NUBES AZULES: EL ESTRENO

El pasado 30 de septiembre se realizó en la sala de Daoiz 83, sede del grupo Teatro Papalote, el estreno de Nubes Azules, con texto y puesta en escena de René Fernández Santana. Este espectáculo ha venido sufriendo un interesante proceso de gestación desde finales del mes de mayo. Para él, la dirección junto a su equipo de actores, la asesoría dramática y el diseñador, toman como fuente matriz 1, 2, 3, Nubes Azules, publicación de Ediciones Matanzas en el 2009 que recoge tres obras de Fernández Santana para teatro escolar: ¡3, 2, 1: Nubes Azules al espacio!, ¡A soplar todos!, ¡Dos preguntas, tres goticas y cuatro vueltas! Sobre el singular proceso de deconstrucción y reorganización que ha sufrido este material dramático, se comenta detenidamente en: Nubes Azules, de René Fernández Santana: breve relatoría de un proceso, publicado en el sitio web Atenas.
Nubes Azules es una puesta que toca de forma viva y directa la aparentemente trillada temática del medio ambiente y su contaminación. La emisión de gases nocivos al espacio, la suciedad en las comunidades y el progresivo deterioro de la estratósfera, conforman las ideas fundamentales sobre las que Herlys Sanabria, Mayda Seguí, Yaikiel Tápanes y Pedro Rubí van armando un mundo ficticio que sintetiza escenográficamente tantos y tantos lugares de nuestro país y el planeta. El juego titiritero que se puede disfrutar en esta nueva entrega de Teatro Papalote, posee virtuosos muñecos, en los que Yacqueline Ramírez despliega una realización donde el gusto por el detalle y la limpieza en la imagen aportan al espectáculo uno de sus más significativos valores. La interpretación actoral y la animación de los personajes se desplaza en un retablo con tres niveles significativo: torres y fábricas contaminantes dentro el primer nivel, edificio con vecinos en el segundo, y sol, la luna y las nubes en el nivel superior. Dentro de estos tres planos visuales, Los Vecinos, como personajes directamente afectados, junto a Los Inventores e Innovadores deciden crear un artificio, una colorida pasarela de moda en la que exhiben las cualidades de una moderna torre guarachera y sandunguera a través de la cual le mostrarán a Las Chimeneas cómo ensuciar menos el entorno… echando humo invisible. Tras este juego de incitación y deslumbramiento por las cualidades que ellas no poseen, deciden renovar su lux, por lo que Los Inventores e Innovadores crean dos hermosos sombreros: los filtros filtrados, que eliminan el humo gris y devuelven a todos los personajes la purificación ambiental deseada.

Esta propuesta requiere de la maduración lógica que debe sufrir cualquier espectáculo tras el estreno: confrontar con el público infantil y la familia toda, para la cual está dirigido. Por ello, Nubes Azules se podrá disfrutar durante el mes de octubre, sábados y domingos a las diez de la mañana. Una entrega más en la que Fernández Santana y su equipo penetran en cuestiones medulares para la formación de los más chicos y en el concientizar diario de los adultos. De seguro constituirá una opción a la que se acude más de un fin de semana.

Remberto Febles

UN LLAMADO AMBIENTAL

De la fantasía que subyace y alimenta toda buena ciencia –como reconocía el físico Albert Einstein– el drama de la contaminación ambiental ha saltado a la fantasía del teatro como parte de la llamada universal de alarma que envuelve al planeta.
Parece historia de ficción: Un enemigo invisible amenaza, aumenta las temperaturas y todos sufren fatales consecuencias. La atmósfera ha sido agredida: es el peor aire que ha respirado la humanidad. Los hielos se derriten, los mares suben, se inundan las tierras, el agua de beber se ensucia: está en peligro toda la existencia.
Lo que quisiéramos creer una emocionante película se trata, en todo caso, de un documental sobre hechos reales. La naturaleza sufre el impacto fatal de una sola de sus especies: el ser humano. Sin darnos cuenta, afectamos el clima. Las actividades que consideramos vitales –industria, transporte, agricultura– liberan al aire enormes cantidades de contaminantes.
Este tema conmueve y convoca el arte del titiritero René Fernández Santana, alerta desde siempre a las problemáticas de los hombres… y de los niños que un día serán hombres, conocedor de que el teatro puede y debe tratar problemas de inmediata actualidad.
En su carrera artística de medio siglo, René ya había abordado temas afines en piezas como Historia de la alta montaña con su cima llena de nieve o Todo comenzó el día que la isla dejó de ser ordenada y limpia, El desatino de las aguas o ese cuento de hadas a lo afrocubano que es Yemayá y la maravillosa flauta.

De hecho, la naturaleza ha sido una de las constantes en la obra de este dramaturgo matancero, quien ambienta sus historias en un entorno ricamente descrito –porque René es poeta y palabrero, como diría uno de sus personajes– convirtiéndose en importante teatralizador del paisaje nacional, que asume roles casi protagónicos en Okin eiye ayé, Tierra a la vista y otras.
Su compromiso aflora hoy más abiertamente con el estreno de en Nubes azules. Mientras un considerable dosier sobre temas ambientales crecía en la mesa del autor, en la escena de su Teatro Papalote se conformaba la obra, buscando el difícil balance entre educación y divertimento. Así es la pieza que hoy veremos: enemiga del panfleto, rica en juegos titiriteros y simpáticos sucesos, muestra con sencillez fenómenos relacionados con este conflicto, estiliza a sus responsables, y lo resuelve con la principal herramienta que los titiriteros tienen a mano: la fantasía más pura.

Con esta obra, el gran dramaturgo titiritero cubano se vale de los recursos de un arte milenario para lanzarse a enseñar, con esa vocación suya por el magisterio. Su esperanza sigue siendo aquella que proclamaba el francés Montaigne: “Educar a un niño no es llenar un vacío, sino encender un fuego”.

Amarilys Ribot

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ZOO DE TÍTERES

En la Galería Vestíbulo del Teatro Papalote se muestra la expo Zoo de Títeres, la cual exhibe una diversidad de figuras diseñadas por los creadores Zenén Calero Medina, Bárbaro Joel Ortiz y René Fernández Santana para las obras: LOS IBEYIS Y EL DIABLO, TIERRA A LA VISTA,  OCHUN Y EL ESPEJO MAGICO, YEMAYA Y LA MARAVILLOSA  FLAUTA, FEO Y DANILO Y DOROTEA, generadas en distintos momentos creativos de la larga historia  de la compañía.
En este paseo,  la inquieta mirada del público puede distinguir y disfrutar la singularidad de las maneras de estos artistas del retablo de concebir las imágenes de ranas, sapo, culebra, lagarto, lombriz de tierra,  chipojo de agua, caimán e iguana.

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ADAPTAN EN MÉXICO TIERRA A LA VISTA

La compañía de títeres y marionetas del Antiguo Colegio Jesuita de Pátzcuaro, en México, montó la obra Tierra a la Vista, de René Fernández Santana, con el fin de crear en los niños indígenas el interés y el conocimiento de los derechos infantiles, el amor a la ecología y, sobre todo, la importancia de preservar sus raíces culturales.
Mario Sandoval, director de la compañía,  adaptó esta pieza del director cubano con el fin de presentarla en una gira por 40 colonias y comunidades de la Zona Lacustre de Morelia, estado de Michoacán, para después extenderse a los 113 municipios de ese país, incluida la capital.
Tierra a la Vista transcurre durante la colonización de la Isla de Cuba por España. Sandoval pudo recontextualizarla en la historia de México “por tratar acerca de las tradiciones, del respeto al entorno y de toda esa cosmogonía y comunicación tan especiales que tenían los antepasados con los elementos naturales, que se transmitió de boca en boca, de generación en generación, y que hoy conservan muchas comunidades indígenas, no solo de Michoacán, sino de toda América Latina”.
La versión mexicana de esta obra ha sido el producto de unos diez meses de trabajo “en el que se intenta dar a los niños, sobre todo a los indígenas, nuevas formas de expresión cultural –afirma su director– a sabiendas de que nos vamos a encontrar dificultades serias como el trabajo que tienen que desarrollar esos pequeños en sus lugares de origen junto a sus padres, en el campo, en la parcela, en los mercados”.

 

 

A PAPALOTE LE GUSTARÍA COMUNICARSE CON LA COMPAÑÍA DE TÍTERES Y MARIONETAS DE PÁTZCUARO PARA INTERCAMBIAR SOBRE ESTE ESTRENO

 

ÉXITOS DE PAPALOTE EN SANTO DOMINGO

Papalote en DominicanaLas tres funciones realizadas por Papalote en el VII Festival Internacional de Teatro en República Dominicana se desarrollaron con gran éxito de público, que acogió calurosamente el espectáculo Historia de Burros, de René Fernández.
Los actores Herlys Sanabria y Yaikiel Tápanes con su versatilidad titeril lograron relacionarse con organicidad con los espectadores. Para estos dos artistas no existió frontera entre escenario y platea, suceso este que es una de las premisas de la puesta en escena y que los titiriteros logran con eficiencia técnica-artística.
Según nuestro director: “La ternura al contar una historia donde reina el amor sobre cualquier obstáculo, enlazaba a titiriteros y público. Pude apreciar como espectador cómo todos luchamos en el tiempo teatral-titiritero por lograr la felicidad de los burritos PERLA y PLATA. Cada función nos trae nueva sorpresas, eso es lo más válido en el teatro, nunca el público es el mismo y los titiriteros tienen que descubrir en ellos, en sus miradas, en sus expresiones, cómo hacer la obra. Historia de burros tiene ese poderío, la he presenciado por muchas compañías en muchos espacios y siempre la muestran con lenguajes diversos para el espectador. Me siento feliz de que un texto tenga esos misterios y pueda inspirar a hacerlo, repetirlo, y en cada función hacerse nuevo con los aires que exige nuestro actual teatro de títeres”.
Taller "El dador de vida"René Fernández, además, impartió el taller El dador de vida (Animación de títeres y objetos), en la Escuela Nacional de Arte Dramático, que estuvo dirigido a personas con formación previa en el área de títeres de dicha escuela. Asistieron a esta acción pedagógica 25 alumnos que ejercitaron las leyes básicas en la animación de figuras y su naturaleza. El resultado teórico y práctico fue muy apreciado y valorado por los participantes y la dirección de la escuela. 
El VII Festival Internacional de Teatro de República Dominicana se desarrolló este mes de junio alimentado por la sentencia lorquiana de que “El teatro es la poesía que se levanta del libro y se hace humana”. Incluyó 91 representaciones teatrales de 45 grupos en 14 salas de Santo Domingo, Santiago de los Caballeros y Moca, y espacios externos de capital, Bonao y Monte Plata.

 

LECTURA POR LAS NUBES

El viernes 1ro. de julio,  en la biblioteca pública Rubén Martínez Villena, frente a la hermosa Plaza de Armas de La Habana Vieja, tuvo lugar una lectura interpretada y de teatro  semi-montado de lo que será el próximo estreno de Papalote: la obra Nubes azules, de René Fernández.

Un elenco conformado por los actores-titiriteros Mayda Seguí, Herlys Sanabria, Yaikiel Tapanes, Pedro Rubí y Remberto Febles empleó objetos, títeres de ensayo, prototipos y bocetos  de esta futura puesta del Teatro Papalote como parte del proyecto Mejora de las competencias profesionales del teatro para niños, niñas y jóvenes en Cuba, auspiciado por la Delegación en Cuba de la Unión Europea, la Embajada de España en la Habana, la AECID, Asociación Cultural Multilateral de Huesca, España, Teatro de Las Estaciones y el Consejo Provincial de Artes Escénicas de Matanzas.

 

MES DE ANIVERSARIO

Planes Romero (izquierda) y Roberto Tápanes (derecha)Foto: Pedro Rubí

 

 

 

 

 

 

Este mes de junio Papalote festejó el aniversario 49 de su fundación. Como es usual, celebramos el evento Papalote por dentro, esta vez dedicado a dos fundadores del Guiñol de Matanzas: José Planes y Roberto Tápanes. El 8 de junio tuvo lugar esta emotiva celebración en la galería vestíbulo del Teatro. Planes y Tápanes comparten con nosotros sus recuerdos de aquellos primeros tiempos.

