterio negativo hay que tener fundamento y, ante todo, RESPETO. Es muy bueno saber que algo te haya provocado Ignacio y María; al menos te hizo ocupar tu tiempo en ella y poder escribir. Suerte que algunos somos un poco más sensibles y hacemos teatro para sentir y hacer sentir y pensar a quien viva para él; no "de él".
Por cierto, Teatro D' Dos continúa sus funciones durante todos los fines de semana del mes de enero en la Sala Estudio del Centro Cultural Bertolt Brecht, 7pm los tres días. Además, tú trabajo seguramente lo guardarán junto a otros tantos que discrepan completamente con tu opinión.
Gracias una vez más.
Al necio se le conoce por lo que habla.
escrito para Yaismel y la puesta de la obra de Nara Mansur. El no puede
comprender lo de renovador que se encuentra en un texto de una de nuestras
más jovenes autoras. El no conoce de estilo, de lo que puede haber de
experimentación en el tratamiento de nuestra realidad, de rompimientos
temporales y espaciales, del valor del silencio y de la palabra. ¡No conoce
de signos, de la hibridez, no conoce de la indeterminación, de la
fragmentación, de la descanonización, de la ironía... en fin de ciertos
rasgos de la posmodernidad que aparecen en el corpus textual de la
dramaturgia de Nara Mansur. Otra manera de escribir, muy particular por
cierto, dentro del escenario dramático de la Isla. Qué pasa con el
tratamiento de la realidad para Yaismel? Cuál es tu confusión con todo un
instrumental teórico que no dominas, porque te encuentras en un estado
primigenio de la formación del gusto estético, la que se lleva por
emociones, en tu caso no educadas, para que puedan ser racionales y puedas
convertirte en juez del teatro cubano que desconoces, porque solo articulas
palabras que intentas incorporar a tu vocabulario para parecer erudito. Qué
es para ti, imaginación, fantasia, cotidiano, realidad? De qué hablas? Por
qué arremetes contra todo y salvas poco, como si tuvieras un poco de Nerón y
la confusión de Li Ka, el atolondrado hablador de Las Impuras Furias del
Emperador. Me he dedicado a revisar todo lo que has escrito y debo aclarate
que estamos en la época del postmodernismo, ese termino polémico y
contradictorio que revisa el pensamiento crítico y nos hace mirar al pasado,
al presente y al futuro. Debías leerte a Rine, que antes de escribir crítica
era un un hombre de profunda cultura teatral y humanista. Debes leerte al
maestro Artiles, para escribir de teatro para niño y de títeres. Debes leer
a ciertos maestros y comprender que en sus opiniones, a veces erradas hay
una fundamentación contundente de lo que escriben. El crítico profesional,
que no es tu casom, creo, se equivoca, pero lo que escribes no es solo
equivocación, es una especie de desfasaje, de necedad que debes alimentar
con estudio y comprensión de las poéticas teatrales contemporáneas. No solo
el artículo de Ignacio María es disparatado. Es todo lo que escribes sobre
teatro. Quién eres en realidad, que no te conozco? Un seudónimo? Un
personaje real? Una creación ineficaz que desea ser verdugo y se convierte
en víctima de sus propias palabras? Está escrito en alguna parte: ¨Al necio
se le conoce por lo que habla. El necio no para de hablar¨,
con mucho respeto para los críticos que deben iluminar a sus lectores,
Lisa Mejides