JOSÉ PLANES: LOS CAMINOS DEL TEATRO

El evento Papalote por dentro celebrará este mes de junio el aniversario 49 de la fundación de esta agrupación teatral con un homenaje a dos de sus fundadores. José Planes Romero, realizador de la radio matancera, es uno de ellos.
En su adolescencia, Planes comenzó estudios teatrales con Roberto Díaz Ramos en la Academia de Arte Dramática del Teatro Sauto. Como parte de sus ejercicios actorales, hizo su primer papel radial en El Cristo de los pobres, en la desaparecida emisora Radio Tiempo, que estaba en Milanés y Jovellanos. Después llegaron la Campaña de Alfabetización y algunos estudios militares en La Habana que no pudo concluir. “Entonces llego a Matanzas en abril o mayo del 62 y me entero del curso de títeres de Pepe y Carucha Camejo y Pepe Carril en la sede del Consejo de Cultura”, recuerda.
Planes en una función de Mefistófeles (1966), donde hacía el papel de Valentín.“Eran muy chéveres como personas, pero exigentes como profesores. Nos enseñaron a animar y confeccionar títeres de guante y planos. Ensayábamos en el escenario de la antigua Sociedad La Unión, que estuvo en ese mismo edificio, y que después fue modificado y se le abrió el hueco para retablo –rememora Planes–. En el curso entró un grupo más amplio que el que se graduó al final, porque siempre hay gente que se queda en el camino, pero al final terminamos Rolando Arencibia, Luis Toribio, Blanca Milián, Ernesto Rego, Noelia Cárdenas, Roberto Tápanes, René Fernández, Pepín de la Cruz y tantos otros. Casi todos pasamos a fundar el Guiñol de Matanzas el 21 de junio de 1962. Arencibia fue el primer director. Adelina Vázquez representaba la actividad cultural ante Cultura.”
“Primero estuvimos en la sede de Daoiz, pero después, por las reparaciones, nos fuimos al entresuelo del Sauto y después al cine Atenas, hasta que abrió nuestra sede caracterizada como el Castillito de los Niños, con diseño de Pedro Esquerré. Trabajábamos mucho, todos los días, y eso que ganábamos ciento y pico de pesos. Los muñecos los hacíamos con cualquier cosa, pedacitos de tela, papeles que buscábamos para hacer papier maché, y eran muy grandes, incómodos de manipular. Íbamos cantidad a los municipios, y los muchachos en el campo de volvían locos. Recuerdo que había un director de Cultura que insistía demasiado en que nosotros éramos obreros, y un día que dábamos una función en la Ciénaga, en Cayo Ramona, coincidimos con él. Cuando dieron las cinco de la tarde bajamos los muñecos y el hombre protestó. «Los obreros terminan a las 5:00», le contestamos.”
“Al mismo tiempo que el Guiñol de Matanzas daba estos primeros pasos en Matanzas, se fundaba el grupo La Edad de Oro, que también hacía teatro infantil, pero con actores: Valle, Nancy Jorrín, Natividad, Raúl Castro el diseñador… Compartíamos la sede y nos arreglábamos con el tiempo para no estorbarnos. Cuando su grupo se desintegró, muchos de ellos pasaron con nosotros a los títeres.  También estuvo un tiempo con nosotros Manuel, el caricaturista”.
Planes Romero tuvo después la experiencia del trabajo con el uruguayo Nicolás Loureiro, miembro del grupo El Galpón, quien había estado cinco años en Praga estudiando el arte de la marioneta. “Nos enseñó muchas cosas, entre ellas a hacer muñecos más pequeños y manuables, que impresionaban a todos los otros grupos. Loureiro insistía mucho en que el muñeco es como una persona: no camina a brincos, no se «cae» a recoger los objetos… Nos enseñó manipulación, ejercicios con las manos, pantomima, mucha disciplina y ética. Me acuerdo que, cuando fuimos a estrenar Quimera, me asignaron el papel de Ernesto y no me sentía capaz de hacerlo. «Si tú no lo haces, no eres artista», me dijo. Y lo hice, claro.
“Con Loureiro aprendimos una frase que decía con frecuencia: «Titiritero manos de oro quiere decir que todos los oficios sabe cumplir». Pasábamos muchos cursos, de teatro, ballet, artes plásticas, danza, pantomima… No sé si está bien que lo diga, pero éramos el grupo más avanzado, y ayudábamos a los otros en los festivales. Hubo un evento, en el Guiñol Nacional, que le rompí cinco pares de coturnos a Carucha Camejo. Yo hacía el personaje del niño en Corra, doctor, pero como soy bajito no llegaba a la altura del retablo, y necesitaba elevarme con ellos. A cada hipo que daba, los coturnos se me viraban. En Lobito y su conciencia hice de la Conciencia, y en La guitarra de Felipito, ya con la dirección de René Fernández, hice de Pez Pitocolorín.”

En 1966, José Planes pasó definitivamente a la radio, donde había representado numerosos papeles, como muchos de los miembros del Guiñol: después del teatro, a grabar programas toda la madrugada en Radio 26, por entonces frente al Parque de la Libertad. “Pero no he dejado nunca el teatro: volví con el Lírico, hice de soldado en Giselle junto con René, Toribio y Rego en unas funciones que hizo el Ballet en el estadio, también he hecho algunos papeles en la televisión. El Teatro me ha abierto muchos caminos porque yo lo respeto y él a mí me encanta”

ROBERTO TÁPANES: FORMADO EN EL GUIÑOL

En 1962, Roberto Tápanes fue uno de los fundadores del Guiñol de Matanzas. De más joven había tenido una experiencia como aficionado en el grupo de Denis Ferrera, y trabajaba en el Teatro Sauto como administrador de la sala polivalente y, provisionalmente, de la Banda Municipal. Pronto se supo que los hermanos Pepe y Carucha Camejo, junto a Pepe Carril, ofrecerían un curso para formar titiriteros en la ciudad.Tápanes en el personaje de Mefistófeles,  acompañado por Inés Calvo en el personaje de Marta la Mulata,  durante una función de MEFISTOFELES, de Ignacio Sarachaga.
Roberto lo supo de cierto por Manolo García: “Cuando lo pases, si te seleccionan, puedes quedarte como artista, si no, como administrador”, le propuso el director del Consejo de Cultura.
“En el curso se inscribieron muchas personas. Fue muy sencillo: Carucha nos enseñó a construir títeres de guantes o planos, cada uno hizo el suyo, después aprendimos algo de cómo manipularlos –recuerda–. De los graduados se eligieron seis para integrar el Guiñol, e enseguida se sumaron otros tres. ¿Cómo fue? Nos habían ofrecido un salario de 150 pesos y nos preguntaron si estábamos dispuestos a ganar sólo cien para contratar tres más. Esos nueve fundadores fuimos Luis Toribio, Ernesto Rego, José Planes, Ana Luisa Campos, Santiago XX, Noelia Cárdenas, … y yo.
“Teníamos muchos estrenos. En Las bodas del Ratón Pirulero hice del viejo, y Blanca Milián era la ratona; me acuerdo de un texto: “La vejez es experiencia”, y hoy lo valido: es una experiencia enorme… En Lobito y su conciencia hice de Lobo.”
En el segundo semestre de 1963 el uruguayo Nicolás Loureiro asume el joven grupo por corto tiempo: “Una nueva etapa”, define Roberto Tápanes. “Era disciplinado y exigente. Con él trabajamos la técnica más seriamente, era riguroso con la ejercitación de los dedos, en dar expresión y caminar los muñecos e incorporar personajes. Los primeros personajes que hice con él fueron el médico, medio viejuco, de Corra, doctor. Después hice el protagónico de El caballero de la mano de fuego, de Javier Villafañe, donde Noelia, la Damisela, me llamaba: «Caballero, caballero/ tan valiente en valentía». Recuerdo que nos decía que para ser titiritero había que hacer callar al público con sólo asomar el títere. Cuando Loureiro se fue, y por recomendación suya, serví como asesor técnico impartiendo sus clases a otros grupos.”
“Nos pasaban cosas emocionantes y otras simpáticas. Una vez, unos cables pelados se pegaron, haciendo un pequeño cortocircuito y un poquito de humo. De pronto, Ana Luisa Campos salió del retablito cubierto de tela que teníamos, y corrió por entre el público gritando “¡Sálvese quien pueda!”. Vivimos muchas historias con un familiar de un compañero nuestro a quien le habían recetado hacer teatro como parte de un plan psiquiátrico… De esa época, me acuerdo  de mi títere Marcelino, un payasito animador, que nos salvó de algunos apuros.”
“Con la llegada de René Fernández a dirigir el teatro, en 1964, cambió del todo nuestra historia. Hay un antes y un después de él”, asegura Tápanes: “Él venía del Seminario de Dramaturgia, en La Habana, con nuevas ideas, otros conceptos del espectáculo, y nos lanzó a una aventura que sé que no ha concluido. Exigente, disciplinado, no tenía límites: me hizo salir del retablo a actuar en vivo con mi títere en Mefistófeles; diseñó un muñeco de gran escala de madera para mi personaje de Pitocolorín en La guitarra de Felipito… creo que todavía tengo en los dedos los callos que me dejó.
“Hubo una obra inolvidable en la década del 60, que fue El día que se robaron los colores, que representábamos sobre unos andamios de varios pisos. René del Pozo y yo éramos los bandidos Tingo Tilingo y Tilingo Tingo, él era un pirata con pata de palo y yo llevaba un gran caballo y así trepábamos aquella estructura. Una vez estábamos por el tercer piso cuando se partió un tornillo y aquello se fue de lado: estoy vivo de puro milagro. Con esa obra fuimos a muchos lugares.”
Hacia 1969 o 1970, Roberto Tápanes debió dejar el Guiñol, pero nunca ha abandonado lo que aprendió en el teatro. Estuvo en el Conjunto Dramático, en La Habana trabajó en espectáculos con Humberto Arenal y David Camps, hizo cabaret en el hotel Internacional de Varadero, ha hecho mucha radio desde los mismos tiempos del Guiñol. En Jovellanos, con el grupo de aficionados Miguel de Armas, ganó varios premios con El premio flaco, de Piñera, para la cual Rolando Estévez diseñó su primera escenografía.
49 años después del nacimiento del Papalote, este fundador reconoce su impronta: “Mi vida ha estado dividida en dos partes: 23 años en la artesanía y el resto en la actuación. Ambos oficios los aprendí en el Teatro Guiñol”.

EN VÍSPERAS DE LOS 50

Papalote, el grupo, cumplió el 21 de junio su 49 aniversario. En el 2012 cumplirá sus cincuenta años, desde que se fundara en 1962 el Guiñol de Matanzas, en la sala de Daoiz, que fue sede de una Sociedad de Color antes de 1959. En la revolución sede del Consejo de  Cultura, y el lugar donde se inició el sueño, mediante el curso de  los hermanos Camejos. Demasiados nombres y actos creativos han ocurrido en ese espacio emblemático del teatro matancero, liderado durante casi cuarenta años por el maestro René Fernández Santana, Premio Nacional de Teatro 2007, Maestro de Juventudes, Premio Brene y Premio Omar Valdés.
René ha sido el artífice, de las diferentes etapas, de la poética de Papalote reconocida en Cuba y el mundo.  Se podría hablar en una ocasión como esta de directores como Rolando Arencibia, el primero; el uruguayo Nicolás Loureiro; Sarita Miyares o Eddy Socorro.  Se podría hablar de diseñadores escénicos o gráficos como Raúl Castro, Manuel Hernández, Carbonell, Joham o Zenén Calero,  quien definió visualmente  la poética del diseño en Papalote desde los 80. Se podría hablar de actores, muchos actores, como Roberto Tápanes, José Planes, fundadores o de Rubén Darío Salazar, el primer graduado del ISA que entra en la agrupación en los ochenta o las jimaguas Seguí, que por su permanencia, constancia, entrega,  merecen recordarse como muchos otros, de una larga lista que seria imposible mencionar en un espacio tan breve.

Asesores como Oscar Jorge Marrero o Víctor Reyna. Técnicos como Rosa o Jáuregui. Productores como Kalet Acosta, que es casi, desde hace algún tiempo la locomotora de la institución. A Papalote, hay que agradecerle, espacios como la Calle de los Títeres, como el Taller Internacional de Teatro de Títeres; pero espacialmente, que en cincuenta años haya sido escuela, laboratorio creativo, espacio de promoción, y un lugar –a veces un oasis– para la recreación ética y estética del niño matancero. Su programación sistemática, cada sábado o domingo, es el lugar ideal para llevar al niño. Los veo siempre –a veces es el único lugar– llegando con padres, abuelos, a disfrutar de caperucitas, orishas, cucarachitas, y salir felices, para volver de nuevo.  La sala de Daoiz, una vez se le llamó el Castillito de los Niños, sigue siendo un espacio en el corazón de La Marina, donde un papalote, siempre se eleva al cielo.  Hasta la eternidad.

Ulises Rodríguez Febles

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PAPALOTE Y SU ISABEL

Para ver más;  Isabel aparece con vestidos verdes soleados, de óvalos rosados, de guingas azules, mamá la viste muy requetebién y su papá casi todos los fines de semanas la saca a pasear en su motonave al teatro Papalote.
ISABEL es la hija de dos amigos. ¡Ellos son como tres granos de arena!
He podido apreciar que Isabel sueña con los burritos Perla y Plata y se ríe de las peripecias de Ikú,  Elegguá y se divierte con el lobo y los cerditos, y que decir de Caperucita Roja Rojita. Ella los convierte en dulces pesadillas. Entra al Teatro con su coqueteo  de columpio y  logra las  sonrisas de las acomodadoras del teatro y  los títeres  que aun duermen. Ella siente la oscuridad del comienzo del espectáculo, y no crean que es porque su emoción está acostumbrada a esos recursos teatrales, no, es porque le gusta descubrir y jugar con las sorpresas  que le brinda el teatro.   Ella es un silencio maravilloso  y un gritico de maravillas, sus sentimientos muestran todos los caramelos  de sus pequeños pensamientos. He visto como se admira con los colores del  escenario y los curiosos sonidos y lenguajes  del verbo de los títeres, claro cuando le gusta lo que ve; pero cuando no pone boquita de ojal sin botón.
Cuando se va en los brazos de su mamá, reparte besos con sabor a refrescos.  Sus  palabras de despedida saltan con una alegría de piedrecitas que impulsa el viento del amor.  Su papá y su mamá se ponen los cascos, se apurruñan  y arranca  la motonave al futuro, se pierden en la distancia y veo a lo lejos los cabellos de Isabel  como muelles con alas. 
Un piropo o elogia de abuelo: “Isabel es tan hermosa como la selectiva mirada de sus luceros ojazos, que advierte la vida de las flores y las cariñosas canas”.
Isabel es una espectadora y se está convirtiendo en una admiradora de nuestro arte titeril y se merece estas letras.
A nuestro teatro asisten muchos, muchas,  niñas y niños, acompañados de papá, mamá, abuelos y hasta de vecinos. Todos merecen también montañas de palabras. Esto alegra a todos los que trabajamos en Papalote. Llevar a un pequeño al teatro es ayudarlo a descubrir la sensibilidad escondida que ellos guardan, el teatro los prepara para saber apreciar  lo más feo y hermoso de la vida.

René Fernández Santana

EDICIONES MATANZAS: PARA LA ISLA, PARA EL RETABLO, PARA LOS NIÑOS…

Hace poco más de una década que estoy al tanto del teatro cubano. No obstante el corto tiempo activo, he notado que los repertorios del teatro para niños conservan sospechosas coincidencias a lo largo de todo el país. El hecho en sí no constituye un fenómeno donde se pueda ser reduccionista o pesimista a priori porque, ciertamente, en Cuba y el mundo, existen textos que por sus valores se han ganando la preferencia de los creadores y lo seguirán haciendo. Eso es un mérito implícito de los propios textos: no creo que los cuentos clásicos ni las obras modélicas del teatro dejarán de ser remontadas. Pero, otras veces, la monotonía temática obedece a cierta apatía por una búsqueda más profunda de nuevas escrituras. Con asiduidad he escuchado, como justificación segura ante las réplicas constantes, que se publica poco teatro para niños y si bien es cierto que es muy inferior la cantidad de textos que existen para este público al compararlo con el teatro para adultos, también es cierto que desde hace algunos años el panorama ha cambiado considerablemente.
Revisando lo que llamo mi biblioteca doméstica –no otra que mi biblioteca personal– salta a la vista la relevancia de un par de editoriales que, como sugerencia y por merecida justicia, me encantaría compartir con el lector y los teatristas que para este público, el infantil, trabajan.
Existe una editorial provincial que ha ido sumando volúmenes y adeptos y ha logrado desprenderse de la categoría localista que padecen muchas y creo que ha alcanzado, al menos en esta materia, una estimada relevancia cuantitativa y cualitativa repasando los títulos de que dispongo.
Ediciones Matanzas se ha constituido en una vital fuente para conocer sobre el teatro para niños. Y sin pretender minimizar el trabajo del equipo, es con esta particular colección que se me antoja oportuna repetir la frase de que un motor pequeño ha de impulsar al más grande. Probablemente sea Matanzas la cuna, una de las más prolíficas, de eminentes dramaturgos nacionales, pero –y especulo, lo sé– ¿la editorial habría persistido en promover estos títulos sin la labor relevante de dos grupos insignes en el país en el teatro para niños y el teatro de títeres? ¿Sin la presencia de la insigne agrupación de casi 50 años Papalote o Ediciones Papalote y la continuidad y diversidad que marca Teatro de las Estaciones se habría perfeccionado esta fisonomía? Es el inagotable trabajo de ambos colectivos y sus resultados como promotores del arte lo que repercute de forma tangible en otras ramas de la cultura como en este caso son las publicaciones.
Repasando el material que poseo, donde deben faltar títulos, están: Candilejas, con tres simpáticas obras de Jesús del Castillo (2001); Tintín Pirulero. Obras de dramaturgos matanceros (2002) una antología excelente que no sólo reúne a importantes dramaturgos sino que ofrece un sondeo cronológico de las escrituras de tan disímiles generaciones, diez son los autores ahí compilados, autores entre los que se encuentran tres premios nacionales de teatro: Milián, Estorino, René Fernández y la imprescindible Dora Alonso. El gran festín con tres piezas de René Fernández (2002), Teatro de las Estaciones: el alma en viaje de Yamina Gibert (2004), Tres somos cuatro de René Fernández (2007). Niños, títeres y actores en el siglo XX de Freddy Artiles. Los músicos volantes y otros amigos. Antología de nuevos dramaturgos para niños corresponde al 2008 y, por último, 1, 2, 3 Nubes azules y Niños escondidos de René y Un retablo en el monte de Dora Alonso, en el año 2009.
Visto de esta forma parecería que sólo se trata de cifras y aunque numéricamente estas publicaciones han ofrecido casi 40 obras de teatro para niños, no limitándose a este hecho, han incursionado en bibliografías que nutren el saber histórico y práctico de esta profesión en la isla y en el mundo. Lo que me resulta mucho más relevante es que en este transcurso han ido desarrollando una fisonomía, como expuse antes, que logró evadir el puro aspecto localista y que, además de textos, ofrece una información mucho más vinculada a la propia práctica teatral y al campo de la información general y global del teatro para niños y del teatro de títeres.
Existen varios aspectos significativos que van más allá de la propia selección o la cantidad de obras que están poniendo en las manos de los ávidos teatristas, esto es la diversidad de miradas y la pluralidad de enfoques en ellas.
Si echamos una ojeada podemos ver que el autor más difundido por la editorial es René Fernández, pero no es sólo porque escriba mucho y en Matanzas, es –históricamente hablando– el más prolífico dramaturgo del país y lo que es más relevante aún, la editorial ha agrupado con perspicacia las diferentes aristas temáticas de este autor.
El gran festín recoge una pieza con tema folclórico donde se recrean los personajes y las fábulas míticas de la cultura afrocubana así como historias con tema ecológico y de aventuras. Tres somos cuatro compila versiones de cuentos clásicos, historias originales sobre el amor, se retoma el tema aventurero con rasgos ecologistas, pero ya en las dos últimas compilaciones se precisan aún mejor las temáticas. Quedando de esta forma 1, 2, 3 Nubes azules, eminentemente ecologista, que se vale de personajes menos retóricos y por último la sorpresa audaz de Niños escondidos dónde uno descubre un René nuevo –¡y eso que hay muchos–, un René palpitante en medio de la crudeza de la vida real, envuelto en una nueva magia contemporánea para tocar temas neurálgicos y –por inéditos me atrevería decir–tabúes de la existencia del niño de hoy. Redescubres un René observador de un mundo del que nunca se ha desapegado: el del infante, conocedor y comprometido y una escritura eminentemente teatral y precisa. Estas últimas obras, que prefiero como se nota, ratifican que la práctica hace al maestro y que los maestros nunca dejan de practicar.
Los músicos volantes y otros amigos. Antología de nuevos dramaturgos para niños creo que también marca un salto en la editorial, porque si en un inicio las publicaciones se apuntalaban sobre autores y obras reconocidas, esta última colección defiende lo nuevo, selecciona lo inédito y con eso también apuesta por renovar jerarquías y miradas. Y por pautar la continuidad.
Niños, títeres y actores en el siglo XX de Freddy Artiles es un libro en el que de manera muy organizada se ofrece una abundante cantidad de información sobre cada hecho relevante tanto internacional como nativo en el campo de la escena, los títeres, los autores, la fundación de grupos, de instituciones, actores y pareciendo que abarca mucho tiene la virtud de la precisión y la impronta del intelecto de quien pudo organizar tantos detalles para el consumo, sobre todo, de los teatristas. El libro marca un estadio superior en la propia colección que recalca su compromiso no sólo con la difusión de los textos sino con el arte para los niños, para los títeres, para la Isla toda.

Yudd Favier

XI TEMPORADA DE PAYASOS NARICES ROJAS

Del 19 al 23 de mayo tuvo lugar en Matanzas la XI Temporada de Payasos Narices Rojas, uno de los más notables eventos nacionales dedicados a la figura del clown.
Convocada por el teatro Papalote, esta nueva edición tuvo como invitados a los grupos Fusión, Teatro Viajero y 1,2,3, de Ciudad de La Habana, así como al Mirón Cubano, la Compañía Circo Espectro y al colectivo anfitrión. Se ofrecerán funciones en Papalote como escenario principal, así como en el proyecto Corazón  Guamacaro-Km 9, el Teatro Cárdenas, el Parque de la Libertad, la Casa de Cultura Bonifacio Byrne y la de Ceiba Mocha, y los centros comunitarios Abraham Lincoln y Nelson Barrera.
Como complemento a esta cartelera de payasos, Maritza Acosta, directora del grupo Fusión, ofreció el taller Mis manos hablan en la sede de Papalote, donde se inauguró la exposición Arcoiris de Narices, con dibujos infantiles. Asimismo, dos especialistas del Centro de la Memoria Escénica impartieron sendas conferencias con los títulos La figura del clown en la dramaturgia de Fernández Santana y Los payasos del Circo Atenas. La Temporada concluyó el domingo 23 con una Calle de los Títeres especial a la cual concurrieron las agrupaciones participantes en el evento. Durante la misma se efectuó la premiación del concurso Arcoiris de Narices: uno de los más hermosos y coloridos desde su creación.

ABRIL: ESTUDIO DE PRIMAVERA

Diseño: Johann E. TrujilloLa Asociación Hermanos Saiz, la UNIMA Cuba, el Teatro Papalote, y el Consejo Provincial de Artes Escénicas de Matanzas realizaron por tercera ocasión en Matanzas la acción pedagógica Estudio de Primavera, destinada a la superación de jóvenes de todo el país que se interesan o inician en el arte del teatro para niños y en el especial al de los títeres.
Este Estudio de Primavera, como los anteriores, contribuyó a la iniciación en la formación de sus jóvenes participantes, abordando de la manera más completa posible todos los aspectos éticos, técnicos, artísticos y de solidaridad que contribuyan a desarrollar la creación de estos futuros profesionales del arte de la escena del teatro para niños y de títeres.
La cuarta convocatoria de este evento tendrá lugar dentro de dos años.

HOMENAJE CALLEJERO

Durante la celebración de la VI Jornada de Teatro Callejero, que tuvo lugar el pasado mes de marzo en Matanzas, se ofreció un homenaje al Maestro René Fernández Santana, Premio Nacional de Teatro.
En medio siglo de quehacer escénico, el director de Papalote no se ha limitado a las facilidades de su sala, y con frecuencia ha hecho obras  para la calle, desde La hormiga codiciosa, una puesta de los primeros tiempos, con retablo, visibilidad frontal, voces grabadas, la cual fue estrenada en el Parque de la Libertad en junio de 1964.
A esta la seguiría cuatro años después una pieza antológica del teatro matancero: El día que se robaron los colores, desarrollado en cuatro niveles gracias a una compleja estructura de andamios que se instalaba en la Plaza de la Vigía, frente al Sauto. Por su monumentalidad, El día... reclamó la participación de artistas plásticos de la ciudad, como Agustín Drake, Pedro Esquerré y José Ramón Fundora para realizar los decorados y muñequería concebidos por Fernández, con influencias del constructivismo y el arte cinético. Este enorme espectáculo contó con un elenco de 19 actores como René del Pozo, Roberto Tápanes, Mercedes Lorenzo, Mayda Hernández, Leandro Alvarez, Noelia Cárdenas, Manolo Hernández, Virginia Torriente, Nancy Jorrín, Raúl Castro y otros de aquella primera década de nuestro guiñol.
Más acá, en la década del 80, dos obras de Dania Rodríguez con tema afrocubana, dirigidas por René Fernández,  Nokán y el maíz y El tambor de Ayapá, fueron montadas para espacios abiertos y presentadas en diversos lugares de Matanzas, giras nacionales e internacionales. El tambor... tenía la peculiaridad de ser teatro arena, con una escenografía muy práctica y un desplazamiento de actores que propiciaba una visualidad a toda la redonda.
Muchas otras obras suyas concebidas originalmente para representarse en sala, han sido presentadas en calles, escuelas, parques, portales, patios, glorietas, adaptándolas a los requerimientos de esos espacios y la interacción diversa con el público. Respetuoso de la tradición itinerante que nutre a los títeres, René Fernández también creó el proyecto comunitario La Calle de los Títeres, que permite al actor interactuar con su público en el espacio común del vecindario y la vía pública.

VOLVIÓ LA CALLE DE LOS TITERES

Foto: Pedro Rubí

La Calle de los Títeres, el popular comunitario de Papalote, se reanudó en el mes de marzo, dedicada al Día Internacional del Teatro. El mismo día que celebró su aniversario 14, el domingo 27 de marzo, este espectáculo de teatro en la calle tuvo como invitados a Teatro La Proa, de La Habana, al circo matancero Espectro y otras agrupaciones de nuestras artes escénicas. La animación con payasos, juegos y rifas corrió a cargo del Estudio Taller Joven de Papalote.

La Calle de los Títeres es un proyecto encaminado a compartir el teatro con la comunidad donde este se enclava. Se efectúa el último domingo de cada mes desde 1997. Posee el Premio Provincial de Cultura Comunitaria.

No obstante esta continuidad, en los últimos meses debió suspenderse por el mal estado de la cuadra. Gracias a la intervención del gobierno en la solución de estos problemas, este mes se reanuda con todo esplendor y su alegre canción tema para, como siempre anuncia, inscribirse en el alma de todos los niños matanceros.

Foto: P. RubíFoto: Pedro Rubí

IGBA LAYÉ: PREMIO DE CRÍTICA LITERARIA

El Instituto Cubano del Libro otorgó su Premio de la Crítica Literaria a Igbá Layé, antología de las obras de tema afrocubano del dramaturgo matancero René Fernández Santana, por considerarlo uno de los diez mejores volúmenes que vieron la luz el pasado año.
Publicado por la Editorial Tablas-Alarcos en su colección Aire Frío, este libro recoge las piezas que integran uno de los más notables ciclos autorales del director del Teatro Papalote, producto de más de una década de investigaciones sobre la cultura popular de origen negro en Matanzas, que condujo a estrenos trascendentales entre 1982 y 1996. Entre estas obras resaltan Okin, eiye ayé, El gran festín, la trilogía de Reinas y leyendas (Ochún, Yemayá y Obatalá), y Los Ibeyis y el Diablo. Estos clásicos, que sentaron pautas en la teatralización de nuestro folclor, figuran en el tomo acompañados por los prólogos y epílogos escritos por Fernández para El tambor de Ayapá y Nokán y el maíz, de Dania Rodríguez, y por Tierra a la vista, obra acerca de nuestros aborígenes, así como por un capítulo de las memorias inéditas de este autor, que es además Premio Nacional de Teatro.
El jueves 20 de enero, en el Centro Cultural Dulce María Loynaz, se hizo efectiva la entrega del nuevo reconocimiento, que René Fernández recibió en unión de la poetisa  matancera Yanira Carilda Marimón.

Fernández comenzó su vida como autor teatral en la adolescencia dentro del seno familiar, y ante el auditorio de sus hermanos vio la luz el primero de sus clásicos, La amistad es la paz, pieza que llegaría a ser una de las más representadas por los grupos cubanos en la década de 1970.
En 1963, luego de estudiar técnicas de animación y graduarse en el Seminario Nacional de Dramaturgia, comenzó a dirigir el Teatro para Niños y Jóvenes de Matanzas (hoy Papalote), donde florecería una carrera una carrera como escritor que nos ha legado decenas de obras, entre originales y versiones.
Considerado por algunos críticos junto a las figuras de grandes autores de teatro para niños, como Javier Villafañe y Federico García Lorca, René Fernández se caracteriza por el lirismo, el humor, la cubanía, la exhuberancia de recursos expresivos y dramatúrgicos, la actualidad y una constante renovación que bebe directamente de las tradiciones titiriteras.
Con Igbá Layé se enriquece la vasta bibliografía artística y técnica del gran dramaturgo titiritero cubano que incluye libros publicados en Cuba, Chile y España. Más adelante podría ver la luz un volumen que recogerá una selección del resto de sus obras, algunas de las cuales se consideran entre las principales de la escena cubana, como El Poeta y Platero, Feo, Historia de Burros o Romance del papalote que quería llegar a la Luna, en una muestra de lo más representativo por cada década de su extensa labor. Igualmente, prepara una compilación de sus textos escritos a principios de los años 60, en el contexto del Seminario Nacional de Dramaturgia.

PARA LEER MÁS:

 

Igba Layé, de René Fernández Santana, editado por Ediciones Alarcos, acaba de obtener el Premio de la Crítica Literaria 2009, entre los mejores diez títulos que cada año jerarquiza el Instituto Cubano del Libro con este galardón. Igba Layé recoge parte de la extensa producción de René Fernández Santana, autor, director, pedagogo y promotor que ha dedicado su vida al teatro de títeres en Cuba desde Matanzas y su Teatro Papalote. El Premio Nacional de Teatro 2008 reúne, en este volumen, diez obras afrocubanas para el teatro de figuras en las que el sentido del humor, la defensa de la tradición, la justicia y el choque de culturas alcanzan su concreción dramática más lúdicra y profunda.

Ediciones Alarcos, el sello editorial cubano especializado en artes escénicas, obtiene su cuarto premio de este calibre y pone así feliz punto final a las celebraciones por sus diez años de fundado. Antes lo habían recibido El zapato sucio, de Amado del Pino, Calzar el coturno americano, de Elina Miranda Cancela, y Liz, de Reinaldo Montero.


CARTELES EN LA MEMORIA II

Si inolvidable puede ser una función titiritera en la escena de Papalote, un viaje por sus archivos puede resultar igual de fascinante. Eso sí: es importante que sea clandestina la incursión, con mucho tiempo a favor antes de la llegada de sus celosos custodios, que nos vigilarán de cerca para que no quebremos los frágiles anuncios de los 60, textos amarillentos de cuando todos eran tan jóvenes, o ingenuos muñecos que luchan contra los insectos devoradores de antigüedades.
Estantes, huacales, bolsas, primorosas carpetas, se abrirán ante nosotros en esta especie de arqueología escénica, mostrando en sus estratos cómo se han hecho los títeres en Matanzas desde 1962, cuando se fundó el Guiñol provincial en el mismo edificio de la calle Daoiz que aún ocupDiseño: Johann Trujilloa.
Es tan completo el universo que atesoran que, de reunirlos, podrían ocasionar la ilusión de un viaje en el tiempo. No es obra del azar: su director, movido por una suerte de “memoria del futuro”, ha atesorado cada elemento de la existencia cotidiana de la institución como testigo potencial de la misma en los tiempos por venir. Aún lo hace, casi medio siglo después de la fundación de su teatro.
Una de las evidencias más completas y mejor conservada de esta historia titiritera es la cartelería, que ofrece valiosos testimonios de la promoción teatral y estrenos del grupo. Una veintena de ellos figuran en esta exposición, conformada con los más recientes de los archivos, partiendo de aquel emblemático concebido por Juan A. Carbonell para Romance del Papalote que quería llegar a la Luna (1990), en juego con el más curioso programa de mano de la historia del Teatro.
Romance…, como todos los de la primera parte de esta década – Ikú y Elegguá (Carbonell, 1989), Una cucarachita llamada Martina (Ramiro Ramírez; 1991), El Poeta y Platero (Zenén Calero; 1993) están realizados en silk-screen, técnica impresora que identificó la publicidad cultural de la ciudad hasta la desaparición de ese taller, abatido por el “período especial”. Matanzas puede jactarse de haber tenido artistas del silk-screen más que notables, cuya imaginación y fina artesanía legaron obras clásicas del diseño de la época.
Transgresores, figuran en esta muestra dos ejemplares únicos elaborados a tinta negra y mano limpia (bueno, quizás no tan limpia) por el pintor y poeta Ángel Antonio Moreno para dos obras de finales de los 90: Jueguipayasos (1997) y Al tercer día (1998). Interesante que su ruptura se inscriba entre otras tantas del momento: la parcial desintegración de Papalote y una reorganización de emergencia; la pérdida de las antiguas posibilidades de impresión que nos hicieron volver a modos más sencillos del arte gráfico.
Pronto llegarían las computadoras con su nuevo lenguaje y otras posibilidades de creación e impresión. Con ellas, llegó a Papalote Johann Enrique Trujillo con su infinita pasión por la tipografía, introduciendo fotografías de la puesta o los artistas y jugando con ellas; apropiándose de dibujos infantiles, diseños escénicos o ilustraciones de otros para convertir nuestros carteles en una gran red que pretende conectar a todos los terminales del arte. En cierto momento su obra, fríamente impresa en deskjet o láser, desafiaron su espíritu forjado en Ediciones Vigía: así concibió –y consiguió– volver al silk-screen con el anuncio de la IX Temporada de Payasos Narices Rojas. Justo homenaje a quienes le precedieron. Justo Homenaje, también, a un arte impresor cuya belleza no ha sido sometida por las herramientas digitales del milenio.
Ese es también el camino de Papalote, con su arte viejo y sus temas frescos, con sus técnicas tradicionales y sus expresiones nuevas. Carteles en la memoria (décadas del 90 y del 00) nos habla abiertamente de ello. Sobre todo, de esa clara vocación institucional porque la gráfica sea una expresión tan pareja del espectáculo como la puesta, la música o el diseño escénico. Esta vez, gracias a los 49 años de Papalote, pueden apreciarse tranquilamente sin los peligros de una incursión clandestina a sus archivos.

Amarilys Ribot

EL CORAZÓN EN ESPAÑA

En el año 2003, el director del Teatro Papalote estrenaba con Arbolé, de España, su obra El poeta y Platero, durante la campaña La Escuela va al Teatro. Esta fue seguida por unos 95 mil escolares y le valió a Arbolé una nominación a los premios Max en la categoría de Espectáculo Revelación, y el Premio FETEN de actuación en teatro para niños a José Luis Esteban. En 2011, el grupo zaragozano vuelve con nuevos bríos sobre este clásico, como comenta el Heraldo de Aragón en su edición del 8 de enero último.

ACERO Y PLATA DE LUNA


Teatro Arbolé cierra la novena edición de su Temporada de Teatro para Niños y Niñas recuperando una de sus producciones más premiadas. Se trata de El Poeta y Platero, un texto del dramaturgo cubano René Fernández Santana que se acerca al universo poético de Juan Ramón Jiménez mediante una versión libre de Platero y yo.
Trabajo actoral y títeres de mesa son las técnicas utilizadas en una puesta en escena que busca la estilización y la esquemática como altavoz para el lirismo de la palabra.
Un perchero de pie, una mesa redonda, una tarima alargada y desnuda  en paralelo a la línea del escenario, un pequeño telón de fondo sobre  el que se proyecta puntualmente el mar y tras el que desaparecen y aparecen los personajes.
Los titiriteros con vestuario neutro, infundiendo a los titiriteros toda la energía que parte de su voz, de sus gestos, de su expresión facial. Y el actor, de traje gris perla. Con sombrero y paraguas. Con su fraseo limpio y claro, con su gesto preciso, ajustado, convincente, sutil. Simplemente, un gran trabajo interpretativo.
Por momentos se hace la pura poesía. Magnífica al principio, que nos va manejando con delicadeza, en muy pequeñas gotas de lluvia. El Poeta se acerca entre el público, sube al escenario, entre en el círculo de luz, coloca una flor en el sombrero y nos habla de la poesía y nos cuenta que “Platero es pequeño, peludo, suave, tan blando por fuera que se diría todo de algodón”.
Lástima que ese tono de decidida lírica no se mantenga a lo largo de toda la función. Se recupera hacia el final, cuando el pequeño Platero muere junto al mar y el Poeta le convierte en personaje inmortal entre las páginas de su libro. Hay momento de gran belleza visual (como la pesadilla de Platero), los muñecos son atractivos, novedosos y de gran fuerza expresiva (cabeza y cuerpo, pura síntesis, aportando el titiritero sus propios brazos y manos). Hay un buen ritmo, capacidad de sorpresa, un buen trabajo de manipulación.
Pero en ese viaje del Poeta y su Platero, en su travesía en busca del mar, falta tal vez que la poesía brille con más intensidad, ese toque, ese pequeño detalle (como esa flor que se coloca en el sombrero) que el espectador percibe como una suerte de guiño emocional.
El Poeta y platero es un buen espectáculo que nos ofrece momentos verdaderamente hermosos.

Joaquín Melguiza

LOS IBEYIS EN ESLOVENO

Los Ibeyis y el diablo, una de las piezas emblemáticas del ciclo afrocubano de René Fernández podría estrenarse este año EN ESLOVENO gracias al entusiasmo de la teatrista Ana Krauthaker, fascinada por la obra del autor cubano.
ŠKUC, un pequeño teatro esa nación, acogió con interés esta iniciativa de llevar a la escena un texto proveniente de una cultura tan distinta, pero basado en temas universales que les permitiría darle una interpretación conforme a su propia identidad.
La difícil traducción del español-cubano-afromatancero al esloveno corre ya por la Krauthaker con ayuda de Veronika Rot, quien ya ha llevado mucha literatura cubana al esloveno, con la imprescindible participación del autor al desentrañar para ellas frases populares, mitologías y esos juegos de palabra que le son tan propios.
Según Fernández, “la concepción de las imagen puede ser muy de ellos, reinterpretando estas dos hermosas leyendas. Son muy simpáticas y se prestan para el lenguaje titiritero, tienen mucha acción y peripecias. Puede ser un espectáculo muy entretenidos,  y decir muchas cosas del carácter y la filosofía clásica de los fuertes y los débiles, del bien y del mal, de lo bueno y lo malo, de lo feo y lo hermoso, del orden y el desorden, de la guerra y la paz, de la inteligencia y la ignorancia. Espero que continúen encontrando en esos textos no solo la sabiduría de nuestra cultura afrocubana, sino la universal y humana”.

Esta sería la segunda versión de Los ibeyis y el Diablo fuera de Cuba. La primera fue dirigida por René con el grupo Arbolé, de España, en 1998.

ALGO SOBRE MI ROMANCE

Diseño: Juan A. CarbonellDisfruto mucho los procesos de textos cambiantes, pero hay obras irrepetibles de las cuales nunca haría otra versión, ni siquiera una breve visita para introducir alguna corrección del diálogo. Romance del papalote que quería llegar a la luna es un material que parece como una respuesta a la crisis que da paso a una transición en el movimiento teatral cubano, la ruptura de viejos esquemas de estructura de grupos, patrones tomados del bloque del campo socialista que funcionaron hasta un momento determinado por la historia y ya estaban colapsando y necesitaban un cambio, y dejar abiertos los caminos al “sistema de proyectos”.
Romance posee una veraz y titiritera nostalgia, el desprendimiento de un ayer y el comienzo de un presente. Siempre estoy comenzando y no me da ningún temor. Es vital para emprender cualquier viaje estar preparado a las grandes sorpresas. Afortunadamente “el que sigue lo consigue”, y Romance del papalote que quería llegar a la luna fue una revelación en el último Festival Nacional de Teatro Para Niños celebrado en Santiago de Cuba en el 1990, se alzó con valiosos premios y, lo más importante, la valoración del público que motivó al comité organizador del evento hacer funciones fuera de la programación oficial.
Fue una versión fugaz llena de una desnuda intensidad existencial. Los que la leen o estudian para su puesta en escena me hablan de que a pesar de ser literatura dramática para niños, la trama y los personajes corporizados en objetos, animales, elementos estremecen por su alta sensibilidad y su fuerte calor humano. Todo es expresado con una sencillez de asombro y una metáfora donde la voluntad reina ante cualquier obstáculo. La conquista de los deseos y los sueños se tejen ante lo imposible de una relación poco real. “ROMANCE DISPAREJO EN ROMANTICA PAREJA”.
Recuerdo que escribí la última escena, (el encuentro del Papalote con la Luna) alumbrado por la cruda contraluz de un farol de luz brillante. Se avecinaban o anunciaban los inicios del periodo especial; Milagros y Abdiel dormidos y enroscados como siempre entre ángeles y yo me aliviaba con unos tragos de vino búlgaro de aquellas botellas que ya comenzaban a ausentarse en los mercados de la Habana; casi adormecido luchaba como mi Papalote: él por conquistar o enamorar a la luna y yo contra la cachiporra del sueño villano.
Esa noche de finales de los 80, en Neptuno 412 entre San Nicolás y Manrique, en Centro Habana, los personajes de Romance… llenaban el teclado de mi querida máquina de escribir y me empujaban al espacio azul de la vida, a la noche estrellada, trasparente y limpia de secretos afortunados, a las huellas que dejan los destrozos de sentimientos, a la ficción de hacer toser unas chimeneas, a las ambiciones, maldades e ignorancias adultas iluminadas con atractivos colores de la escena, a la violencia y el maltrato a la sensibilidad más humilde de un corazón curtido con güin y papel, al amor con la música del alma, a la esperanza de poder alcanzar un deseo.

Al otro día, casi de madrugada, casi arrastrando a Milagros y Abdiel alados por mis brazos y la inspiración de cruzar la bahía de la Habana y regresar en el tren de Hershey a Matanzas, a Papalote, a ensayar el Romance… Con mis zapatos abiertos al polvo de los puentes, a mi amada bahía, a mi reloj aún olfateando la ausencia de la madrugada y mis codos derrochando suspiros como José Jacinto Milanés, llegamos a Daoiz 83.

René Fernández Santana

MEMORIA TEATRAL DE LOS 60

Adolescente aún, René Fernández Santana fue arrastrado por la poderosa ola de la revolución social hasta las aulas del Seminario Nacional de Dramaturgia: monumental experiencia, a instancias del argentino Osvaldo Dragún, que sirvió de escuela a tantos grandes de la escena cubana: Eugenio Hernández, Gerardo Fulleda, Tomás González, Mario Balmaseda, René Marín, Nicolás Dorr, José Milián… Así recuerda René su llegada: “A finales del 1961 fui elegido por el propio Dragún para participar como becado en el Seminario, que ya había comenzado a impartirse. Él asistió a una función de un grupo de aficionados que ponía en el Teatro Sauto una obra escrita por mí llamada Choquezuela para botones, se sonrió y me pidió un libreto, leyó mi obra y le interesó. Chacho, como después me enteré que le decían, habló conmigo de mi futuro, el teatro y las condiciones de la beca, estipendio de un buen sueldo (por aquel entonces) por estudiar, más el hospedaje en una casa en Miramar. Lo que hizo la Revolución en los años 60. Me parecía imposible, algo más que un sueño, que todo eso llegara a mí”.
Durante más de un año, los jóvenes creadores trabajaron intensamente en esa cálida fragua, donde –entre vida y teatro– forjaron los presupuestos de sus respectivas obras. “En esa etapa –recuerda René– todo se tornó más serio para mí: escritura, las clases, los talleres, debates, conferencias, lecturas... Descubrí que tenía que estudiar mucho y exigirme en la profunda investigación de la identidad de la literatura dramática. Leer los clásicos, analizar su estructura dramática, sus temas, géneros, autores, en fin, adquirir una cultura literaria que me acompañara en las historias que quería contar. Lo veía todo muy difícil, pero a la vez me deslumbraba”.
De esa etapa datan obras apenas conocidas de René Fernández, aunque todas fueron puestas en escena durante los años 60: Choquezuela para botones trataba sobre señoronas de clase alta que abandonaban el país cargando lo impensable en sus maletas, y fue estrenada por un grupo de aficionados en Matanzas; Achorroborro, inscrita en la llamada Crisis de Octubre, era una farsa absurda sobre el lanzamiento de un cohete y se presentó por el frente de combate de la UNEAC; mientras que el Teatro Universitario de La Habana hizo El señor de los tejados en una salita que estuvo los bajos del hotel Habana Libre. Por su parte, Nelson Dorr integró los textos de La sopa de sustancia y Noche de bodas a otros dos de Nicolás Dorr para estrenar Escenas de la vida doméstica en la desaparecida Sala Arlequín, de la calle 23 en el vedado. El runrún, que transcurre durante un velorio, fue la última puesta de Papalote antes de la parametración de los 70. En esa década difícil de la cultura cubana, en el Teatro que René dirige se perdieron muchos recuerdos valiosos como los guiones de Choquezuela y Achorroborro. Los otros cuatro textos se conservan y serán publicados próximamente por Ediciones Capiro, de la ciudad de Santa Clara, junto con consideraciones de su autor acerca de la impronta del Seminario Nacional de Dramaturgia: “Creo que lo más importante para mí en el Seminario fue haber descubierto el ser y sentir de un dramaturgo para enfrentarse a escribir un teatro para adultos, para niños y de títeres con los más auténticos valores teatrales y las mismas exigencias técnicas, literarias y artísticas, y haber estudiado la universalidad cultural de la literatura dramática. Esto me ha servido para corporizar la dramaturgia del teatro de títeres que he realizado en muchos años. Aún estudio y ejercito la teoría dramática que recibí allí: está más que probada, no pasa de moda y sigue latiendo como un corazón sano. El estudio de los géneros que recibimos en el Seminario lo reconozco utilizado y vivo hasta en los dramaturgos más jóvenes. Creo que las leyes clásicas regresan como el fantasma del padre de Hamlet a nuestro tiempo. Como dijo Matsuo Basho: “No sigo el camino de los antiguos: busco lo que ellos buscaron”.


VUELVEN IKÚ Y ELEGGUÁ

Foto: Ramsés RuizPor las sendas secretas del teatro, dos viejos personajes de Papalote regresan a escena, cerrando los caminos para la gente malvada.

Ikú, señora de la muerte, y Elegguá, niño-dios travieso que abre las puertas del destino, llegaron a nuestras islas desde el África verde y negra. Allí eran dioses poderosos, hijos de hombres libres en medio de una naturaleza monumental, Cuando los negreros los arrancaron de sus playas para venderlos como “sacos de carbón”, esos dioses serían los primeros en liberarse, primero con timidez y luego arrolladoramente, para integrarse al torrente de la cultura nacional.

Matanzas, provincia de  mucha azúcar y muchos esclavos, es rica en leyendas afrocubanas o patakines, como se les llama. Son tan diversas, llenas de hechos fantásticos, amor, magia y sabiduría, como esos cuentos populares alemanes, ingleses o escandinavos que conocemos desde niños. Por esto, hace unos 30 años, en Papalote se comenzó a investigar sobre la herencia afro-matancera, y así se inició un ciclo de creación que aportaría un sello especial a este teatro. Desde 1982 han comenzado a asomarse a su retablo dioses congos, yorubas y ararás, vestidos lujosamente para la escena, y del retablo han regresado a las calles donde son adorados. Fue una revelación: Nunca antes nuestros teatros  habían vivido semejante marea alta sobre el tema.

Ikú y Eleggúa, como se llamó originalmente esta obra, pertenece a esa época. Estrenada en Francia en septiembre de 1994, posee uno de los textos más titiriteros de René Fernández. Luego pasaron el tiempo y muchos estrenos hasta que, por los secretos caminos del corazón de su autor, ha regresado vestida de nuevos tiempos.

“Es la misma y es otra”, dice René, y concibe una versión narrada por payasos-titiriteros, porque en la última década en Papalote se ha trabajado mucho la figura del clown.

“Es atrevida”, vuelve a decir. De hecho, ya lo era por las maneras tragicómicas de Ikú, que en Cuba constituye por lo general una figura dramática, todo lo contrario de esta huesuda glotona y despistada. Ahora, su creador se arriesga más y abandona todo estereotipo al teatralizar la leyenda: la irreverencia llega vestida de clown y en gris, sin más colores que las narices de los narradores. También es menos formal el diseño elegido por el joven Pedro Rubí para los muñecos planos, marottes articulados mimados a veces, en un entretejido de técnicas, estilizado en líneas simples, funcionales, sin detenerse apenas en la imagen tradicional de estas deidades.

Esta fabulación juguetona trata de cómo Elegguá embroma a Ikú o, lo que es lo mismo, de cómo la vida puede burlar la muerte, del ingenio que sabe reírse del endiosamiento “dormido en los laureles”. Para reforzar su espíritu, la puesta rebosa de música cubana, de temas desenfadados y contagiosos compuestos por Denis Esteban, el Elegguá de esta obra. Dos de estas canciones, donde los dioses cantan a sus mascotas, constituyen un homenaje a ese gran payaso cubano que fue Erdwin Fernández, “Trompoloco”, quien solía cantar de esa manera a su muñeca.

Despierto en sus laureles de Premio Nacional de Teatro, René Fernández vuelve a la carga en su eterna cruzada por la cubanía. Sus títeres ahora animan una historia africana, cubana, universal, que puede ser de hace cientos de años o apenas cientos de minutos, donde el payaso se crece hasta ser dios y los dioses se desacralizan en payasos. La Ikú y Elegguá del 2010, como su antecesora de los 90, es un reclamo por la vida: con ella deseamos caminos abiertos para las personas de puro corazón.

RENE Y LOS ORISHAS

Como si se tratara de un toque de tambor, iniciamos con el nombre del abridor de todos los caminos, para que su llave maestra nos permita sabiduría y lucidez, armonía y concordia. Porque después de él, todo lo demás.
El Teatro Papalote se sumerge a fondo en las agitadas y turbulentas aguas de la cultura afrocubana a principios de la década de los ochenta del Siglo XX. Agitadas debido a la atracción que de pronto suscitó entre muchos que antes no le habían prestado su atención a la herencia negra y turbulentas debido a la aproximación esnobista de otros tantos que bebieron sorbos apresurados de la corriente para producir un espejismo, muchas veces desfigurado, ese que tanto temía Ortiz y terminaron por enturbiarla.
Pero Papalote, consciente del valor y la importancia, se abstrae y concentra en las ricas aportaciones culturales de las naciones africanas. Y tras una década de fecundo quehacer artístico nos lega un testimonio teatral compuesto por ocho espectáculos e igual número de dramas que parten del rescate para culminar, felizmente, con la re-creación erudita, dialéctica y refinada de la tradición, rejuvenecida y devuelta a la matriz en un nivel superior.
Los títulos son los siguientes: El gran festín, Nokán y el maíz, El tambor de Ayapá, Okin eiye ayé, Obiayá fufelele, Ikú y Elegguá, Oshún y el espejo mágico, Yemayá y la maravillosa flauta.
El panteón africano, rico en dioses y mitos, espléndido en leyendas y símbolos está compuesto por más de una nación, por más de una lengua, por más de una filosofía. Y en esa diversidad polícroma o variopinta, para utilizar una de las palabras del tercer descubridor de Cuba, descansa el peligro de cualquier acercamiento u homenaje. Para Papalote fue preciso definir cada paso del acercamiento y provocar la selección a partir de un riguroso proceso de análisis en el que la cultura seleccionada pudiera manifestarse coherentemente por medio de sus deidades, símbolos e ideología. Y para ello la dramaturgia era imprescindible.
El gran festín marco el punto de partida. Y al encuentro de la cultura arará salió el colectivo teatral, que por pura casualidad histórica se asienta donde antiguamente estuvo ubicado el cabildo de la misma nacionalidad en la ciudad de Matanzas. Pues el edificio que hoy ocupa el Teatro Papalote funciono en el Siglo XIX como cabildo de nación de los oriundos de las tierras subsaharianas. El hieratismo y ampulosidad de Masse y los demás orishas llego a la escena por medio de una historia sencilla, más no simple, donde las deidades se comportan como humanos. Y el color, la simbología, la música, los cantos y los bailes de los antiguos y modernos negros araras se derramo sobre la escena de Papalote evocando aquellos días gloriosos en los que el cabildo se reunía para contar sus historias.
Conocer las raíces culturales africanas presuponía el encuentro objetivo con su legado. Fue decisiva la impronta de investigar, hurgar, beber de la sabia presente en los herederos de la matriz negra en Matanzas y a partir de ahí también propiciar la lectura erudita de los textos más sobresalientes: Ortiz, Cabrera, Lachatañeré… y los templos de las calles Daoiz, Velarde también fueron aportando las vivencias necesarias para encaminarse sin perder el rumbo en la labor de rescate.
Elegguá. Diseño: Zenén CaleroLos textos de Dania Rodriguez fueron esenciales para el reencuentro desde el primer momento. Siendo una mujer blanca Dania supo cristalizar su cosmovisión auténticamente cubana en torno al fenómeno de una cultura que la había rozado, no con la punta de un verso, sino con el enigma, el pánico y la conmiseración que durante mucho tiempo lo negro suscito en Cuba. Los textos de Dania avivaron nuestra creatividad y abrieron la caja de Pandora, donde yacían reposando cientos de años de cultura africana. El encuentro con Diana no fue una casualidad más. Más bien significo una suerte.
Nos acercamos a sus textos con gran confianza. Los consideramos cercanos a nuestros propósitos, perfilados de antemano en otras puestas en escenas del colectivo. Sin embargo cuando Nokán y el maíz llegó a manos del colectivo, la obra exigía un grado mayor de investigación y estudio porque ahora se trataba de un fenómeno cultural sin precedentes en Cuba y una cultura africana rica, trascendental y grandiosa. Nokan nos dio la posibilidad de reeditar uno de los capítulos mas gloriosos del teatro de títeres cubano, al decir de Victor Reyna, y uno de los acontecimientos más genuinos de la expresión primitiva del arte popular callejero: las festividades del Dia de Reyes o fiesta de la Epifanía. Procesión que regreso a Matanzas gracias a la puesta en escena de Nokán y el maíz tras un largo siglo de ausencia, después de haber desaparecido, definitivamente, a raíz de hacerse efectiva la abolición de la esclavitud en 1886.
Con Nokán y el maíz se duplicaba el reto. Todos comenzamos a latir a ritmo de los tambores bimembranófonos que ahora sonaban con el acento de otra nación y otra lengua. . Todos los que vivimos y convivimos aquellos maravillosos momentos queríamos golpear con violencia conga los desnudos pies de nuestros peleles conguitos, títeres de piso de gran expresividad. Sacudir con energía ancestral los marotes articulados por medio de los cuales el cabildo abría y cerraba el espectáculo. Estudiamos con detenimiento los diferentes ritmos y sonidos de los tambores, la musicalidad de la lengua y la expresión angular de las coreografías danzarías.
Como resultado de la investigación de campo recolección de evidencias de la cultura “palo monte” en las llanuras de Colón fue profusa. Ello nos permitió nutrir la congueria teatral con los elementos más ricos de su peculiar identidad y como consecuencia Papalote llego a definir rasgos, características, música, bailes y cantos con tanta limpieza que lo congo se diferencio, por completo de otras culturas de origen africano y con las cuales hoy dia existe alguna promiscuidad desde el punto de vista de la transferencia.
Y René, estimulado por el aluvión congo, se sintió motivado a escribir un prologo y epilogo, para Nokan y el maíz el texto de Diana había creado basándose en la cosmovisión conga dentro del panorama cultural afrocubano. De ese modo la pieza teatral alcanza mayor riqueza estética. La fabula de Nokán se ubica dentro de la procesión del Dia de Reyes dando paso así a un ingenioso juego de teatro dentro del teatro, comodín de disímiles interpretaciones. Ñoka, ñoka tuñare…
Durante la gira de Nokán por la tierra de Lorca, algunos especialistas calificaron la puesta como “fábula agraria” y de este modo llegaron a interpretar la esencia de uno de los principales símbolos de la obra: el amor a la tierra, el amor al campo. Lo cual habla de las raíces cubanas para la que tiene mucho peso la ruralidad.
René Fernandez confiesa haber sido demasiado atrevido y en ocasiones temeroso de la respuesta divina de los dioses negros. Pero al mismo tiempo advierte que nunca fueron irrespetuosos al acercarse a las deidades y sus patakíes, sino mas bien el encuentro se hacia desde la perspectiva del respeto, la devoción y la secreta unción de algunos interpretes. El teatro sirvió de instrumento para conectar, estéticamente, al pueblo con sus dioses y leyendas y honrar, de manera novedosa a una cultura que durante cientos de años permaneció oculta por el ojo blanco. Y sin lugar a dudas la obra de Dania Rodriguez fue el punto de partida: el pecado original.
Diseño: CarbonellEl siguiente paso fue aproximarse, desde un nivel más elevado y exigente a otra fabula de origen negro: El tambor de Ayapá (1987) en la cual se condena la violencia y agresión a las leyes orgánicas que dicta la naturaleza, y se pide respeto al orden de la existencia, al crecimiento orgánico y desarrollo de la vida. En esta ocasión a través de otra cultura, otra lengua, herencia de los hijos sagrados de Oduduwa, el pueblo yoruba.
Dania Rodriguez desnuda dramáticamente una expresión de lo maravilloso a través de los ojos de los descendientes de la ciudad estado de Ile Ife, su particular cosmovisión y cosmogonía. La obra nos permitió develar misterios y secretos (a voces) de la Regla de Ocha que de tan evidentes no estábamos en condiciones de advertir. Y El tambor… fue una revelación.
Pero no era posible acercarse a la cultura africana con el apetito superficial que hasta el momento se repetía con frecuencia. René y Papalote procuraron entrar al laberinto afrocubano guiados por un experto conocedor que facilitara el encuentro y protagonizara, junto al grupo un genuino proceso de rescate. Para ello fue necesario acudir a la sabiduría y herencia del Asesor Folklórico de la agrupación, el maestro Ángel Luis Servia.
Serviá, como todos cariñosamente lo conocemos, acudió a cada encuentro asistido por sus orishas y sus leyendas, pero nunca dejo de acompañarse de sus caracoles, cocos, monedas y cartas, que desde una extraña dimensión espiritual lo conectan con ese interregno divino al que nos inclinamos para hacer preguntas mayores. Pero Ángel Luis, como también es conocido por esas callejuelas rectilíneas que se pierden en las alturas de Simpson, llego asistido por James Frazer, y los fundamentos de su Rama Dorada, los cuales muchas veces en conjunción con la herencia primitiva conformaron el dueto ideal para divisar el mismo fenómeno desde dos ángulos: el científico y el popular.
Para hablar de los aportes de Servia necesitamos un capítulo aparte. Todo el proceso de rescate y reinvención de la cultura popular tradicional de origen cubano, desarrollado por Papalote, debe su brillo y estilización a la entrega del Asesor Folklórico. Piedra angular del encuentro con lo negro, y desde su mulatería fue el genuino portavoz de dos culturas entrelazadas en una. Servia ha sido la llave maestra que permitió a los actores, músicos, diseñadores e investigadores, llegar a la sabia central sin perder el rumbo.
Su sencillez caprichosa, poseída de una gran sabiduría científica y cargado con toda la herencia viva de lo afrocubano, inundo a Papalote no solo de algunas frases vitales, ni signos coherentes, sino de una cosmovisión contemporánea sobre las aportaciones culturales de los negros a nuestra cultura cubana. Y Servía se convirtió en guía, regidor y mecenas cultural de no uno, sino de muchos proyectos que salieron a la luz sin tergiversaciones ni superficialidad, sino con la merecida síntesis y hermosura simbólica que cada obra, cada título y cada cultura merecían.
Desde estas líneas, que si son impresas serán inmortales, queremos agradecer en mayúsculas la labor importante de Dania Rodríguez que ha sabido mostrar tantos secretos de la identidad que vivimos y no apreciamos de tan cotidiana, pero también queremos dejar mención especial al trabajo de Ángel Luis Serviá, para que en los asientos bibliotecarios perdure por siempre el agradecimiento por la entrega, el amor y la dedicación.

Víctor Reyna

 

LA SERPIENTE QUE SE MUERDE LA COLA

Diseño: Johann E. Trujillo

Al hablar de la historia del teatro matancero se hace imprescindible mencionar dos instituciones: el Teatro Sauto y René Fernández. El primero por ser uno de los edificios teatrales emblemáticos de la isla de Cuba y el segundo por representar en sí el paradigma vivo del artista matancero y cubano. Exponente genuino de una psique creadora.
Profesor, dramaturgo, coreógrafo, director de escena, diseñador y promotor cultural, René Alberto Fernández Santana (Matanzas, 1944) ha desarrollado una intensa labor al frente del Teatro Papalote y también al frente de su máquina de escribir de la cual han salido incontables títulos, muchos de ellos inéditos. Sin embargo, el Director Artístico René Fernández es mucho más conocido que el dramaturgo, aunque la producción dramática del maestro yumurino es diversa, abundante y ha enriquecido, en cantidad y calidad, la liturgia teatral para niños de Matanzas, Cuba e Hispanoamérica con textos vanguardistas.
La figura cósmico filosófica de la serpiente que se muerde la cola tal vez sea la mas apropiada para simbolizar a este creador. Para Fernández el todo regresa a la parte una y otra vez, con nuevos y superiores efectos. Su teatro es la expresión de la sabiduría popular que se eleva al mundo a través de personajes y temas endeudados con las calles que lo vieron crecer, de las que aprendieron la indivisible combinación causa - efecto, y que lo particular se convierte en universal.
La dramaturgia de René Fernández es dialéctica. Uno de sus mayores valores consiste en la capacidad de evolucionar y revolucionarse en sí misma, dando paso a espirales dramatúrgicas superiores que se sostienen sobre un eje estilístico común. La mayor parte de sus títulos originales o versiones, tiene antecedentes en su obra. Conflictos, personajes, parlamentos y situaciones de hoy, muchas veces se cultivan, maduran y enriquecen con antelación en piezas y obras procedentes del ayer.
Un ejemplo elocuente de lo anterior es la evolución cronológica y estética del famoso cuento clásico de Charles Perrault que le ha dado la vuelta al mundo convertido en ícono popular.
En el invierno del año 1966 se estrenó La Caperucita Roja. Tres años más tarde aparecía una nueva versión que hubiera hecho palidecer de envidia a los hermanos Grimm: Historia de la Caperucita Roja y el Lobo feo, pelado, peludo y patizambo (1969). Pero Fernández, nunca satisfecho, hace regresar a ritmo de rap y acompañada del padre (en lugar de la conocida madre irresponsable) a la niña de la caperuza roja, en la década de los noventa del Siglo XX. En la nueva versión, a la que tampoco se atrevió nunca ni el mismo Walt Disney, titulada Otra vez Caperucita y el Lobo (1991), Fernández demostraba de lo que era capaz pero no terminaba de sacar las uñas del todo, pues su ingenio y sed de renovación todavía tendrían mucho que aportar. Así lo demostró con la más reciente de todas las versiones Caperucita Roja Rojita (2009), escoltada por el padre (de apellido Roja) y la madre (de apellido Rojita). La cereza del pastel es un lobo tropicalizado y fetichista que se hace acompañar por un árbol verde.
No cabe duda de que la visión del niño, como personaje dramático, ha sufrido una evolución importante en la obra del creador matancero. Porque el niño ha sido tratado como héroe y el héroe representa la conciencia colectiva. Pero este niño/héroe evoluciona y se transforma a favor de su contexto.
El año 1966 tiene una connotación especial dentro de la carrera del dramaturgo yumurino, precursor del gran salto de la década de los noventa. El estreno de La guitarra de Felipito, la más romántica y vanguardista de las obras de René, marca un viraje radical en la concepción del niño teatral. El protagonista se abre a la aventura a través de los mares para realizar un gran proyecto, pero más que un viaje exterior es una indagación interior, profunda y crítica de la valoración del mundo adulto por parte de los pequeños. Felipito tiene que completar, imaginariamente, la aventura prometida por el papa. El niño sustituye el rol del adulto. El niño se independiza.
A partir de este momento la visión del personaje nunca sería la misma. Con el planteamiento de Felipito comienza el esbozo de la crisis existencial del submundo del niño en el mundo de los adultos. Años mas tarde el feliz ensayo de los 60 alcanzaría rasgos de mayor desafío en Disfraces y Romance del papalote…. De ahí que haya sido tan coherente para la puesta en escena de La guitara de Felipito, en el lejano año 1966, el recurso del Op-Art con sus clásicos efectos rubin y moaré, símbolos refinados del presunto encuentro entre mundos distantes: la infancia y la adultez, cuyos contornos interactúan con respuestas psicológicas engañosas. Felipito y su guitarra son los precursores de las grandes aventuras inmediatas: El día que se robaron los colores y Gran misión científica de encontrar la redonda pelota y otras más distantes. Ya desde entonces se aprecian las primeras inquietudes conscientes del niño, como personaje dramático, en torno a los valores de la familia, la relación con los padres y el contrapunteo con el mundo exterior. La guitarra… es la génesis de la paulatina transformación del niño/héroe desde lo físico (El papalote que llegó a la luna, marzo/1970), psíquico (Tierra a la vista, junio/1995), intelectual (Los ibeyis y el Diablo, marzo/1992) y social (Disfraces, agosto/1992).
Con Romance del papalote que quería llegar a la Luna, el niño/papalote se completa un largo viaje espacial en busca de la recompensa: La luna. El héroe recibe el llamado de su conciencia y emprende la aventura cósmica. Si esta obra se hubiera escrito en el Medioevo el Papalote estaría en disposición de rescatar a una princesa cautiva en lo alto de una torre porque los ideales del héroe de Fernández no dejan de ser altamente románticos, aunque se presentan gratinados de modernidad, la Edad Lunar. En Disfraces el niño salta a la calle en franco desafío al agresivo mundo adulto y a favor de una precipitada maduración. Todavía en este momento entendemos el viaje como catalizador del crecimiento espiritual del individuo. Por lo menos durante varios siglos nos hicieron creer que esta era la única manera de conseguirlo.
El niño que escapa de casa es una herencia adquirida de rituales primitivos en el que la masculinidad y la maduración sexual se alcanzan en el exterior. Precisamente por ello el tema del niño, dentro de la dramaturgia cubana e hispanoamericana, a menudo se ha tratado y maltratado bajo los mismos arquetipos. No por gusto literatura y drama se han apropiado, una y otra vez, del mismo modelo para triunfar.
Y tendríamos razón puesto que la mayoría de los personajes de cabecera de los cuentos clásicos y obras teatrales para niños obtienen la recompensa al final de un viaje largo y azaroso. El objeto mágico, intangible y necesario, ayuda a demostrar la veracidad del recorrido a través del bosque, la mar, los abismos o simplemente a lo largo de caminos desconocidos llenos de peripecias peligrosas. Es la prueba del crecimiento interior. A esta tradición milenaria no escapa ni el mismo Fernández quien muchas veces pondera en sus obras el trígono casa – escape – victoria, por ejemplo recordemos una vez más que los jimaguas negros (Los ibeyis y el Diablo), devoran al ángel rebelde cuando este se ha convertido en una “deliciosa guayaba”.
Pero Fernández, ya cansado de la misma fórmula, modifica este concepto luego de haber experimentado una y otra vez sobre él. En la trilogía que contiene este volumen la transformación se genera y cristaliza en el propio hogar: no hay escape, se renuncia a la aventura exterior y el crecimiento se consolida en el seno filial. El héroe familiar deviene héroe social e inaugura una tendencia: el héroe hogareño. Con ello Fernández supera la estructura clásica, cuando rompe el mito de la aventura que culmina con el retorno al hogar.
De ahí que uno de los principales aportes de la obra de Fernández a la dramaturgia para niños sea la introducción de un modelo más oxigenado de estructura dramática y la presentación de un héroe de nuevo tipo, que como todo sabemos supera la visión heroica continental, tan venida a menor tras un largo deterioro a lo largo de las últimas décadas del Siglo XX.

EL HÉROE QUE NO SALE DE CASA


Las tres obras que presentamos hoy se diferencian de sus antecesoras, precisamente por introducirnos en la comprensión del héroe hogareño y urbano. René ha trabajado la figura del héroe en un gran número de obras, bajo diferentes enfoques y concepciones pero nunca antes con este matiz. Tal vez con absoluto conocimiento de causa, o aun sin proponérselo, el autor se ha sintonizado con el perfil que reclama la conciencia colectiva de la Hispanoamérica contemporánea en el que la violencia y la inseguridad se apoderan dia a dia de nuestras ciudades.

En las obras que presenta este volumen: Ángel o cualquier día de la semana, La Comadrita y Los mangos compartidos las pruebas difíciles, los obstáculos y el riesgo no se localizan en el mundo de lo desconocido más allá de casa, sino deliberadamente en el universo intrafamiliar, interior, en el que otra serie de peligros amenaza la integridad física y espiritual del niño y la comunidad.
Cansado de enviar al niño a reorganizar el espacio exterior Fernández propone un proceso de reconciliación, reconocimiento y transformación que parte de lo interior. El caos familiar merece revisión, cambio y reordenamiento. Y así lo manifiestan los niños de La Comadrita, que cartesianamente se deshacen de la pelea de sus padres mediante un mandato filosóficamente pueril:
NIÑO: No hay nada mejor que no oírlos a ellos.
NIÑA: (MUY REAL) Siempre están discutiendo.
NIÑO: ¡Abuela decía que eso tenía remedio!
NIÑA: Hablar, conversar y no gritar, decía con una sonrisa.
(VAN A APARECER MAMÁ Y PAPÁ)
NIÑO: ¡Rápido, tápate las orejas y patalea para no oír nada!
El bosque, el océano y los parajes ultra filiales se han sustituido por las relaciones morbosas de los padres, el desorden de la familia nuclear y la irresponsabilidad ambiental. No existen mundos paralelos como el submundo de Alicia, ni espacio para armarios mágicos ni cerraduras maravillosas. El simbolismo metafórico de la escritura tradicional se concentra en la magia de los objetos cotidianos, lugares comunes y personajes con los pies sobre la tierra capaces de convertir el hecho ordinario en un suceso trascendente mediante la revelación de la verdad. Mérito fundamental de este nuevo tipo de héroe urbano.
La acotación inicial de la obra Ángel o cualquier día de la semana es elocuente por sí sola. La acción se desencadena dentro de la propia casa. El niño no va en busca de la aventura, es la aventura quien cataliza el encuentro con nuestro protagonista. Y de ese modo fractura la estructura tradicional de los cuentos y obras tradicionales: partida – prohibición – mediación – recepción del objeto mágico – tarea difícil – combate – socorro. Fernández inicia su obra indicando lo siguiente: (LA ACCIÓN ES EN UNA CASA QUE DICEN NO EXISTEN, PERO EN REALIDAD EXISTEN. NO ES UNA CASA DE PESADILLAS NI SUEÑOS. ES UNA CASA. NO EXISTE BARCO SIN MAR. NO EXISTE CASA SIN PUERTA. EN EL SOLITARIO ESCENARIO UN NIÑO DE APROXIMADAMENTE 10 U 11 AÑOS, TAMBIEN SOLO. GOLPEA UNA PELOTA DE FÚTBOL CONTRA EL TABLADO)
En La Comadrita, por su parte, la acotación inicial define con precisa claridad el espacio en el que se desarrolla la acción. La habitación de una casa de familia es el escenario para el encuentro con nuevas adversidades éticas: (SE ABRE UNA PUERTA Y APARECEN DOS NIÑOS, CORREN Y SE ESCONDEN DEBAJO DE UNA CAMA)
Mientras que el mundo de los cuatro amigos R ( Ramonín, Raulín, Rubén y Rolando) de la obra Los mangos de la discordia se concentra alrededor de una mata de mangos y el contexto familiar de dos casas vecinas: (DOS CASA, DOS VENTANAS, DOS PORTALES, DOS PATIOS, DOS FAMILIAS, UNA JUNTO A LA OTRA…). El antiguo episodio de la guerra de Troya y Grecia adquiere aquí un carácter vecinal.
La figura del héroe ha perdido las dotes sobrenaturales que en la antigüedad lo asociaban con semidioses o personajes divinos. El héroe latinoamericano actual es una persona común y Fernández presenta una persona común que asume la responsabilidad de “jefe de la tribu” al protagonizar hechos extraordinarios y denunciar problemáticas que deben ser transformadas.
Mircea Eliade habla del mito del eterno retorno, sin embargo nuestros pequeños héroes no viajan luego, no tienen a donde retornar. El bien y el conocimiento lo adquieren en el hogar y lo ponen a disposición de sus padres y semejantes. El tesoro está en casa, no hay que salir a buscarlo y la madurez tampoco se experimenta fuera del hogar, parece decirnos Fernandez, quien además de dramaturgo es padre. Al final del viaje, el héroe, no solo se hace más adulto, sino también es portador de un bien y un conocimiento que deberá compartir con sus semejantes. La nueva generación se enfrenta a la anterior cuando cuestiona de los mitos históricos.
Los mangos de la discordia, presenta una sencilla pero ocurrente parodia a favor de la lucha ambientalista y contra los depredadores de la naturaleza. Raulín se enfrenta abiertamente a su padre pues cada uno defiende puntos divergentes en torno a una controversial mata de mangos. Para vencerlo recurre a un recurso muy en boga hoy en día: la exposición pública y el escándalo mediático. El héroe no tiene que abandonar su casa para encontrarse con el “villano”, la serpiente esta dentro del arcón y el amuleto, en lugar de llevarlo en el bolsillo después de la batalla, permanece en su mismo sitio. En un mundo donde el internet, el teléfono celular y los medios de comunicación construyen una vida “más hermosa” la sabiduría no hay que salir a buscarla. La astucia se conecta con la tecnología.
La Comadrita nos regala una pieza de profunda cubanía. El dramaturgo organiza un conflicto que gira en torno a la defensa de los principios tradicionales de la familia cubana. Un mueble antiguo se convierte en el epicentro de la discordia que transcurre entre pinceladas costumbristas y registros del absurdo cotidiano. Las criaturas que cobran vida en el drama de Fernández heredan de Piñera el sostenido intento de integrar lo moderno, lo universal y lo cubano, como diría Raquel Carrió. Los niños catalizan la visitación de la abuela, desde el más allá, en un contacto visceral entre la vida y la muerte que desencadena la aparición del deux ex machina y el amuleto mágico resulta ser un delicioso platillo de arroz con leche, que tiene la virtud de ahuyentar el mal. Alimentarse de tradiciones éticas favorece la conservación de la familia y la sociedad.
PAPÁ: ¡Por algo se empieza! ¡Hoy voy a cocinar! ¡Muchachos avísenle a los vecinos! ¡Todos están invitados!
(LOS NIÑOS DESAPARECEN MUY ALEGRES)
NIÑOS: (GRITOS) ¡A comer arroz con leche! ¡Arroz con leche!
MAMÁ: ¡Tal parece que el efecto del choque con la comadrita te ha venido bien!
En Ángel o cualquier día de la semana el protagonista se convierte en el salvador de la madre cuando “asesina” a tres de sus amigas mediante soluciones infantiles que carecen de toda lógica para los adultos. Socorrito, la coprotagonista expresa a propósito: ¡Sólo nosotros creemos en este milagro! tal cual creyeron los personajes de Triana en el juego metateatral de Las noche de los asesinos (1965). Las mujeres regresan a la vida en medio de una trama que por momentos parece ser demasiado onírica y que nos devuelve al conflicto entre generaciones. Nuevamente el autor pondera un recurso de amparo a favor de lo absurdo cotidiano, la rutina, la monotonía familiar y la frivolidad. Las incoherencias pueriles, lo ilógico y los disparates se convierten en el antídoto eficaz para reordenar el caos reinante. Y al final, los niños triunfan por medio de la metáfora poética.
Fernández propone una nueva visión del niño héroe/urbano que escapa de lo cotidiano y se entiende con lo absurdo, existencial, onírico y metafórico del universo infantil. Espacio al que poco acceso tenemos una vez que sobrepasamos la infancia. El niño de estas tres piezas demuestra ser un genuino exponente de la herencia cultural cubana pero además un verdadero producto de la modernidad en el que los conflictos existenciales y la problemática emocional obviamente tienen repercusiones.
Con estos niños conectados con Piñera, Ionesco y Sartre, René Fernández se desdobla hacia una estructura diferente, adecuada a un Siglo XXI demandante de modernización, alimentada por la tradición pero con la visión refurbished de ese personaje que ya no necesita salir de casa para madurar, iniciarse, ni propiciar cambios esenciales en sí, para sí y alrededor del caótico universo intrafamiliar.René Fernández, ese atrevido dramaturgo que desafía el estanco del drama para niños, marca pautas de modernidad con modelos autóctonos influenciados por las mejores tendencias continentales: pocos personajes para focalizar mejor la acción, nombres sin apellidos para universalizar el conflicto y el juego permanente, para conseguir el verdadero sentido teatral. Sin embargo, sus personajes evolucionan en deuda eterna con Tinta y Carnicero (La amistad es la paz, 1964) que parece gravitar por encima de todos ellos. Aquel que lo dude que le pregunte a NIÑA en La Comadrita cuando de manera ingenua califica la aparición de un personaje que llega para resolver lo que aparenta no tener solución a menos que sea a través del juego ritual entre la vida y la muerte, el pasado, el presente y la eternidad. NIÑA: ¡Mágica! (MUY BAJITO A LA ABUELA) ¡Llegaste como llovida del cielo!

FIN

Víctor Reyna

NO PUEDO COGER MANGOS BAJITOS

Diseño: Johann Trujillo

Pienso que mi dedicación y esfuerzo a estos textos del volumen Niños Escondidos, ¿serán reveladores de mi profundo sentimiento hacia esos pequeños seres que habitan el mundo agobiante y agresivo de los monstruosos adultos? ¿Llegarán las señales a las miradas sorprendidas de los dragones y los ángeles del expresionismo y el impresionismo, en los comportamientos humanos que trato de mostrarles?
¡Le tengo tanta fe a esta etapa de mi trabajo creador! Es algo que conjuga mi diverso y ecléctico pasado literario con los valores que nos faltan en el presente. El alimento espiritual que hoy es una sombra y los peligros de nuevas enfermedades y su presencia en la vida de la sociedad. El amor y consideración al pasado, a la memoria, a lo más viejo que proporciona la sabiduría y la felicidad del alma. El extrañamiento de las voces contemporáneas de los más pequeños. La comprensión, autoestima, tolerancia y lo contrario, la guerra de las personas. La diversidad en la dramaturgia y exageración y a la vez simpleza de los lugares comunes del desarrollo de la acción, la trasparencia de los personajes y su esperpenticidad, su claridad del pensamiento (equivocado o no) y el revés de las ideas.
El minimalismo en la narración de los sucesos y el hiperrealismo hacen guiños y se asoman por momentos en explosivo y relajado lenguaje de los personajes. El realismo mágico, para quien lo quiera mirar, aparece como contexto social, y por momento como ideología de la metáfora escénica. Nuestra realidad social es clásica y conservadora de un brillante pasado, y se mueve en los limitados espacios de vida empujando a centellazos para la luz de un presente.
¿Cómo percibe todo esto el pensamiento de un niño? No se le pueden dar las espaldas a los adelantos científicos y técnicos que mueven el mundo y la razón. La niñez lo necesita para ampliar la autoestima al asombro de lo que no sabe y puede saber, y que es creíble y apropiarse y luchar en su ascensión.
La poesía está escondida en las paredes, detrás de las puertas, mira desde las ventanas, en los edificios y sus escaleras, debajo de la cama, detrás de la mata de mangos, enredada en los balances de la comadrita, en las erguidas espaldas de los más adultos, en los ojos descubridores de los más pequeños.
Es algo de la historia de los gigantes y los enanos, de los elefantes y las hormigas, de los fuertes y los débiles, de los de un lado y los del otro. El cacareado y cotilleado sí o no, lo que nos domina en el momento de seccionar o elegir: el amor, el placer, la amistad o un simple dulce.

René Fernández Santana

 

ANDARIEGOS: HOMENAJE A VILLAFAÑE

Foto: Ramsés RuizSin guantes ni cachiporras, pero con un absoluto respeto a su arte mayor de titiritero, el cubano René Fernández retoma la obra del argentino Javier Villafañe y estrenó el 15 de diciembre de 2009 Andariegos, un homenaje al maestro en el centenario de su nacimiento. A partir de la figura de un titiritero acompañado por sus alumnos, la nueva puesta repasa cuatro de las piezas de Villafañe para adultos: El fantasma, Una pieza con moraleja, Fausto y La guardia del general. En su “aprendizaje-representación”, los integrantes del Estudio Taller Joven del Teatro Papalote se apropian de objetos que animan en escena: pañuelos, puñales, velas, pan y vino, un bastón, libros y abanicos.
“No es una negación del muñeco de guante que él siempre utilizó: es ahondar en los incalculables valores titiriteros que encierra su obra, y que son susceptibles de desbordarse y abarcar cualquier medio de expresión” –afirma René, quien conoció a Villafañe en una de sus visitas a España, en casa de Iñaqui Juárez.
De hecho, el “andariego” argentino era una presencia viva en la historia del grupo teatral que René dirige: El caballero de la mano de fuego, estrenada por el uruguayo Nicolás Loureiro en noviembre de 1963, y La Calle de los Fantasmas, en julio del 65, ya a manos del joven René. Desde entonces, este se ha sentido fascinado por la poética que encierran esos textos, con su voz lírica que bebe tan profundamente en lo popular, como el auténtico trujamán que fue, llevado por su arte y su vocación de maestro de escuela en calle, de feria en pueblo, de la taberna a la plaza a los amigos al aeropuerto, llevando sus historias por el mundo hispano. En Cuba también estuvo una vez, en la década de los 70.
Fue también ese nivel de sugerencia, de improvisación, deFoto: Ramsés Ruiz versión que debe tener el titiritero de caminos, lo que estimuló a René a emprender una de Villafañe sin guantes, porque, según él, un objeto bien animado puede adquirir todos los significados del mundo. “Espero que sesienta su presencia viva, porque él está en mi asiento, mi equilibrio, mi estética, mi forma de pensar el teatro”, explica el director.
Al conjuro de la frase “Hay que creer” se despertó el pasado diciembre esta Loa a Javier Villafañe, donde su carreta La Andariega es una simple mesa que hace las veces de casa, retablo, cobija; con una banda sonora que incluye temas de Raúl Valdés, José Luis Romeo, Gregorio Maestro, y música en vivo interpretada por la comparsería de titiriteros con voces y flautas, mientras descubren, con René y Villafañe, el mito del teatro.

NUBES AZULES AL ESPACIO

De la fantasía que subyace y alimenta toda buena ciencia –como reconocía el físico Albert Einstein– el drama del agujero de la capa de ozono ha saltado a la fantasía del teatro como parte de la llamada universal de alarma que envuelve –ella también– al planeta.
Este tema conmueve y convoca el arte del titiritero René Fernández Santana, alerta desde siempre a las problemáticas de los hombres… y de los niños que un día serán hombres, conocedor, como el escritor Alejo Carpentier, de que “el teatro suele tratar problemas de más inmediata actualidad que la novela”.
En su carrera artística de medio siglo, René ya había abordado temas afines en piezas como Historia de la alta montaña con su cima llena de nieve o Todo comenzó el día que la isla dejó de ser ordenada y limpia, El desatino de las aguas o ese cuento de hadas a lo afrocubano que es Yemayá y la maravillosa flauta. De hecho, la naturaleza ha sido una de las constantes en la obra de este dramaturgo matancero, quien ambienta sus historias en un entorno ricamente descrito –porque René es poeta y palabrero, como diría uno de sus personajes– convirtiéndose en importante teatralizador del paisaje nacional, que asume roles casi protagónicos en Okin eiye ayé, Tierra a la vista y otras.
Somos por la capa de ozono se inserta así orgánicamente en la filosofía creativa de este Maestro de Juventudes, quien con ellas se adentra en el Teatro Escolar, una especialidad harto aprovechada décadas atrás en las aulas cubanas, pero a la que hoy apenas se recurre.
A caballo entre el gran arte y la docencia, las obras para escolares exigen limpieza y simplicidad en los argumentos, y contenidos claros en función de la enseñanza que se espera transmitir, sin abandonar la imaginación y libertad expresiva propias del lenguaje teatral. Cuando nacen de un creador experimentado como René Fernández, ganan también en recursos expresivos, virtudes técnicas, y el empleo de tradiciones artísticas milenarias en función de acciones didácticas en las cuales el títere y el niño-actor o el maestro-actor constituyen una herramienta divertida y eficaz de comunicación.
Las obras que conforman esta trilogía son una muestra notable de esta modalidad: enemigas del panfleto, ricas en juegos titiriteros y simpáticos conflictos, enuncian con sencillez los fenómenos desencadenantes del calentamiento global y la ruptura de la capa de ozono, estilizan a sus principales implicados, y lo resuelven con la principal herramienta que los titiriteros tienen a mano: la fantasía más pura, para –como pedía el novelista Víctor Hugo– “dejar que la infancia madure en los niños”.
Estos textos, concebidos para escuelas primarias, contemplan también una interesante fusión de teatro para niños y el teatro con niños, tan difíciles de concretar en otros espacios.
Con Somos por la capa de ozono, el principal dramaturgo titiritero cubano traspasa una vez más los límites físicos de su grupo y su sala para lanzarse a enseñar, con esa vocación secreta suya por el magisterio. Su esperanza sigue siendo aquella que proclamaba el francés Montaigne: “Educar a un niño no es llenar un vacío, sino encender un fuego”.

Amarilys Ribot

 

TODO ES MEMORIA

JOSÉ RAMÓN BRENE, me atrevo a escribir estas cortas palabras con la rapidez de tu escritura, factura nerviosa, apresurada, que dicen algunos caracteriza tu dramaturgia,- casi todos los cubanos adolecemos de ese bien-.
Con la fuga inmediata de tu peculiar lenguaje has dejado historia y personajes donde lo burlesco y lo trágico se mezclan en nuestro encrespado paisaje humano, en el reflejo de lo mágico religioso de nuestra identidad ancestral, lo sorprendente de la realidad y la irrealidad cotidiana de la vida, con el extrañamiento de lo absurdo y su aproximación a la popular critica estilizada de nuestra sociedad.
(Estamos todos reunidos en el aula de Carlos Tercero encerrados en la penumbra de sus maderas preciosas y sus cristales ámbar, en el histórico Seminario de Dramaturgia. OSVALDO DRAGUN nos mira con su religión evocadora de lo invisible, nos sorprende y convoca a la confianza, complicidad, ganas de trabajar y su apoyo es constante. Todo se ha conseguido, porque nos conocimos y nos dejamos conocer. El Seminario nos hizo crecer a todos, nos hizo reconocer y descubrir ese espacio y el grupo. Nos enseño, le enseñamos, nos presento, lo presentamos. Allí, donde el teatro y la vida se confundieron. Allí, donde no se guardaron las voces.
Escribimos para entendernos, para que se representara en escena lo que somos o incluso lo que queríamos ser. Escribimos mucho y le ganamos terreno al corazón. El Seminario ya es historia, parte del Teatro Cubano. El ideal o el sueño de la continuidad y restauración de un Teatro Nacional.
Eterno silencio en la siesta del mediodía, después del ritual de una clase con ROLANDO FERRER. Y se me antoja que BRENE se asoma y luego estas presente con tu delgadez de flaco, re flaco, requeteflaco, con tu pelo y bigote descuidado, pero iluminado por canas con el aun olor a sal de los mares, como siempre sentado y regado, regado y sentado con tus estiradas piernas largas que molestan para el paso y que respondes con una broma de autentico cubano.
Nunca uso espejuelos oscuros. Los de mirar, eran trasparentes como su sentido del deber y la amistad de amigo. Parece curioso, siempre se sentó en el mismo lugar y la misma silla del aula, junto a ella, arrimado y acompañado por ella que aliviaba su espíritu trasnochado de licores de amaneceres. Las anchas y elevadas venas de tus manos eran velas de veleros en aguas del Caribe.
Tus manos se sujetan con constancia a una pluma que dibujan los caracteres de un Fray Sabino, El Camarada Don Quijote, La Abadesa y el Pirata, El Jorobado de la cañona, La viuda triste, El ingenioso criollo Don Natías Pérez, La fiebre negra, El gallo de San Isidro, Escándalo en la trapa, Pasado a la criolla, Santa Camila de la Habana Vieja.)
Tu obra no ha sido bien estudiada, tus textos se merecen ser más considerado en la literatura dramática de nuestro tiempo, momento, y ser mostradas en nuestros escenarios las luchas y denuncias de las lenguas de tus personajes. He disfrutado como nos comentaba DRAGUN, que Aristofánica se pasea con su jocosidad entre línea y línea de tus diálogos, como aparece Valla Inclán con su grotesco carnaval de esperpentos que articulan la vida.
Releyéndote, desde el Universal RETABLO, revelas que eres el portador del GRAN GUIÑOL, eres hacedor de todos los lenguajes y leyes del teatro de títeres. Tu obra Fray Sabino es un ejemplo.
Tienes en el equilibrio dramático de tu cabeza el poder del género de la Farsa, el de nuestros bufos, el melodrama de las esquinas y los traspatios, la tragicomedia y sus papeletas para entrar y salir de la risa al llanto y el trágico rugir de los animales de los circos. El costumbrismo no te pone vendas en los ojos, re juegas con los dicharachos de las bembas, la sandunga de las palabras, el pícaro y desvergonzado lenguaje que se desnuda sin ningún pudor ante las palmadas y los tambores de la fiesta de cualquier Orisha.
En tu escena surge el autentico ambiente de la vida callejera, la de los solares, la de los puertos, los conventos, las iglesias, los burdeles, las grandes casonas de la gente pudiente, la de los cabaret, la del ron y la cerveza, ¡cómo has habitado espacios! .
Como has remado en tu barco de marino mercante, como has andado puertos, amores y desandado virtudes y defectos. Como has navegado acompañado de recuerdos que han llenado los escenarios. Como has enterrado el bastón, ¡Coño!. No renunciaste a tu cultura propia de Océanos y mares que se transformaron en las transgresoras fiestas de la escena Cubana.
Yo fui tan joven, y admire con mi llegada a esa escuela tu “SANTA CAMILA DE LA HABANA VIEJA”. Que emoción en el TEATRO MELLA, un público como no he visto repetirse, se mostraba, se exhibía, se ensalzaba en la transición de los años 1960. Tú les narrabas su leyenda de antes y después. Una Camila crucificada en la esperanza de una Ochun, con el eterno llanto de la mujer, hembra, un Ñico proxeneta, recogido, protegido, adoctrinado, pero aun hombre, macho, pero domado por los cambios sociales. Nuestra Arca de Noé con tantas especies y condimentos. Que festín de Cubania, de dolores y esperanzas. Qué credibilidad de espectadores, que risa tan vernácula se paseaba en nuestra fiesta dionisiaca.
Te veo BRENE, te corporizo aquella noche, con un traje prestado, por donde se asoma por su solapa un cuello desmelenado de camisa desordenada, a tu lado MAITE te mira con sus ojos de criatura lunar. TOMAS con su premio de color soñado, hace cuento de su Santa Clara amada y se respira un bolero. DRAGUN nuestro babalao mayor esta tan sorprendido que no descubre la noche y la mulata que lo acompaña. A NICOLÁS lo protege su amigo Peter Pan, y los comentarios de “Las Pericas”, ANAYA Y MARÍN como siempre cantan tradiciones y leyes clásicas, LUISA JOSEFINA, la admirable e inolvidable maestra sufre la ausencia de un cigarro en sus labios. MILIAN Y YO (RENÉ) nos sentimos solitarios en el mundo del espectáculo, somos dos adolescentes que suspiran al teatro. Milián escalonando su “Reina de Bachiche” y René sacudiendo mi “Choquezuela para botones”, no nos conocen, muchos extraños nos miran, se extrañan, somos muy nuevos en el ambiente de la época, hemos llegado a la Habana. GERARDO, se comporta como Rwandi, liberado, vigilante, atento, y avisado a una oportuna promesa de la palabra, BALMASEDA, siempre empinado actor, siempre erguido y perdido enamorado de unas caderas. EUGENIO, solemne, silencioso, sobre su cabeza se asoma María Antonia besada por tambores y escondiendo en las raíz de su pelo sinsontes y tomeguines.
Todos los del seminario, o casi todos y algunos otros estamos presente aquella noche.
El aplauso de hoy (miércoles 16 de diciembre de 2009) y este premio, después de tanto tiempo, es para ti, JOSÉ RAMÓN BRENE.

René Fernández Santana

 

RECUERDOS AL CENTENARIO DEL NATALICIO DE JAVIER VILLAFAÑE

En noviembre del año 1963 se estrenó en la provincia de Matanzas por el GRUPO DE TEATRO GUIÑOL la obra de JAVIER VILLAFAÑE “EL CABALLERO DE LAS MANOS DE FUEGO”, dirigida por Nicolás Loureiro, uruguayo, (ex-integrante del grupo “El Galpón”), y en Julio de 1965 se estrena por el GRUPO TEATRO DE TITERES PARA NIÑOS la obra de JAVIER VILLAFAÑE “LA CALLE DE LOS FANTASMAS” dirigida por RENE FERNANDEZ SANTANA. Las dos puestas se realizaron en el CASTILLITO DE LOS NIÑOS, actual TEATRO PAPALOTE.

Anuncio de Prensa , 1965

Crónica de una actividad en la Ciénaga de Zapata

Por RENE FERNADEZ SANTANA


HORA 1:00 P.M.
(CIDRA, SABANILLA, BOLONDRON, PEDRO BETANCOURT, TORRIENTE, JAGUEY GRANDE)
Montamos en el transporte cuando un rayo de sol nos alumbro en la carretera, pasamos por lugares verdes donde existen los campesinos con sonrisas.
(EL RIFLE DE PEDRO SIEMPRE PREPARADO COMO UN GIRASOL AL SOL)
Saludamos todas las caras que nos miraban.
Nos brindaron agua. (EL CHOFER TOMO MUCHA)
Nos entretuvimos mirando el mar y tirando fotos junto a un árbol que tenia la forma de una mano. (ME RECORDO LA MANO DE UN TITIRITERO CHINO)
HORA 3:00 P.M.
(PLAYA LARGA CON SUS HORNOS MUY JUNTOS)
(UNA COSQUILLA EN EL CORAZON)
Un carbonero nos enseñó la costa y nos contó de la victoria. Vimos lo que quedó de la guerra. Entramos en lo que ha hecho la paz.
…y nos llevó a ver un horno gigante como un faro junto a una montaña pequeña.
Vimos un para de zapatos rotos (JUNTO A LA COSTA)
Vimos un tractor (JUNTO AL SEMBRADO)
Vimos una escuela llena de niños sin sombreros (INTERNADO “CAYO RAMONA”)
Vimos una campesina con seis hijos (BRILLO UNA NUBE)
Nos dieron boniatillo.
HORA 5:05 P.M.
(“GUAZAZA” UN BATEY DE CARBONEROS JUNTO A LA COSTA)
Llegamos al lugar de la actividad.
Un pequeño bohío adornado con banderas y a su entrada una paloma blanca pintada por un niño (CON SOLO DIEZ AÑOS PINTA LA PAZ)
Los niños nos miran como si fuéramos sus libretas, los mayores abrieron los ojos.
(SENTADA EN UNA SILLA JUNTO A UNA VENTANA QUE REIA EL RUIDO DE UN GALLINERO NOS MIRABA UNA CAMPESINA, DELGADA COMO UNA ESPADA Y CON MAS ARRUGAS QUE UN ROMPECABEZAS. JUNTO A ELLA DOS NIÑOS CON OJOS AZULES)
Dos gotas de agua.
Armamos el retablo frente a ellos con la alegría de siete soles pequeños.
HORA 5:30 P.M.
(SILENCIO PARA MIRAR LOS TITERES)
Música alegre como para que se rían los melones.
(UN SILENCIO DONDE SOLO SE OYO EL MASTICAR DE UN CARAMELO)
Se asomó en el retablo algo que se movía, se podía confundir con un grano de arena o la luna.
(RISAS)
Una pelota de goma, una muñeca de trapo, un soldadito de plomo, un barquito de papel, un caballito de palo.
(RISAS COMO CAMPANAS)
Salieron las manos y regalaron palabras y movimientos.
(MUCHAS RISAS)
Bocetos  realizados por René Fernández en ensayos de LA CALLE DE LOS FANTASMAS , 1965

Aparecen los fantasmas con una música burlona.
María se desmaya y Juancito se va huyendo.
Hacen los fantasmas
Jo, jo, jo
Y los fantasmitas
Ji, ji, ji
Por que se acerca la luna.
(SALE UNA LUNA REDONDA COMO UN SARTEN)
Ya cae la noche sobre la ciudad
Noche, noche, noche
¡Qué felicidad!
Los fantasmas se alejan riendo.
María se esconde (MERCEDES MANEJA EL TITERE COMO SU ALMA)
(LOS NIÑOS GRITAN)
Juancito se asoma y aparece tímido.
(LOS NIÑOS CALLAN)
Aparecen los fantasmas por un lado.
Hacen los fantasmas
Jo, jo, jo
Juancito empieza a darles golpes.
(MUCHAS RISAS)
-¡Ahora verán quién es el vigilante Juancito!...-
¡Toma! ¡Toma! ¡Toma! ¡No le tengo miedo a nada!
Se van los fantasmas y Juancito detrás.
(SILENCIO EN EL QUE UN TITIRIERO REGALA UN BESO DE TUERCA Y UN NIÑO UNO DE AZUCAR)
(JAVIER VILLAFAÑE CONOCIA COMO HACER REIR A LAS TORTUGAS)
Las manos estaban cansadas pero manejaban los ojos.
Un títere verde se recostó adormir casi pegado al cachete de uno de los niños.
(APLAUSOS)
HORA 6:50 P.M.
(CASI DE NOCHE EN LA CIENAGA)
Casi no llegaba la luz al retablo. Nos miramos al recoger los muñecos como si fuéramos muñecos también.
Montamos en el transporte y nos saludaron con deseos de volver a vernos.
Pasamos por la noche.
HORA 11:30 P.M.
(PASAMOS POR LOS RIOS)
Llegamos a Matanzas.
(TODOS MIS COMPAÑEROS DORMIAN)
Primero las luces, la playa, Pueblo Nuevo, Versalles.
Antes de dormir pensé. (MAÑANA TENEMOS TALLER, HAY QUE REPARAR VARIOS MUÑECOS Y CONSTRUIR UN SOL MAS AMARILLO)
HORA 12:00
(SUEÑO)
Un retablo todo azul con títeres manejados por muchas manos como las nuestras.


R.F. (Matanzas-1965)

 

nuestra programación para octubre y noviembre de 2011:
»sábados y domingos
Puesta en escena de Nubes Azules / Teatro Papalote
Sala Papalote, 10:00 a.m.
 
vuele a:
Teatro Mirón Cubano
Cubaescena
Taller Internacional de Teatro de Títeres
Teatro Las Estaciones
Teatro Arbolé
diseño gráfico e implementación: Karel Bofill Bahamonde
Teatro Papalote, 2009
Matanzas